Hizo bien el presidente Luis Abinader en iniciar el año recomponiendo su gabinete con algunos cambios y movimientos, unos esperados y otros que han causado sorpresa, y debería de haber más, y es saludable que así sea no solo por aquello de la usura del poder, sino también porque a la cuenta regresiva de su mandato le queda algo más de tres años, y ese tiempo debería ser efectivamente aprovechado para el bien del país.

Aunque son muchas las necesidades y las aspiraciones, y múltiples los proyectos y reformas en curso, algunas tan importantes como la reforma policial, los cuales deberían concluirse satisfactoriamente, es tiempo de decidir algunas cosas que no pueden quedarse sin hacer, seleccionando prioridades para que el foco se mantenga y se pueda esperar el logro de los resultados esperados.  Tres cosas deberían estar indiscutiblemente en ese listado de acciones impostergables, hacer una reforma profunda a la Ley 87-01 de Seguridad Social, la cual se viene reclamando desde hace años y el lamentable escándalo de corrupción de SENASA, la administradora de riesgos de salud (ARS) pública y la más grande, activó una alarma de alerta a la que debemos prestar urgente atención; resolver el desorden del tránsito vehicular lo que debe iniciar con la abolición de la impunidad de los motoristas para quienes no hay ni sentidos únicos, ni respeto a las luces de los semáforos ni a las reglas de tránsito porque se acostumbraron a que nada les pasa; e iniciar campañas educativas bien diseñadas que sustituyan la costosa e inútil publicidad estatal, que se difundan sistemáticamente para educar a la ciudadanía en urbanidad para que nuestras calles y carreteras no sigan siendo depósitos de basura, en civilidad vial, para que la gente aprenda como comportarse en las vías, tanto choferes como peatones, así como las graves consecuencias de no hacerlo, en cumplimiento de la ley, para que la población entienda que el imperio de la ley es la piedra angular de la democracia, pero que la única manera de sostenerla es si todos, autoridades y ciudadanos, nos comprometemos en su cumplimiento, y en ciudadanía, para que la gente conozca bien no solo sus derechos, sino también sus deberes, educando para transformar una cultura de perniciosa tolerancia a la corrupción, a la violencia, al abuso de menores, y al incumplimiento con la ley.

La primera de estas parece muy difícil por los muchos intereses que confluyen en el sistema de seguridad social, y por el enorme poder económico o social de ciertos actores, pero mantener las falencias prestando oídos sordos a los reclamos y a los ruidos que generan malas prácticas y las injusticias que se producen por incumplimientos de la ley, o debilidades regulatorias, sería funesto no solo para la población, sino para el país, que pudiera verse afectado por una crisis como ha acontecido en otros de la región por no tomar a tiempo medidas, basta ver los ejemplos de Colombia modelo de nuestro sistema de salud, que a pesar de los grandes problemas que enfrenta y los escándalos de corrupción con las ARS de allá, las llamadas EPS, no ha podido consensuar una reforma mientras el sistema se tambalea, y Chile, país cuna del sistema de capitalización individual que experimentó cambios políticos por la falta de atención de las insatisfacciones de la población con el régimen previsional.

Transformar el caos del tránsito y devolver orden a las calles es de una importancia capital, no solo porque es una de las principales preocupaciones de la gente, sino porque es la asignatura pendiente que nos hace falta aprobar para pretender escalar a una sociedad medianamente desarrollada, porque el crecimiento económico del país, los éxitos del turismo y los esfuerzos por elevar nuestro posicionamiento mundial perecen en un solo recorrido vial.

Ojalá que el inicio del nuevo año, las pausas de los feriados, y la anunciada revisión de la reunión semanal con la prensa del presidente Abinader, sirvan de espacio de reflexión no solo para recomponer, sino también para impulsar y priorizar, porque el tiempo es finito e indetenible y hay que saber escoger las causas, para que las acciones no sean huellas que se las lleve el viento, y se logren improntas imborrables.

Marisol Vicens Bello

Abogada

Socia de Headrick Rizik Alvarez & Fernández desde el año 2000. Miembro del Comité Ejecutivo del CONEP, Asesora legal de la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD). Fue presidente de COPARDOM y de la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE).

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