Según el Manual Diagnóstico Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-V), “la psicopatía es un trastorno de la personalidad caracterizado por una profunda falta de empatía, ausencia de remordimiento, encanto superficial, manipulación y conductas impulsivas o antisocial, aunque las funciones mentales y perceptivas de la persona suelen estar intactas”.
Como tal, las persona psicópata tiene buena oratoria y utiliza la mentira o el engaño para conseguir las cosas que se propone y, a su vez, ésta entiendes con claridad, lo que la otra persona piensa, pero no siente empatía emocional, exhibiendo rasgos de narcisismo y egocentrismo enfermizo.
Por su parte, el DSM-V refiere que las dos principales causas que generan psicopatía son: (1) los factores genéticos y neurobiológicos, los que impiden el funcionamiento normal de las conexiones cerebrales, incluyendo fallos en la integración entre las emociones y la toma de decisiones; y, (2) los factores epigenéticos o la influencia ambientales, tales como el abandono, el maltrato infantil y/o los traumas que vivió la persona psicópata.
De su lado, la Neuropsicología y la Psicología Social reconocen que, la inmensa mayoría de las personas con rasgos psicóticos son funcionales (profesionales y técnicos muy valiosos y capaces), sujetos que están integrados en la sociedad, sin un trastorno psicoemocional y conductual anormal.
Asimismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que a nivel mundial, existe entre un 1% y un 3% de personas con ciertos grados psicóticos, personas que están integradas a la sociedad sin cometer delitos graves, lo que desmiente el estereotipo de que los psicópatas son asesinos en serie, según hemos visto en decenas de películas que se proyectan a nivel global.
Por otro lado, el DSM-V define la alexitimia o ceguera emocional como una condición neuropsicológica que impide que la persona identifique, comprenda y exprese sus propias emociones a través de gestos y palabras adecuadas para relacionarse con su pareja, con sus familiares, con sus compañeros de labores y con sus amistades.
En tal sentido, la alexitimia se manifiesta de las siguientes formas: (a) confusión emocional, ya que la persona siente cambios físicos, tales como taquicardia o nudo en el pecho; (b) enojo, rabia, ira, tristeza y ansiedad; (c) tendencia a la fantasía o al uso de metáforas para comunicarse; (d) somatización crónica con dolor o malestar al no poder manifestar el afecto que ésta siente hacia los demás; y, (e) empatía limitada al no poder conectar sus emociones con otras personas aunque éstas pertenezcan a su entorno familiar, social y laboral.
Por su parte, las causas de la alexitimia son: (K) biológicas, neurológicas, hereditarias o por una lesión cerebral grave; (L) secundarias o adquiridas debido a un trauma psicológico, estrés postraumático o como mecanismo de defensa infantil ante entornos afectivos difíciles; y, (M) por una alta comorbilidad de varias enfermedades como es el caso de una persona que tiene una condición dentro del espectro autista, por depresión crónica, trastornos alimentarios o por adiciones.
Según nos consta, la alexitimia y el trastorno del espectro autista (TEA) tienen una relación estrecha y compleja, ya que durante muchos años se asumió que las dificultades emocionales eran una característica intrínseca del autismo; sin embargo, la ciencia ha demostrado que son dos condiciones totalmente independientes que coexisten con mucha frecuencia.
Además, la Psicología Social y la Neuropsicología reconocen que, la alexitimia afecta entre un 5% y un 10% de la población en general; mientras que está comprobado científicamente que, entre el 50% y el 80% de las personas autistas presentan alexitimia. Por lo que se puede apreciar, es sumamente común en el espectro, pero no es universal, ya que una persona con alexitimia no necesariamente tiene que ser autista.
No obstante, muchas de las dificultades emocionales que históricamente se califican de autismo, ahora la Neuropsicología reconoce que las dificultades emociones pertenecen al trastorno de alexitimia, lo que ha representado un avance revolucionario para la Comunidad Científica Internacional que viene investigando el autismo y la alexitimia.
Como hemos podido observar, el mito de que las personas autistas carecen de empatía proviene en gran medida de confundir el autismo con el subgrupo de personas con trastornos de alexitimia, ya que los rasgos de ambas condiciones se superponen visualmente, lo que suele causar inicialmente diagnósticos confusos.
Según le consta a la Psicología Social y a la Neuropsicología, el autismo impacta la comunicación social, la interpretación de normas, el procesamiento sensorial y la necesidad de rutina; mientras que, la alexitimia impacta estrictamente la conciencia emocional, ya que una persona con ambas condiciones puede quedarse callada o responder de forma plana y racional según el contexto en la que esta se encuentre.
Finalmente, una persona con psicopatía y con rasgos de alexitimia, tiene serias dificultades para establecer empatía con su pareja, con sus familiares, con sus compañeros de labores y con sus amigos, situación que la empuja hacia el aislamiento social, lo que complica aún más, su condición de salud mental.
Compartir esta nota