La trayectoria biográfica de José Francisco Antonio Peña Gómez (nacido el 6 de marzo de 1937 en la Loma del Flaco, Guayacanes, provincia Valverde) estuvo configurada por una demandante dinámica de movilización popular, oratoria intensiva y confrontación política sistemática. Durante décadas, su ejercicio como líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y vicepresidente de la Internacional Socialista supuso una exposición ininterrumpida a situaciones de estrés psicosocial de alta intensidad, las cuales comenzaron a manifestarse de manera somática a mediados de la década de 1980.
El 19 de mayo de 1985, mientras desempeñaba el cargo de síndico del Distrito Nacional, Peña Gómez sufrió un episodio súbito de desmayo y colapso circulatorio que conllevó su hospitalización de urgencia durante cuarenta y ocho horas en la Clínica Abel González de Santo Domingo. Este episodio generó alarma en el espectro político nacional y motivó la visita de su histórico antagonista, el entonces mandatario Joaquín Balaguer, quien acudió a su lecho hospitalario para constatar su recuperación. Aunque este cuadro fue superado favorablemente, representó el primer registro clínico formal de agotamiento orgánico en su historial.
Hacia finales de 1994, inmediatamente después de la crisis post-electoral derivada de los comicios presidenciales y la subsecuente concertación del Pacto por la Democracia, se inició la fase prodrómica de su patología oncológica definitiva. En este periodo, Peña Gómez presentó un cuadro constitucional insidioso caracterizado por una marcada pérdida involuntaria de peso, astenia progresiva y anorexia. Las investigaciones clínicas iniciales revelaron alteraciones gástricas e inflamatorias en el hemiabdomen superior, que motivaron una intervención quirúrgica mayor orientada a la resección esplénica (esplenectomía) y al abordaje de formaciones quísticas localizadas en la región retroperitoneal y retroesplénica, adyacentes al páncreas y al diafragma.
A comienzos de 1995, ante la persistencia y agudización del declive biológico, Peña Gómez se trasladó al exterior por recomendación y coordinación de aliados internacionales, entre ellos el expresidente venezolano Carlos Andrés Pérez. Las pruebas de imagen, marcadores tumorales y confirmaciones histopatológicas realizadas en centros especializados arrojaron el diagnóstico confirmatorio de adenocarcinoma de páncreas en estadio avanzado. Esta neoplasia epitelial maligna, distinguida en la literatura clínica por su rápido patrón de diseminación invasiva y su mal pronóstico con una supervivencia global significativamente reducida, reconfiguró de manera definitiva su horizonte vital. La conducción del protocolo oncológico se radicó principalmente en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York. El plan de manejo integró cirugías descompresivas y citorreductoras de urgencia, complementadas con ciclos consecutivos de quimioterapia sistémica citotóxica y radioterapia externa.
A pesar de que el cuerpo médico recomendó una suspensión absoluta de sus responsabilidades institucionales y un reposo estricto debido a la toxicidad farmacológica y el riesgo de neutropenia, Peña Gómez mantuvo una activa presencia pública. Durante la campaña presidencial de 1996, en la que se impuso en la primera vuelta electoral con un 46% de los sufragios antes de ser derrotado en la segunda vuelta por la coalición del Frente Patriótico, el dirigente alternó constantes sesiones de quimioterapia en Estados Unidos con agotadoras comparecencias públicas en República Dominicana. Aunque hacia finales de 1995 e inicios de 1996 se observó una estabilización transitoria de la masa tumoral, la enfermedad experimentó una agresiva recidiva metastásica intraabdominal que generó síncopes y hospitalizaciones críticas en unidades de cuidados intensivos en Nueva York. Entre finales de 1997 y los primeros meses de 1998, el adenocarcinoma pancreático progresó hacia una carcinomatosis refractaria a los agentes citotóxicos. La afección comprometió de manera directa el territorio peritoneal, gástrico y retroperitoneal, generando una caquexia oncológica pronunciada, dolor neuropático visceral y un compromiso progresivo de la función respiratoria y metabólica.
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