Con Gaza en el corazón

Una forma sencilla de definir un trastorno mental es la incapacidad para tomar decisiones, y esto lo condiciona todo. Es un reflejo de lo que no puede realizar de forma autónoma. Su pensamiento, su juicio, su conducta, sus acciones, sus afectos, su voluntad están enfermas y el reflejo más entendible es que no puede decidir; es incapaz, así de simple, así de triste, un drama invisible que no queremos ver ni tener cerca.

Es una explicación muy reduccionista de la catarata de síntomas y afectaciones del juicio que produce una enfermedad mental, muchas veces ridiculizada y trivializada; en la mayoría de los casos, dibujada de forma muy negativa.

Es el sufrimiento humano más profundo y dramático: es perderse a sí mismo; a su vez, es la pérdida de la dignidad individual. Esto no es un juego, es un drama humano.

La no conciencia de la enfermedad es la característica más particular, dado que con esta condición es incapaz de pedir ayuda. La intervención farmacológica es la única solución. El primer paso y el paso indispensable para modular los síntomas y disfunciones que hacen sufrir, que aíslan, que denigran.

Muchas veces la desesperación llega a límites muy dramáticos, como finalizar con su propio sufrimiento, que son los casos de suicidio.

El uso de tóxicos, como las drogas, empeora el cuadro, genera dependencia, los convierte en adictos y produce una enfermedad dentro de otra, que son las patologías duales.

Es terrible para todos; es un gran fracaso colectivo, es un fracaso como sociedad. Es un trabajo de décadas sensibilizar para la comprensión y la compasión con los enfermos mentales.

Las particularidades de este perfil patológico, como son los enfermos mentales, hacen que las estrategias de abordaje y de prevención sean también especiales, dado que en la mayoría de los casos no son capaces de solicitar de forma voluntaria la ayuda.

Lo más difícil para un profesional de la salud mental es crear la conciencia de enfermedad en los pacientes; es un trabajo multidisciplinar y es la particularidad de estos enfermos.

Es posible empezar a desarmar las resistencias del paciente y analizar su contexto: ¿En qué momento vital se encuentra? ¿Cuáles son sus intereses y propósitos? Muchas veces, tras un largo periodo de sufrimiento, el propio paciente ha perdido el rumbo, atrapado en una cárcel mental que le impide avanzar.

En el año 2026, en España se lanzó un Plan de Acción para la Prevención del Aislamiento Social en Pacientes con Patología Mental Crónica, en colaboración con los colegios profesionales. Este plan incorpora estrategias de afrontamiento y plantea cambios en el manejo de la polifarmacia, un aspecto clave en el tratamiento de estos trastornos.

Es crucial entender que la asistencia sanitaria es un derecho constitucional y que estas enfermedades afectan la socialización, y que muchas veces los grupos vulnerables son personas en los dos extremos de la vida: o muy jóvenes o ancianos frágiles.

Las señales de sufrimiento psíquico son muchas y se manifiestan siempre. Para poder identificarlas se necesita pedagogía para la salud; es un instrumento tan válido y que ayuda principalmente en los núcleos marginales y rurales, donde el acceso a la información es tan precario o muchas veces erróneo, distorsionado, siempre percibido de forma negativa sobre el enfermo mental, donde la mayoría terminan, como vemos en las calles de Santo Domingo, vagando sin rumbo… Excluidos de su entorno, demonizados, apartados, marginados; es un drama vital y social.

Una sociedad se mide por su valor cuando protege a los grupos más vulnerables, y los enfermos mentales son un grupo extremadamente vulnerable.

Desesperación en la búsqueda de una solución que no es proporcionada por nadie; están en un limbo de abandono institucional y social, esperando proyectos futuros que nunca se cumplen.

Esta desesperación, falta de formación e información de cómo proceder; son víctimas de engaños con esperanzas falsas, con procedimientos que no están autorizados y que, al contrario, empeoran la enfermedad. Aparte de todo este drama, también son criminalizados por buscar desde la desesperación un poco de esperanza; es una revictimización constante.

Contar con observatorios de prevención social es fortalecer la detección; es el mismo planteamiento que se realiza en el caso de las epidemias por infecciones: las mismas premisas, una cadena educativa continua para una higiene mental de calidad.

Apoyo a los entornos cercanos del paciente, como la familia y los centros educativos, para trabajar en favor de una salud mental óptima. Ha llegado el momento de unir salud y educación en un esfuerzo común por la prevención; es la mejor manera de curar.

Clara Melanie Zaglul Zaiter

Doctora en Psiquiatría

Resido en Madrid de forma permanente desde 1999. Actualmente trabajo como Médica en la Consejería de Asuntos Sociales y Familia (COMUNIDAD AUTONOMA DE MADRID). Formada como Médica en UNIBE promoción 1996. Doctorada en Psiquiatría por la Universidad Complutense de Madrid 2001. Alumna del Doctor Juan José López Ibor y Juan Coullaut Jáuregui. Desde la Psiquiatría paso al estudio de la Demencia y el Deterioro Cognitivo Precoz. Experiencia profesional en el área de Demencias sector asistencial en grandes dependiente para las actividades básicas de la vida diaria por más de 20 años.

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