La creación, la comunicación y la explotación del conocimiento son las habilidades que definen a los seres humanos como animales sociales. Estas capacidades, más que cualquier otra cosa, los convirtieron en los amos del planeta. Esto hace que nuestras herramientas de comunicación — desde el lenguaje hasta la escritura, la imprenta, las telecomunicaciones, la radio, la televisión y, ahora, la internet — sean las tecnologías definitorias de sus respectivas eras. Su invención y uso han moldeado no solo lo que podemos hacer en cualquier momento, sino quiénes somos.

Las nuevas tecnologías de la comunicación transforman la sociedad. Tal como argumentó el fallecido Jürgen Habermas, la democracia liberal, actualmente en peligro, fue hija del libro, del panfleto y del periódico. Las tecnologías digitales de nuestro tiempo son igualmente transformadoras. Desafortunadamente, junto con muchos beneficios, traen consigo enormes daños potenciales que hoy amenazan la salud de nuestras sociedades. Estos daños no son teóricos; son, de hecho, demasiado visibles.

El conocimiento es, en el lenguaje de la economía, un "bien común". Esto significa que, si está disponible públicamente, potencialmente estará a disposición de todos (es decir, "no excluible"); y también que todos pueden tenerlo sin que nadie se vea privado de él ("no rival"). El conocimiento, como a veces se dice, "quiere ser libre". De hecho, dada la tecnología actual, el costo marginal de difundir información es prácticamente cero.

Sin embargo, generar información veraz no es, en lo absoluto, gratis. Esto da lugar a un enorme fallo de mercado: la creación y difusión de información confiable se encuentra en desventaja económica en comparación con la creación y difusión de falsedades. El bien común del conocimiento puede convertirse fácilmente en el mal común de una confiada ignorancia o, peor aún, en un desenfrenado prejuicio.

Por lo tanto, al igual que los ríos o el aire, el conocimiento que la sociedad comparte y utiliza puede acabar contaminado. Y, lo que es peor aún, esto puede ser un negocio extremadamente rentable. No es difícil pensar en ejemplos contemporáneos. Sobre todo, si existe un fallo de mercado, la competencia por sí sola no lo solucionará. La libertad de expresión es un importante atributo de una sociedad libre. Pero, por sí sola, no garantiza una verdad confiable. Ríos de mentiras baratas pueden ahogar con extrema facilidad la costosa verdad.

Las tecnologías actuales agravan el problema más que antes, y de maneras fundamentales. Así, mientras que la creación de información confiable sigue siendo costosa y bastante difícil de monetizar, el motor de los negocios de los medios sociales — considerados los 'grupos editoriales' dominantes de nuestra era — es la atención que obtienen las publicaciones. Difundir mentiras y fraudes puede ser un buen negocio. Y, lo que es peor aún, difundir publicaciones que hacen insoportable la vida de las personas puede ser un buen negocio. No se me ocurre ninguna teoría que considere esto como una legítima actividad de mercado. Parece muy probable que la inteligencia artificial (IA) empeore nuestra situación colectiva al crear fraudes "perfectos" de todo tipo.

Entonces, ¿qué se debe hacer? Existen tres opciones amplias y complementarias: subvencionar la creación y la difusión de información confiable; proteger la propiedad intelectual; y cambiar los incentivos.

Los Gobiernos ya subvencionan la investigación científica, como es lógico hacerlo. Otra área es la de los medios de comunicación. En el caso del Reino Unido, recientemente se han planteado dos temas importantes. Uno, como ha señalado el exeditor del Financial Times (FT) Lionel Barber, es el futuro del servicio público de radio y televisión del Reino Unido, la BBC. En mi opinión, todas las empresas de medios de comunicación a gran escala deberían tener obligaciones de servicio público, porque eso las obligaría a proporcionar el bien común de la información de alta calidad. Si eso es imposible, tenemos que proteger la empresa radiotelevisiva pública que tenemos. Es imperfecta: todas las organizaciones lo son. Pero el papel que desempeña sigue siendo vital. Yo añadiría que, en el ámbito de las noticias televisivas, también es vital evitar una versión británica de la cadena estadounidense Fox News. Pero esto, como sostiene Alan Rusbridger, es en lo que se está convirtiendo GB News: un propagandista autorizado por el Estado para el partido Reforma Reino Unido.

En lo que respecta a la creación de propiedad intelectual, es importante alimentar las fuentes de la creatividad humana. Esto significa que se debería obligar a los "scrapers", o extractores de información de la internet, de IA a compensar a los propietarios de los derechos de autor que utilizan. Yo iría aún más lejos: imponer un impuesto a las grandes empresas de IA que debería destinarse a apoyar los bienes comunes creativos — las artes, las ciencias y, sí, incluso el periodismo, creados por el ser humano — en los que se sustenta su bienestar y el de las sociedades libres.

Por último, deberíamos alegrarnos de que un jurado de California haya declarado a Meta y Google culpables de "negligencia" y de causar daños a los usuarios. Estas empresas son negligentes y han estado protegidas de las consecuencias del daño que inflige su indiferencia, sobre todo en los niños. La libertad de expresión nunca ha sido completamente libre: la difamación, la calumnia y la incitación a la violencia son, con razón, ilegales. La libertad de expresión necesita límites. Lo mismo debería aplicarse a las empresas que difunden material dañino o la propaganda de Estados hostiles. Nosotros intentamos detener el flujo de contaminantes en nuestras aguas; también deberíamos intentar detener el flujo de mentiras en los mares del conocimiento.

(Martin Wolf. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).

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