La idea de que “pasarse de lo sublime conduce a lo ridículo”, se asocia principalmente con Voltaire.
En sus escritos, Voltaire (1694- 1778) sugiere que cuando algo pretende ser excesivamente elevado, puede terminar produciendo el efecto contrario. Se vuelve ridículo.
Es una crítica al exceso y la pomposidad.
El paso de lo sublime a lo ridículo también se vincula con Immanuel Kant (1724- 1804), quien en sus análisis evalúa cómo lo sublime tiene límites. Cuando algo se lleva más allá de la medida adecuada, se convierte en algo que podría mover a la risa.
La idea de lo sublime a lo ridículo también fue planteada por Napoleón Bonaparte (1769- 1821), que luego de ser derrotado en Waterloo, dijo que " De lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso".
Voltaire analizó el fenómeno.
Kant hizo una generalización filosófica.
Napoleón lo hizo enseñanza política.
Cuando algo se exagera demasiado, pierde fuerza y se convierte en algo forzado.
Ahí aparece lo ridículo.
Lo sublime auténtico, emociona, parece natural, aunque sea grandioso.
Lo sublime exagerado suena falso, teatral y termina provocando burlas.
Traducido a la política y los políticos, áreas en que lo sublime planteado en discursos y propósitos, es pan de cada día; la enseñanza debe ayudar a que estos se correspondan con las experiencias de las masas populares; con lo que estas han vivido, y lo que observan y sienten.
Decir que uno mide más de lo que las masas ven con los ojos de sus caras, conduce a la ridiculez y la burla.
Trump, el cabecilla de turno del imperialismo norteamericano, que en los últimos meses ha hecho privanzas de disponer del ejército mejor armado, capaz y eficiente del mundo, está en ridículo en su guerra contra Irán.
El poder es lo más sublime en la política. En la política que nuestro patricio Juan Pablo Duarte consideró la "ciencia más pura y digna, después de la filosofía, de ocupar las inteligencias nobles".
En el poder que siempre fue para servir al pueblo.
Pero que en la política dominicana ha degenerado tanto que ocupar un cargo en el gobierno o una curul en el congreso, "estar arriba", con propósitos personales, no importa el gobierno, el partido ni el modelo social y económico de estos, se ha convertido práctica común y hasta "buena".
Así, buena entre comillas, para muchísima gente, arrastrada a esa realidad que tiene lo clientelar y el utilitarismo del poder como valor dominante.
Cualquier inepto y sin base social ha podido llegar a ser poder en medio del espectáculo en que ha devenido la política en nuestro país.
Se ha llegado al ridículo.
(El genio de Freddy Beras Goico hizo sátira de esta realidad de la política dominicana, con el personaje de Don Melesio Morrobel y sus ocurrencias. Véanlo en Youtube, y lo verán al pecho en la comunicación política actual del país.
Como con igual propósito invito a escuchar a la extraordinaria Cecilia García interpretando la sátira "Yo no me doy cuenta", escrita por Yaqui Núñez del Risco).
Cuando por pasarnos de sublimes caemos en lo ridículo, y no asimilamos la experiencia, entonces volvemos a incurrir en ridiculeces procurando lo sublime. Y así de ridiculez en ridiculez.
En el plano político, intelectual, o personal, uno tiene que saber siempre cuál es el real tamaño del que se dispone, para saber a qué, cuándo y cómo, aspira a trascender.
En esos mismos planos, siempre hay que aspirar a lo sublime, pensar en conquistar el cielo; pero trabajar ese propósito afincando bien los pies sobre la tierra.
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