“El pasado contiene todo lo que sucedió; la historia, solo aquello que hemos decidido recordar. -Honoré de Balzac-.

La psicología freudiana basó gran parte de su relato en la “Represión", que en síntesis es una especie de bloqueos inconscientes a pensamientos o recuerdos que por su naturaleza generan angustias o ansiedad en el “yo”. George Santayana, sin embargo, expresó que “los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”. Y, quienes valoramos los ciclos sentimos la necesidad de revivir aquellos episodios que nos obligaron a transformar el curso de una realidad ajena al interés del grupo.

Éramos una familia grande; con una sólida identidad. Teníamos mística, ideología, cuerpo, sentido común y sentimiento social. Éramos un reflejo de lo mejor de la sociedad: cultura, barrios, campos, ciudades, clubes deportivos, juntas de vecinos, sindicatos y gremios profesionales. También un puente para el establecimiento de una mejor nación, un eslabón en la construcción de la democracia y parte esencial de la historia, hoy marcada por un éxodo como solución definitiva a la conculcación de nuestros legítimos derechos.

Se olvida, por ignorancia o beneficio particular, que el 2 de junio del 2012, posterior a las usurpadas elecciones en las que, en colusión con Miguel Vargas, el PLD de Danilo y Leonel, frustraron las aspiraciones de cambio del pueblo y el ascenso al poder de los hijos de José Francisco Peña Gómez. Ese día, un grupo de dirigentes del otrora partido, suspendió al entonces presidente de la organización, indicando su complicidad en contra del triunfo de Hipólito Mejía.

A partir de ahí, y en alianza con las Altas Cortes, alineadas a los intereses del PLD, institución que cooptó todas las herramientas de contrapeso para manipular la justicia y garantizar impunidad a los suyos. El traidor y sus secuaces maniobraron hasta expulsar de la vieja casa a Hipólito, después de haber alcanzado casi la mitad de los votos en unas elecciones cuestionadas e ilegítimas en febrero del 2013. Fecha clave para la materialización de una idea que tomaba fuerza en las bases y que defendió con ahínco el fenecido historiador Hugo Tolentino Deep.

Hugo, advirtió que no existía, y así pasó, posibilidades de entendimiento con un apedeuta en el manejo de lo público, que creyó ser predestinado a algo más que un simple bufón. Un embrión de dictador sin más mérito que el dinero, en un partido de gente humilde, pero de ideas y principios legendarios. Su megalomanía no le daba paso a entender la génesis de una estructura surgida de las luchas más nobles en favor del oprimido. Luchas que tiró a la basura junto con su futuro político.

En esa tarea nefasta humilló al liderazgo histórico del otrora PRD, irrespetó los símbolos, la gente, el compromiso con las generaciones futuras, nuestros ideales e ignoró por completo que somos un conjunto social arraigado en el ideario del Cristo Negro. Que éramos el pueblo, y que el “Guapo de Gurabo” tenía coraje y carisma. Con esos atributos y el apoyo de los notables de la organización se llevó la gente, herida y traicionada para   construir un nuevo hogar, donde la diversidad se sujeta a las normas dictadas por todos. Ese hogar era el Partido Revolucionario Mayoritario, hoy Moderno.

El PRM, hijo del PRD, nació de la impotencia y la indignación. Existe como respuesta al ego, al narcisismo y pedantería de los que quieren los votos, pero aborrecen al pueblo. Existe como una vía posible para el desarrollo de talentos y la articulación de ideas que sustentan el legado de Peña. Existe porque juntos decidimos poner fin a una era de imposiciones; existe porque la gente confió. Por eso existe y ojalá que la llama siga latente en cada uno de los que sufrimos aquella triste pero necesaria despedida, que exista con los mismos valores que se fundó y no haya necesidad de repetir la misma historia.

Joan Leyba Mejía

Periodista

Periodista, Abogado y político. Miembro del PRM.

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