El pasado 17 de agosto del corriente, Ediciones Era en México anuncio el cierre de sus operaciones como editorial luego de permanecer en actividad por 66 años consecutivos. La noticia, misma que causo pesar dentro del publico intelectual no solo en México, sino a nivel continental se debió a la ya conocida inviabilidad económica de continuar funcionando. El sorpresivo y penoso mensaje se dio a conocer en un comunicado dirigido a los clientes y amigos de la conocida editora.
“ a 66 años de a publicación del primer libro de Ediciones Era, nos vemos en la necesidad de reconocer que el mercado del libro ha cambiado tanto que no nos permite vivir de las ventas de nuestros libros. La red de librerías que existía antes de la pandemia y que garantizaba nuestra subsistencia desapareció, al grado de que las ventas se desplomaron hasta ser apenas 25 por ciento de lo que eran antes”.
La casa editora, llego a publicar a eminentes figuras: Carlos Fuentes, Elena Poniatowska y Jose Revueltas entre otros. La partida de esta gigante editorial se convierte en una sentida perdida que trasciende el ámbito académico, comercial, bibliográfico e intelectual situando en una especie de duelo colectivo para la cultura, las letras, el ámbito intelectual y político no tan solo de la sociedad mexicana sino para América Latina en su totalidad.
Penosamente sus directivos explicaron que uno de los principales factores que influyo en su decisión fue la Pandemia del Covid-19. Misma que catalizo la desaparición de una red de librerías todavía en existencia antes de la odiosa emergencia sanitaria aplicada lo cual afecto significativamente sus ingresos. Era informo que sus ventas llegaron a representar apenas una cuarta parte de las ganancias antes de la pandemia. Ello conllevo al endeudamiento que la casa infructuosamente enfrento, llegando inclusive a vender su casa matriz ubicada en la Colonia Roma de la Ciudad de México. Pero luego de 6 duros años en donde la editorial busco alternativas para solventar las deudas y continuar, Era decidió parar la operación y así evitar la acumulación de mayores deudas y gastos imposible de sortear en estos momentos.
La conocida editorial inició sus operaciones en septiembre de 1960. Fundada por integrantes del exilio español: Neus, Jordi, Quico Espresate, Jose Azorin y Vicente Rojo, vinculados con la Imprenta Madero, uno de los proyectos gráficos más importantes de México. El nombre Era surgió de las iniciales de Espresate, Rojo y Azorín siendo estos los apellidos de tres de sus fundadores.
Desde su origen la misma sentó las bases de su vocación critica e insurgente al publicar La batalla de Cuba obra que fuese un reportaje realizado por Fernando Benitez y Enrique González Pedrero, trabajo que hasta hoy es un texto fundamental para entender la verdadera proyección histórica de la revolución cubana. Mas luego Era público en medio de la represión existente en México la obra La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska, trabajo que ninguna editorial con fines de lucro se atrevió publicar por miedo a la reacción del autoritarismo de los gobiernos del PRI en los años 70s.
El catalogo de Era llego a convertirse con el paso de las décadas en un actor de primer orden en la producción intelectual de México aportando propuestas estéticas y obras que exploraron ámbitos de la narrativa, poesía, ensayo, historia y ciencias sociales. La editorial sin duda coadyuvo a la diseminación tanto en México como en los demás países latinoamericanos de otras corrientes intelectuales como el marxismo crítico, el estructuralismo y el psicoanálisis.
Obras cimeras de la literatura como Aura (1962) de Carlos Fuentes. El apando (1969) de Jose Revueltas, así como trabajos valiosos como los de Sergio Pitol, Jose Emilio Pacheco y Alejandro Jodorowsky vieron luz en Era. La casa además publico la primera edición mexicana de El coronel no tiene quien le escriba, (1961) de Gabriel García Marquez entre otros que la convirtieron como referente de la literatura en español. Con los años, también fueron incorporados Carlos Monsivais, Octavio Paz y Juan Rulfo. Con un total de 1,200 títulos en su catálogo histórico, 400 de los cuales aun activos y disponibles a sus lectores mientras continue su existencia.
Era fue también casa de Pablo González Casanova, renombrado sociólogo mexicano del siglo XX. Su revista Cuadernos Políticos, se convirtió en foro para los debates intelectuales de la izquierda progresista de los 70s y 80s en los precisos momentos que decenas de intelectuales huyeron de las dictaduras auspiciadas por Washington en todo nuestro continente. En sus páginas se encuentran esbozos de suma importancia en torno a la teoría de la dependencia, misma que trato de explicar la génesis de nuestro subdesarrollo como región.
Como bien puntualizo el periódico La Jornada en su editorial, que una “editorial como esta no pueda sostenerse bajo las reglas del modelo económico actual evidencia las fallas estructurales de un sistema que valora las ideas en función de su rentabilidad”. El cierre de Era, como también la desaparición de cientos de librerías en nuestros países exige una reflexión inmediata en torno a la necesidad impostergable de apoyar la soberanía cultural ante la embestida de un mercado que solo es “libre de nombre, pero en realidad esta controlado por un punado de corporaciones”.
En nuestro caso dominicano en particular, en donde asistimos a un momento histórico en donde el morbo en las pantallas, el periodismo amarillista, la chercha, el teteo y los efectos nocivos de una sociedad alofoketizada convergen con la poca capacidad, animo de atender lecturas extensas y complejas y se sustituyen por el ansia de la inmediatez de lo visual, pornográfico y lujurioso; este cierre, como también el cierre de librerías históricas como La Trinitaria y los bajos rendimientos en materia de lectura y compresión que evidencian nuestros jóvenes en pruebas tanto nacionales como internacionales, como lo evidencio la reciente muestra del Informe de Seguimiento de la Educación Mundial (GEM) 2026; deberían concitar nuestra preocupación como sociedad.
Compartir esta nota