Desde 1961 hasta hoy, las transformaciones de la sociedad dominicana también han modificado el papel de los diversos sujetos sociales, los escenarios que ocupan y las demandas que enarbolan, en función de las características concretas de cada momento histórico.
Esto se corresponde con el paso de una sociedad sustentada en el modelo de industrialización dependiente y, sobre todo, en el auge de la industria azucarera, a una economía de servicios; del Estado empresario al Estado subsidiario; de una sociedad rural a otra mayoritariamente urbana; y de un sistema político dictatorial (Trujillo), pasando por un régimen autoritario (Balaguer), hasta una democracia electoral más o menos competitiva, entre otras mutaciones que se han producido.
En ese mismo orden, las clases y sectores sociales subalternos que encabezaron los procesos de movilización social han ido cediendo espacios a otros actores, y han cambiado los escenarios y las demandas que los movilizan; los primeros no desaparecen totalmente, pero ya no juegan el rol que desempeñaron en el pasado. La movilización social se nutre de un conglomerado de fuerzas sociales, pero siempre hay un colectivo social que predomina y marca las acciones del conjunto.
A grandes rasgos, podemos identificar que, durante el período 1961-1978, el sujeto social que trazaba las pautas de la conflictividad social dominicana eran los trabajadores organizados y, por tanto, el escenario más importante de las luchas sociales estaba vinculado a los centros de trabajo, y las demandas más comunes eran las alzas salariales y los derechos laborales.
Dadas las condiciones políticas de ese momento histórico, la lucha por los derechos democráticos formaba parte de la agenda de todos los sectores sociales populares, incluyendo al propio movimiento obrero.
Durante estos años se formaron importantes centrales obreras, como FOUPSA, CONATRAL, CESITRADO, CASC y La Unión de Trabajadores Sindicalizados. Más adelante, durante el régimen balaguerista (1966-1978) surgieron, entre otras, la CNTD, la CGT y la UGTD.
La preeminencia de los trabajadores en la lucha social no implicaba que otros sectores no hayan jugado papeles importantes, como los estudiantes universitarios y de secundaria, los profesionales de diversas áreas, las mujeres, los clubes culturales y los campesinos.
A partir de 1978, los cambios que ocurren en la sociedad dominicana, como la crisis del modelo de industrialización dependiente, determinan una pérdida progresiva del protagonismo de los sectores obreros, y la preeminencia en las luchas sociales la van tomando gradualmente los pobladores de los barrios populares.
La centralidad del espacio barrial está determinada por el auge de las poblaciones urbanas en las cuales convergen un arcoíris de sectores sociales que comparten las mismas precariedades sociales: trabajadores, amas de casa, pequeños comerciantes, estudiantes, propietarios y trabajadores de pequeños talleres, entre otros. Esta abigarrada composición social se expresaba en un amplio pliego de demandas que iban desde la lucha por una mejor calidad de vida y aspectos relacionados con solución a los problemas concretos de los barrios.
Es durante este período cuando surgen reconocidas instancias organizadas que canalizan las demandas de los barrios: Comités de Lucha Popular (CLP), Consejo de Unidad Popular, FALPO (Frente Amplio de Lucha Popular), Colectivo de Organizaciones Populares, COPADEBA y las juntas de vecinos.
Sin lugar a dudas, el acontecimiento que demostró que la lucha social trascendía lo sindical fue el levantamiento popular de abril de 1984, que constituyó una reacción masiva, desde los barrios populares, a las medidas económicas del gobierno de Salvador Jorge Blanco.
Al adentrarnos al nuevo siglo, el protagonismo de la movilización social ha pasado crecientemente a una ciudadanía más heterogénea y menos estructurada, marcada por el protagonismo de los sectores medios. Las redes sociales se han convertido en una poderosa herramienta para la difusión de propuestas, la planificación a distancia de actividades y la creación de redes de activistas que se agrupan alrededor de problemáticas específicas.
Las luchas barriales no desaparecen, pero adquieren mayor visibilidad movilizaciones ciudadanas de composición social más heterogénea, en las que los sectores medios tienen un peso importante.
Este protagonismo de los sectores medios se expresó en significativos procesos de movilización como: la “Otra Feria”, Justicia Fiscal, la lucha contra la cementera en Los Haitises, la defensa de Loma Miranda, las manifestaciones frente a Funglode, las cadenas humanas, el 4 % para la educación, la Marcha Verde y las manifestaciones en la Plaza de la Bandera en protesta por la suspensión de las elecciones municipales de 2020.
El sujeto social moderno es menos organizado estructuralmente que los anteriores: el trabajador tenía el sindicato; el poblador tenía la organización barrial; el ciudadano actual puede movilizarse mediante las redes sociales, con un mínimo nivel de organización previa. Esa diferencia puede explicar tanto su capacidad de movilización como su dificultad para producir organizaciones permanentes.
Sin embargo, el cambio va mucho más allá del sujeto social de las luchas; este proceso implicó una transformación del escenario de aquellas y de las demandas enarboladas. En relación con el espacio de movilización social, se pasó de los centros de trabajo a los barrios, hasta llegar a los espacios públicos, como la Plaza de la Bandera, y a las redes sociales. Las demandas también fueron enriqueciendo su repertorio: desde los derechos laborales y las condiciones de vida en los barrios hasta los derechos ciudadanos y la búsqueda de la institucionalidad, expresión de las cuales son las luchas por el derecho a la educación (caso del 4%) y contra la corrupción (Marcha Verde).
A grandes rasgos, podemos concluir que se produjo una transformación progresiva del sujeto social protagonista de la movilización: del trabajador organizado en sindicatos al poblador urbano organizado territorialmente, y, más recientemente, a una ciudadanía en la que adquieren especial importancia los sectores medios. No desaparecieron los actores anteriores, pero perdieron centralidad como articuladores del descontento y de la movilización social.
La historia reciente de la movilización social dominicana puede leerse como un desplazamiento desde sujetos sociales estructuralmente organizados hacia sujetos territorialmente organizados y, finalmente, hacia formas de movilización ciudadana más flexibles, episódicas y menos institucionalizadas.
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