Puerto Rico figura en el centro de un enjambre que vislumbra cambios geopolíticos de EEUU hacia América Latina en origen a las políticas norteamericanas contra el narcotráfico.
La escalada ha llevado a la población puertorriqueña a dividirse entre críticas y aplausos por la remilitarización de parcelas y facilidades aeroportuarias en las abandonadas bases militares que datan de la Segunda Guerra Mundial. En ellas se posa el acantonamiento militar norteamericano en la isla destinado a las operaciones y maniobras contra el narcotráfico en Venezuela.
Washington incluso ha fijado recompensa por la captura del presidente Nicolás Maduro. Informes de prensa aseguran que intentó pactar su salida del poder exigiendo quedarse con 200 millones de dólares de su fortuna. Igual se agrega, pidió amnistía para al menos 100 altos funcionarios del régimen y refugio seguro en un país aliado, pero lejos de facilitar una transición, se dinamitó el controvertido acuerdo en una mala decisión, tal vez para ambas partes.
La historia muestra cómo el narcotráfico ha sido utilizado como una herramienta geopolítica desde las guerras del Opio en el siglo XIX. Hoy día, aquellas históricas crispaciones se repiten en olas de tensiones entre EEUU y América Latina. Y es que el narcotráfico ha sido plataforma para debilitar sociedades rivales, financiación de conflictos y justificación de intervenciones.
La más reciente la tenemos dentro de nuestro territorio, igual frente a los mares que rodean nuestras fronteras.
El alcance y proximidad de estas tensiones es donde podemos centrar el comienzo para entender la guerra contra el narcotráfico iniciada por el presidente Donald Trump y su inmensa, costosa y controvertible operación aeronaval en el Caribe y su remilitarización en Puerto Rico.
Es menester mencionar que esta operación intenta servir los intereses norteamericanos en alguna medida por sobre los lazos históricos que nos vinculan con nuestros países vecinos. Aun cuando la población pudiera sancionar o criticar esta operación, no puede hacerlo, ya que la relación política lo impide.
Estudiosos aseguran que cerca del narcotráfico queda lejos el interés norteamericano por el petróleo venezolano como la causa subyacente y originaria para esta pesada embestida diplomática-militar contra Venezuela. Igualmente, aseguran que la operación es más bien para alejar la influencia rusa y china no solo en Venezuela, sino en todo el hemisferio. Con ello enfocar el peso geopolítico norteamericano en la región en una versión moderna de “nuestro patio” latinoamericano.
Este nuevo enfoque podría poner atrás estrategias geopolíticas anteriores de EEUU como la del “buen vecino”.
Las fichas históricas de cómo el narcotráfico ha sido palanca geopolítica son familiares en varios puntos cardinales y hoy día EEUU pone en función un reenfoque.
Una mirada histórica a los vínculos de la geopolítica y el narcotráfico nos lleva al recuerdo de la Compañía Británica de las Indias Orientales en los siglos XVIII y XIX, que obligó al cultivo del opio en India para su exportación a China. Ello con el objetivo de crear una adicción masiva en la estrategia de debilitar la economía y el gobierno chino.
Ya del 1950 al 1970, la guerra en Indochina volvió a florecer con el tráfico de opio y heroína. Muchos soldados puertorriqueños se convirtieron en adictos en la guerra de Vietnam.
El opio ha sido igualmente fuente de financiamiento para la guerra y el Talibán.
Pero el narcotráfico no se limita al ámbito territorial norteamericano ni mucho menos dentro de nuestros países. Los diarios internacionales como locales destacan los mortíferos resultados por el uso de las drogas. Los grandes noticiarios televisivos muestran a hombres y mujeres “zombis” retorciéndose y muriendo por sobredosis de fentanilo. Tan reciente como que en un día se destacó localmente el arresto de algunas 100 personas y la operación de 500 “puntos” o centros de venta con servicios de entrega a domicilio.
Nunca olvido cuando se destacaban las notas de colegas sugiriendo que la CIA estuvo implicada en la introducción de cocaína en comunidades para financiar a los contras en Nicaragua.
Muchos de estos cárteles solo intentan enriquecerse y lograr corromper a gobiernos, convirtiéndolos en narcoestados para beneficio del enriquecimiento del ilícito negocio.
En el contexto actual de las tensiones entre América Latina y EEUU, el narcotráfico sigue siendo un eje central. La “guerra contra las drogas” brinda a Washington un marco para ejercer presión política, militar y económica sobre países de la región. Es por esto que el narcotráfico y su problema criminal se vuelcan en dominación que permite a las potencias justificar su intervención y control sobre terceros países en envoltura retórica de seguridad que enmascara intereses geopolíticos más profundos.
Es por ello que la nueva campaña de Trump pone en juego su capacidad y poder en esta nueva tensión y a la vez quiere reiterar su dominio político. Trump apuesta a eliminar la influencia económica-política de Rusia y China en Venezuela, implantando su interés de restablecerse como potencia en América.
Parece obvio que en todo este enjambre geopolítico A EEUU no le interesan por el momento cambios políticos para Puerto Rico. Por ello no resta más que continuar en el criticable acomodo en no saber lo que se quiere, pero sí saber lo que no se quiere e igual continuar localmente con la lucha antidrogas.
Compartir esta nota