Un derecho puede estar reconocido por la ley y una persona figurar como afiliada, denunciante o matriculada sin recibir la respuesta que necesita. Contar afiliados, denuncias y matrículas informa sobre cobertura, actividad registrada y escolarización; saber si un paciente recibió atención, una víctima obtuvo protección o un estudiante aprendió exige examinar lo que ocurre después.

En República Dominicana, la evidencia muestra brechas diferentes en salud, seguridad ciudadana y educación. No prueba una causa común ni permite afirmar que ejercer esos derechos dependa habitualmente de favores o contactos. La pregunta comparativa es concreta: qué respuesta recibe la persona y qué resultado obtiene. Cada sector exige indicadores propios.

En salud, el tablero de avances de la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales (SISALRIL) registraba, a septiembre de 2026, una cobertura del Seguro Familiar de Salud de 97.0 %, con 10,644,735 afiliados. Es un avance que debe reconocerse. Al mismo tiempo, la proporción del gasto corriente en salud financiada mediante pagos directos de los hogares descendió del 32.21 % en 2013 al 25.06 % en 2023, según la base de cuentas nacionales de salud de la Organización Mundial de la Salud, difundida por el Banco Mundial. La cifra dominicana de 2023 supera el promedio mundial de 17.33 %. El indicador mide la proporción del gasto sanitario financiada directamente por los hogares; no el porcentaje de sus ingresos destinado a salud ni, por sí solo, el gasto catastrófico.

La afiliación tampoco garantiza disponibilidad de medicamentos, autorización oportuna ni atención sin pagos adicionales. La Memoria Institucional 2025 de la Dirección General de Información y Defensa de los Afiliados a la Seguridad Social (DIDA), en su Cuadro 22, registra quejas, reclamaciones y denuncias atendidas por causas del Seguro Familiar de Salud. Entre las categorías figuran solicitudes de cartas de no cobertura, retención de pacientes por facturas pendientes, cobros por encima de lo establecido, denegaciones y tardanzas de autorización. Son registros administrativos, no una tasa nacional de desprotección ni un recuento de personas distintas; tampoco prueban que cada reclamación corresponda a una denegación ilegítima.

En seguridad ciudadana, la tasa de homicidios no describe por sí sola lo que sucede después de un robo: si la víctima denuncia, recibe protección o conoce el avance de la investigación. La Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (ENHOGAR) 2022, de la Oficina Nacional de Estadística, encontró que, entre las personas de 15 años o más que sufrieron un robo a la persona con violencia y no denunciaron el último hecho, el 28.1 % esperaba que la Policía o autoridad competente no hiciera nada. Entre las demás razones declaradas figuraron la falta de pruebas (17.2 %), considerar innecesario acudir a la autoridad (16.4 %) y el temor a represalias (7.1 %); el 0.1 % señaló la complejidad burocrática.

La encuesta corresponde a 2022: no describe por sí misma la situación actual ni demuestra que las autoridades hubieran permanecido inactivas. Registra razones declaradas por un subgrupo, no por todas las víctimas. Mejorar la denuncia exige, además de trámites accesibles, facilitar la aportación de pruebas, proteger a las víctimas y ofrecer información y seguimiento sobre la evolución de sus denuncias.

En educación, la matrícula tampoco equivale a aprendizaje. Según el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) 2025, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), apenas el 9 % de los estudiantes dominicanos de 15 años incluidos en la población representada alcanzó al menos el nivel 2 de competencia matemática. Esa población equivale aproximadamente al 68 % del total estimado de jóvenes de esa edad: PISA evalúa a estudiantes escolarizados, no a todos los adolescentes.

El resultado debe leerse junto con la evolución. Los promedios dominicanos en Matemáticas, Ciencias y Lectura fueron aproximadamente iguales a los de 2022; en Matemáticas y Ciencias se mantuvieron por encima de 2015 y 2018. Frente a 2015, la proporción por debajo del nivel 2 disminuyó 12 puntos porcentuales en Ciencias, mientras que en Matemáticas no registró un cambio estadísticamente significativo. Hay avances, pero el nivel de competencia matemática sigue siendo insuficiente.

Los tres sectores no conforman una sola crisis ni admiten una explicación uniforme. En salud, la distancia aparece entre afiliación, protección financiera y prestación; en seguridad, entre victimización, denuncia, protección e investigación; en educación, entre escolarización y aprendizaje. Examinar el recorrido de la persona ayuda a localizar dónde se interrumpe la garantía de un derecho, sin atribuir a todos los sectores una misma falla.

Los organismos responsables deben publicar indicadores de respuesta y resultado, además de cifras de actividad y cobertura. En salud: tiempos de autorización y referencia, disponibilidad de medicamentos y resolución de reclamaciones. En seguridad: victimización, denuncias, tiempos de respuesta, estado de las investigaciones e información periódica a las víctimas sobre su evolución. En educación: asistencia, tiempo efectivo de enseñanza, aprendizaje y progresión escolar.

Cada indicador debe precisar población, denominador, fecha de corte, periodicidad, metodología, desagregación territorial y organismo responsable. Cuando exista un estándar de respuesta, debe publicarse junto con el procedimiento para revisar los casos en que no se cumpla. De otro modo, las cifras de actividad difícilmente permiten saber si el derecho fue garantizado.

Las responsabilidades se distribuyen entre quienes financian, prestan, regulan, supervisan y administran los servicios. Hay que identificar quién recibe la solicitud, quién decide, quién presta el servicio y quién revisa la reclamación. La coordinación debe resolver la fragmentación, no trasladar al ciudadano la obligación de gestionar por su cuenta a quienes deben responder.

Un derecho no se hace efectivo por su proclamación ni por su presencia en un registro. Se comprueba en la respuesta y el resultado que recibe la persona, y en su posibilidad de obtener explicación, revisión y reparación cuando aquella falla. Reconocer avances no obliga a ocultar limitaciones; señalar limitaciones tampoco justifica desconocer progresos.

La República no necesita que sus ciudadanos mendiguen una respuesta que forma parte de sus derechos. Necesita demostrar, con información verificable y resultados observables, que puede garantizarla.

Víctor Garrido Peralta

Médico

El Dr. Víctor Garrido Peralta es un destacado médico dominicano con una impresionante trayectoria internacional en cirugía hepatobiliar y trasplante de órganos. Formado en prestigiosas instituciones de España, Francia, Estados Unidos, Corea y Taiwán, ha liderado divisiones de cirugía y realizado investigaciones en el ámbito de los trasplantes. Además de su labor médica, el Dr. Garrido ha sido docente en la Universidad de Pittsburgh, EE.UU., Cónsul General Honorífico de la República Dominicana en Pittsburgh, EE.UU., y es un prolífico autor de artículos sobre temas sociales y médicos en diversas revistas y periódicos nacionales e internacionales.

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