¡Caramba, Quique, el domingo 7 del infausto Junio pueblerino, muy a pesar del mes de San Antonio de Padua, me transferiste la más grande de las emociones ,al sentarte en una de las mesas apostadas en la glorieta de nuestro parque Duarte, en la fiesta popular del torneo de Dominó de las patronales.

Para mí fue el más bello acorde de cual Bombardino con su crujir armónico y su ronquido que acompañando los tenores con su voz de peregrino despiertan con su voz de tumba lo que siempre sigue vivo.  Ese día, sellé la dimensión de tu cariño hacia este simple mortal por esos honores.

Y así con voz de mando como era tu característico estilo, boceaste, ¡Ireno, es con el líder que voy de frente!, y yo timorato, me senté, y dijo, -no coño, siéntese ahí, ¡ Usted es un jefe-¡ y dijo en voz de mando-, -Ireno, ¡ Es con el líder, que voy-. Y no quiera usted saber, ¡Ganamos Capicúa, o sea, por dos vías. La jugada y el gran aproche de nuestra recíproca admiración!

¡Y cómo no admirarlo! ¡Y como no sentirlo como un muñón de mi ser, si también era pueblo!. Era un pararrayos de la injusticia a favor de las masas irredentas. Era el Clarín de su Pacoredo, él era militante y canillita de sus ideologías y sus arengas, y que a ellas, las transportaba en palabras, hechos y entregas.

¡Aquí estamos Quique, cobijado en un perdón de lágrimas secas, ya en agua o quizás hechas polvos porque tu partida aún no nos ha permitidos elaborar de qué manera te gritamos! Ora, sembrador de conciencia, caminante en la batalla de adelante, ora obrero del deporte de tu pueblo como fuego cruzado contra la inercia a favor de la muralla de la inacción que lleva a la juventud por los caminos flagelantes.

Creo, simplemente que cambiaste el tableteo de las metralletas como método de liberación y abrazaste la causa de cuerpo sano mente sana. Si, y ora Hipocampo, el grupo original de nuestro Carnaval que emulaba que el caballito del mar acogía en su zaqueta de vientre macho, de que la vida se construye con la entrega, y se sube al cierto con una escalera sin peldaños y sin tener que volar.

Oras te veía, como abogado, abogando por la justicia injusta a favor de tu pueblo, ora odfelo, poniendo al destape, amistad, amor y verdad, así te veo, ora play 50 aniversarios, dónde ponía a los Mineros como nombre común y como simbología de las praderas mineras de las tierras de las pegueras, así como, buen hablante de las ondas Hertzianas que repicaban en los penachos de la conciencia de la verdad de trueno y, el equilibrio de la razón de los oyentes de tu Tribunal del Pueblo, Quique, y no se te olviden jamás, tu liga campesina, tu Club de los arroces y Allende los sitios.

¡Ireno, ven a explícame,¡ Que hará los lunes sin su compañía, si en muchas ocasiones tú eras el Quijote y el Sancho Panza cabalgando en eterna batalla con los molinos de vientos que de tanta verdad se llenaban los torrentes huracanados cuáles destellos de luz del pueblo y la mancha indeleble de los que nunca mueren.

Oigan bien, Quique no es un simple muerto, es la inconmensurable verdad de los que renuncian a la opulencia para caminar descalzo en el pedregoso camino de la cruz y el calvario de su gente.

Quique: Domino Capicúa mi frente

¡Quique, no hay que hablar, lo dicho, dicho está y lo hecho, hecho está! El cielo no es tonto, siempre manda a buscar sus siervos claves para despertar pastores cuando llegue el día de la asunción en aquellos momentos de los últimos días. Y no importa Quique, tú creaste tu propia iglesia y dónde a diario comulgabas en el cuerpo de cristo, ya no solo en su pan bendito sino en tus obras, y el propio grito de la verdad, que de tanto rumiar sus lamentos esperando la buena nueva de resurrección y que siempre guardaste tu polaina y espada de caballero andante liberando a su pueblo de su armadura oxidada.

¡Vete, Kique!, que preparado no estábamos para aceptar tu partida, pero fue tanto lo que a tu pueblo diste, que nuestras esperanzas pariste. Y no le diga esto a nadie, juramos no decirlo hasta un aciago momento, pero ya que sólo nos dejas, nuestra primera Capicúa la hiciste conmigo de frente, cuando un día la ingratitud de la disidencia tomaste por la rabia adentro del honor para ser mi tesoro del Carnaval, cuando se fueron todos los incrédulos para seguir sonando la cultura popular mientras creían imposible que juntos saldríamos a camino en el baile en calle, de noche, y baile en calle de día, abrazamos una nueva causa juntos después que de mozalbetes cogimos las calles por los obreros de Falconbridge, y no te aflijas por despedirte, para eso está tu pueblo, para cargar con honor tu eterno recuerdo. ¡Wao, Quique, miras que paradoja tiene la vida, las patronales terminando y tomaste aun silentemente por las arterias del honor sin pensar en nuestro dolor. Quique, hasta siempre te dice tu pueblo que aún no sale del espanto de que te fuiste y sin visa, a la otra pista a prender en los cielos, las luces eternas de estadios grandes igual a tu corazón que entre nosotros por siempre palpita. ¡Adiós, Quique, feliz regreso, aquí te esperamos porque sabemos que tú retorno va muy a prisa! Recoges tus guantes y pelotas, ve Quique también tus Hipocampos que vamos por un rato a tu santuario efímero de un frio camposanto!

Gracias por tu carácter y temperamento, parecía de hierro, siendo un tierno algodón más fuerte que el acero. ! Adiós!, y gracias por subir por nosotros a los estrados de los cielos, sé que dará tus calidades, ¡Intercedo por mí, por mi pueblo y por la justicia que aun espero y, que por el camino milenario y de polvo sigue lleno, y aún sigue durmiendo el sueño eterno! ¡Y no mi frente, aun no estoy muerto, he jugado contigo, con este y con aquel, y aunque mis sueños me despierten de este viaje que hago con la muerte en su agónico tropel. Y si no domino yo, quizás usted, o talvez, mucho mejor, que domine el pueblo que será aquí o allá mi último clamor.

José Lino Martínez Reyes

Abogado

Politólogo, abogado, docente en asuntos políticos y electoral. Y Magister en Estudios Políticos y Electoral.

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