El pasado 15 de abril asistí al Teatro Nacional a un evento denominado «Tesoros de la Patria» auspiciado por la Orquesta Sinfónica Nacional para escuchar un muestrario de instrumentistas, compositores y directores nóveles criollos. Las palabras introductorias del maestro José Antonio Molina, director titular de la OSN, insistieron en el carácter revelatorio de la nueva generación del arte musical en todas sus vertientes humanas y, por tanto, de los espíritus que nos elevan al paraíso de las «Bellas Artes» musicales.
Como una extensión de la saga familiar en la generación de los Sang Ben, producida por la insistencia de nuestro padre en que sus nueve hijos fueran profesionales, el benjamín de la familia, Peng Bian, hizo lo imposible por romper la regla al desarrollar una vena musical. Siendo niño se «robó de oídas» las lecciones que sus hermanas recibían de la profesora de piano. Pero él hacía las prácticas a escondidas de toda la familia. Natural: el que siguió una carrera musical hasta Berklee fue el que practicaba las lecciones que escuchaba de pasada… y no pegaba con las carreras empresariales que inició, pero fue en educación donde completó su formación formal. El tiempo lo ha convertido en profesor en la Maestría en Música de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña.
Su-Chan le siguió los pasos en Berklee, hasta graduarse en «composición cinematográfica». Su-Chan, en colaboración con su padre, ya nos ha deleitado con la música del documental «Isla con dos repúblicas». Para ponerle la tapa al pomo, el maestro Molina lo incluye como «tesoro de la Patria». Y yo le he agregado el posesivo «mía», en recuerdo de nuestro padre, don Miguel Sang, que en Santiago se le conocía como «el chino más dominicano».
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Su-Chan no es ni la copia ni la extensión de la carrera del «líder y creador» de Retro Jazz y sus éxitos del pasado «jazzeados». En la muestra escuchada en el concierto «Tesoros de la Patria» fue la suite "Of Knights and Nymphs", que me trajo a la memoria el lenguaje electrónico de la juventud contemporánea pero con una madurez musical de mucha promesa. En mi imaginario vi la sombra de «La guerra de las galaxias» (¿o fue una traición de mi subconsciente?).
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Me apresuro en felicitar al maestro José Antonio Molina por el continuado esfuerzo de mantener la puerta abierta de la más alta institución musical del país a los jóvenes talentos. Y recordarle aquellos tiempos en que él fue señalado, a su vez, como un ¡¡¡tesoro del país!!!
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