Tercer y último escrito que dedico a mis estafadores inmobiliarios, convencida de que la definición del caso se acerca, y que, como no hay mal que dure 100 años ni tampoco cuerpo que lo soporte, yo, humanamente, hasta aquí llegué. He batallado y luchado en todos los roles a la vez: como mi propia abogada, víctima y testigo, pero ahora decido, finalmente, quitarme la toga de abogada, despojarme del papel de víctima, y sentarme en el banquillo a observar. Hasta ahora reconozco que en el rol de abogada de mi propio caso (junto a otra colega) me ha afectado fuertemente en lo emocional, lo que le añade un plus a esta agonía de 10 años y no, ya no más.
También decido ser libre del cautiverio en el cual Ramiro André Matos Matos, Ana Otimia Matos feliz y su constructora Inversiones Matos Feliz -Invermatfe-, me han tenido estos últimos años de mi vida y en el cual, también, consciente e inconscientemente, los he tenido yo a ellos y a otros.
Hace un mes justamente escribí el artículo “El preocupante auge de las estafas inmobiliarias”, haciendo ese llamado a las autoridades de revisar y mejorar los procedimientos, protocolos y leyes existentes para las “constructoras” desarrollar proyectos inmobiliarios, ya que el hecho de que ocurran estafas inmobiliarias es un indicador de la debilidad del sistema para poder cometerlo. Este artículo, en cambio, es ya mi último desahogo personal y profesional sobre este tema.
“El Perla” se llama el proyecto de condominios que desarrolló Invermatfe en el año 2012. En 2015 fue objeto de un embargo por parte de una entidad financiera del país por falta de pago. Ante esa situación, Ramiro André Matos Matos me pidió como abogada apoyarlo a hacer el régimen de condominio a fin de sacar título de propiedad de cada apartamento, mientras él resolvería la deuda bancaria; para eso me entregó el título original de la parcela madre en el mes de septiembre de 2015.
Mientras “él buscaba” la documentación faltante para completar el proceso de régimen de condominio, firmó en octubre 2015 un contrato de hipoteca convencional con una financiera, quien ahora se constituiría en el acreedor hipotecario. Para poder lograrlo, la constructora declaró el título original de la parcela madre perdido (el que ya me había entregado a mí) a fin de hacerse entregar un duplicado de título: hizo una declaración jurada de pérdida de título, lo anunció perdido en un periódico de circulación nacional (que sólo circulaba en Santiago) y así, en enero 2016 el Registrador de Títulos del Distrito Nacional le expidió un duplicado de título nuevo y anuló el que yo tenía.
Con este nuevo título, la constructora procedió a hacer la declaratoria de régimen de condominio (lo que me había pedido que yo hiciera y de la cual yo estaba a espera de la documentación faltante para hacerlo), y de esta forma el acreedor hipotecario inscribió una hipoteca en primer rango a cada apartamento. Los compradores nos enteramos de esto unos meses después, cuando el acreedor hipotecario se disponía a ejecutar los embargos; Ramiro André Matos Matos no volvió a dar la cara jamás.
En el sistema de justicia Ramiro André Matos Matos se registra como prófugo por rebeldía, y sin embargo, no ha podido ser arrestado, aún cuando el ministerio público lo requiere por la vía de su institución; no abundaré sobre esto pues todo lo expuse en mi artículo de septiembre 2024 “Ramiro André Matos Matos: militar médico con orden de arresto que nadie se atreve a apresar”.
En junio 2025 se cumplen exactamente 10 años de cuando inició todo este proceso y calvario legal en mi vida. Pienso y analizo mucho mi situación frente a este suceso y la decisión o gamas de decisiones que tengo para tomar; también reflexiono desde la posición de los demás para poder yo entender porqué este proceso tiende a afectarme tanto emocionalmente, y veo claramente lo distinto que es en cada quien: para una constructora que desarrolla un proyecto inmobiliario, su finalidad es generar cuantiosas ganancias económicas, ese es su enfoque; para el acreedor hipotecario es multiplicar su inversión, mientras que para el comprador puede significar 2 finalidades: adquirir una vivienda a modo de inversión, o adquirir una vivienda para convertirla en su morada familiar.
Justamente en este último caso, el comprador que adquiere una vivienda familiar, más que un componente económico tiene un componente emocionalmente fuerte, pues su finalidad es brindar estabilidad y seguridad a los miembros de su familia. La vivienda se constituye así, como el centro de la vida social, un pilar fundamental para la salud emocional, un santuario donde vivir en paz, un lugar para vivir en dignidad bajo la sensación de protección, refugio del mundo exterior.
Los compradores del Perla ocupamos los apartamentos “a la mala” a mediados del año 2017, terminando cada uno el suyo y algunas áreas comunes como Dios nos ayudara. Y luego de tantos años yendo a audiencias y a tribunales, finalmente la constructora dice, a mediados de 2023, que va a resolver la situación para dirimir todos los conflictos legales y entregarnos los títulos de los apartamentos libre de carga y gravamen. Desde entonces nos tienen en esa espera: palabra, palabra, palabra, y más palabra, pero nada de ejecución real.
Y es que negociar con estafadores no puede ser, definitivamente, una buena ni saludable opción; pero como el sistema de justicia no nos ha dado otra salida, y con tal de los compradores poner fin a esta agonía e incertidumbre legal, algunos hemos permitido traer esta posibilidad a la mesa. De esta forma, se ofreció a la constructora pagar más del monto que X comprador adeudaba, y otros incluso hasta pagar la hipoteca completa al acreedor hipotecario como saldo de su apartamento, lo cual debe suponer en ambos escenarios un gran alivio a la constructora ya que no tendría que buscar el monto total que le adeuda a su acreedor.
Pero como con los estafadores todo es difícil, aún trayéndoles esta facilidad de no tener que pagarle un solo centavo al acreedor hipotecario sino tan sólo proceder con la firma de la venta definitiva de inmueble, no lo hacen posible. Cualquier persona con interés real de resolver una “situación” como la narrada, hace rato ya hubiera hecho y resuelto, pero la constructora sigue presentándose a la audiencia a solicitar suspensión para llegar al acuerdo, y a este punto, ya ninguno nos oponemos a las suspensiones de audiencia para dicho fin, pues queremos concretizar este proceso, pero aquí seguimos…
Pienso, ¿será que lo harán otra vez? O sea, la constructora y sus socios, ¿nos engañarán otra vez ahora en frente de un honorable tribunal del país? Porque los impases que presentan para firmar válidamente la venta definitiva de inmueble son completamente subsanables, y fáciles de subsanar, pero aunado a que eso aún no han querido hacer, también quieren que el pago de venta del inmueble se les realice directamente a ellos en lugar del acreedor hipotecario, cuando están vendiendo un inmueble con una hipoteca. ¿Ajá? y la pregunta que no puede faltar, ¿por qué prefieren que Ramiro André Matos Matos otorgue poder para ser representado en la firma del contrato de venta y no mejor dar la cara para solucionar todo esto? Bien lo dice la palabra en una extracción de 2 Pedro 2:14, “… ¡son insaciables en el pecar!
Hoy veo cómo este proceso por muchos años, y hasta el día de hoy, me ha robado mi tranquilidad, mi paz mental y mi estabilidad emocional… mientras unos solo ven un negocio o la insaciable necesidad de seguir haciendo daño y engañando, yo tengo mi corazón puesto en esto; ha sido mi error. Por tanto, hoy, decido liberar mi corazón y te desencarcelo a ti, Ramiro André Matos Matos y a Ana Otimia Matos Feliz, y les extiendo mi perdón; nunca rindiéndome, no me cansaste Ramiro, sólo que en este momento elijo la mejor parte: la paz y libertad que trae consigo el perdón…
También extiendo mi perdón a sus abogados, al acreedor hipotecario, a los compradores (mis vecinos), y también a mi exesposo, cada quien con la participación que saben muy bien han tenido. Y me perdono también a mí, por no cortar de raíz el dedo señalador de culpa que le encanta sacar al otro, y por dar cabida a cosas que pasaron y ni entiendo porqué pasaron.
Me quedo con la entera y completa satisfacción de que humanamente como mujer, madre, abogada e hija hice todo lo que a mi alcance ha estado y he podido hacer: ejercí mi derecho por la vía civil, por la vía penal, por la vía inmobiliaria, me asesoré con abogados expertos en cada una de esas áreas, me reuní con fiscales, con policías, fui a la prensa, fui a programas de radio, fui a la televisión, escribí artículos, aún escribo artículos, accedí a soluciones alternativas de conflictos, sigo pensando y proponiendo hasta en mi propio perjuicio económico la mejor oferta para los involucrados, y aún así, sigo aquí ¡no se resuelve nada!… ¿qué más puedo hacer?
Desde el 6 de febrero de 2025 levanté mi bandera blanca e inicié mi proceso de paz; no quiero actuar como los necios que endurecen su corazón y no oyen, ni ven ni entienden; me libero, me declaro en paz y en tranquilidad, es lo justo, ya son 10 años… voy ahora a luchar por la justicia pero desde el banco de espectadores, sin todos los roles que he jugado durante este tiempo pues de mi parte, ya no queda más nada por hacer; y qué bueno, porque cuando no queda nada por hacer y las fuerzas humanas se agotan ¡llegan las del Señor!
Hoy tomo la decisión de cerrar ciclos de agonía en mi vida y liberarme del cautiverio tal como Dios me guía a hacerlo en este momento: en perdón, en paz y en libertad, disponiendo mi corazón para mirar en otra dirección y recibir las buenas nuevas que él tiene para mi vida si me despejo y cierro emocionalmente este capítulo.
Si has sido víctima de una estafa inmobiliaria, sé perfectamente lo que estás pasando y hoy te digo, lucha por tu derecho, no desistas, no desmayes, es de valiente batallar; pero también te digo cuídate, estos procesos drenan, frustran y enferman, no detengas o estanques tu vida esperando respuesta. Lamentablemente nos convertimos como la mujer de Lot que, en lugar de mirar y seguir adelante, quedó estancada convertida en un pilar de sal por estar pendiente a lo que dejaba atrás (su casa), cuando el Señor le decía que era hora de salir…
Con este ejemplo el Señor nos anima a seguir adelante, ¡la vida sigue! y hay que seguir… quien sabe todo lo bonito que nos espera al otro lado que no vemos…
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