Riqueza es contar con un patrimonio neto sustancial que solo se consigue de inmediato ganando una lotería de proporciones gigantescas o por el valor imputado de mercado a un privilegio de monopolio que otorga el poder político.
Cuando se ha logrado en una actividad competitiva, hablar de imponer tributos adicionales para atender a las "necesidades de las grandes masas" es un absurdo.
Se llega a ser dueño de un gran patrimonio por la conexión que se logra con millones de seres humanos que prefieren gastar más en los bienes y servicios que este les presenta que otros similares que ofrecen sus competidores.
Para el disfrute del ocio de escuchar o bailar música popular es enorme la brecha entre el patrimonio de Juan Luis Guerra y Aníbal Bravo. En helados, el de Ivon no se le acerca a Bon.
La riqueza se acumula cuando es posible mantenerse en el tope de las preferencias de los consumidores, algo que debe inspirar a imitar sin caer en el descrédito o afanar más en ser diferente sin caer en la ruina o, peor aún, en material para esos bodrios cortos «Apuesto no sabías que…» de IG.
Esa riqueza no es botín para incitar al robo; se creó a lo largo del tiempo por el residual que queda al emprendedor después de que las ventas, nunca seguras en competencia, permiten cubrir todos los pagos de factores.
Bachata Rosa generó ventas y llovieron contratos para conciertos después de que fue escuchado por millones de personas en todo el mundo. No hubo preventa ni subastas competitivas de fechas para el tour en desconocimiento total de las nuevas composiciones. Ni Juan Luis Guerra ni ningún otro artista de ese o cualquier nivel tiene asegurado el éxito de un nuevo disco. Las ventas proyectadas es posible que no den para cubrir costos que no se podrán recuperar; por ejemplo, el de salarios pagados a los cantantes y músicos: «¡Roger, te toca devolver mes y medio de sueldo, fue un fiasco la producción!».
De Zayas ni de Cumbé ven Juan Luis y Aníbal un peso, porque se prefiere ser asalariado y no accionista de un proyecto con flujos futuros en la incertidumbre. Me pagas ahora y la mejor de la suerte para todos; estamos en el mismo barco con distintas preferencias temporales para recibir ingresos. A los dueños de «los únicos dos helados que explotan», Bon e Ivon, eso también lo explican sus colaboradores.
Hay que eliminar el referirse a ese tipo de riqueza como fortuna, que no es un tema de suerte en la lotería. Si fuera común hablar de «acumulación neta de residuales volátiles a lo largo del tiempo», se resistiría con más firmeza a los buitres fiscales, expropiadores colectivistas y promotores del pecado capital de la envidia al éxito de los demás.
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