Si me hubieran preguntado hace un año qué implicaba hacer un recital, hubiera dicho algo como: conseguir un lugar, presentarme y tocar. Pero ahora, después de haberlo hecho, no es nada parecido a eso.
Los conservatorios y las escuelas de música nos enseñan sobre interpretación, pedagogía, prepararnos para audiciones ; todo gira en torno a ser elegido. El currículo nos enseña a estar listos para cuando llegue la llamada. Pero antes de que la llamada llegue, hay que hacer algo. Entonces, ¿te quedas esperando o cambias el enfoque?
Cuando empecé a planear un recital, noté que la parte más pequeña de hacer realidad esta idea fue seleccionar el repertorio y el lugar. Hay una lista muy larga de tareas y decisiones de las que nadie me había hablado.
La interpretación musical y la administración musical han sido tratadas como dos caminos diferentes. Puedes estudiar Interpretación Musical y nunca escuchar sobre administración, y puedes estudiar Administración de Artes y nunca aprender cómo aplicarlo a tu propia carrera como intérprete. Existe la idea de que estos dos trabajos no van de la mano, que el músico simplemente se presenta, y el administrador hace que todo fluya. En muchos casos, esa es la realidad. Pero cuando recién sales de la universidad, sin manager, sin agente, y sin ninguna institución que te respalde, esa división deja de ser una conveniencia y se convierte en un muro.
Cuando recién sales de la escuela de música tienes que hacerte escuchar, ser visible y alcanzable. Hay muchos músicos con el mismo currículum, esperando su gran oportunidad. Sin embargo, somos nosotros quienes estamos construyendo nuestras propias oportunidades, sin tener ni idea de cuáles son los pasos. Cuando nos preparamos para audiciones y concursos, la mentalidad es de perfeccionar la música y convencer a un jurado; pero cuando estás desarrollando un recital, el cerebro se divide en dos, una parte es el jurado y el productor, y la otra es el aplicante tratando de convencerlos.
Cuando estaba planeando el recital que tuve, noté que la venta de boletos no iba a cubrir el costo total. Si solo fuera a gastar dinero en publicidad y el lugar, tal vez me quedaría un poco de capital para cubrir los honorarios de mi compañero. Si quería hacer una producción completa y pagarle a los músicos honorarios justos, grabarlo, tener publicidad real, imprimir programas, tener un fotógrafo, tenía que elegir entre tocar puertas o poner los ahorros de vida en un concierto.
Así que decidí tocar puertas, lo cual implicó crear una propuesta de patrocinio. La tarea de crear una propuesta de patrocinio no es solo pedir dinero, sino explicar por qué este concierto debería existir. ¿Cuál es la historia detrás del concierto? ¿Qué beneficios le dará este concierto al público y a los auspiciadores? Construir una historia significa encontrar cohesión en el repertorio, ya sea histórica o musicalmente, y encontrar una manera de conectarla con tu público objetivo.
Todo este trabajo me tomó alrededor de seis meses, todo mientras también tenía que asegurarme de estar practicando, porque sí tenía que presentarme y tocar. Durante todo este proceso no pude dejar de pensar en cómo nada durante mi licenciatura me preparó para esto. Por más que siempre había escuchado a otros músicos decir que la escuela no te prepara para la vida real, nunca me hizo más sentido que cuando tuve que escribir una propuesta de patrocinio de diez páginas.
La brecha entre administración e interpretación no siempre fue un problema. No hace mucho, había menos músicos compitiendo por los mismos escenarios, y esa invitación para la que se nos enseña a estar listos, podría haber aparecido sin mucha lucha. Pero los conservatorios siguen graduando intérpretes mientras que el número de espacios, presentadores, y oportunidades pagadas se ha mantenido estancado. Todo esto ha hecho que la competencia no sea solo sobre quién es el mejor interprete, sino quién tiene las habilidades para crear sus propias oportunidades. Yo no sabía nada de esto cuando empecé a pensar en el concierto; solo sabía que quería tocar un programa interesante en Santo Domingo para quien quisiera escuchar algo de buena música de violín y guitarra.
Estamos aprendiendo estas habilidades a través de aguas desconocidas, porque nadie nos dio un mapa. Las universidades y conservatorios no se han puesto al día con el mercado al que están enviando a sus egresados, y tal vez no lo hagan en mucho tiempo, porque cambiar el currículo significa admitir que el título nunca fue suficiente por sí solo. Así que, por ahora, la propuesta de patrocinio, la hoja de cálculo del presupuesto, los seis meses de trabajo antes de siquiera tocar tu instrumento; son solo una fracción del trabajo que la escuela no te enseñó.
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