Masas populares es una categoría de análisis que describe a diferentes sectores sociales que comparten la condición de ser subordinados en la economía y política dominantes; y excluidos en lo fundamental. Vulnerables desde el punto de vista social.
Por vulnerabilidad social debe entenderse la condición que proporciona el sistema económico, social y político de poder, en la que individuos o grupos tienen mayor riesgo de sufrir daños (económicos, sociales, políticos, culturales o ambientales) y tienen poca o ninguna capacidad para enfrentarlos.
Es la desventaja en que mal viven algunos grupos sociales para conquistar condiciones materiales y espirituales que les permitan vivir con dignidad.
Que también están bajo el dominio ideológico de los valores dominantes, que son los de la clase dominante. Es decir, que las masas populares son las que están bajo la hegemonía económica, política y cultural-ideológica, de la clase que domina.
La atención del trabajo político tiene que enfocar esas tres vertientes: política, económica e ideológica-cultural. De manera integral. Los tres aspectos en una sola dirección y propósito.
Esa categoría de análisis debe permitirnos conocer la composición y dinámica de lo popular en la República Dominicana, y definir la línea de trabajo y de lucha.
La clase obrera y trabajadora.
Trabajadores en la informalidad, y los por cuenta propia. Mujeres trabajadoras y en contextos de desigualdad.
Jóvenes sin acceso a la educación ni al empleo.
Pobladores en zonas vulnerables, víctimas o expuestos a desalojos.
Comunidades urbanas y rurales, juntas de vecinos, afectadas por agresiones al medio ambiente y los recursos naturales; que luchan contra desplazamientos y contaminación.
En la República Dominicana, este conjunto incluye a la clase obrera; a trabajadores formales de bajos ingresos, empleados del sector servicios, trabajadores informales, motoconchistas, buhoneros, empleadas domésticas y amplios segmentos del pueblo, desempleados o subempleados.
Estamos en una realidad dominada por un modelo económico, social y político, con el peso del turismo, las zonas francas, las remesas, la economía informal. Y los efectos de una economía invisible y no estimada todavía, pero que se advierte en el tránsito vehicular en calles y carreteras, y en la cantidad de dealers que ofertan enormes cantidades de vehículos de la más diversa gama; así como en el auge de plazas comerciales, condominios, urbanizaciones, torres de apartamentos y oficinas, en las fiestas y espectáculos de casi todos los días, la proliferación de los drinks que venden bebidas importadas de todos los confines del mundo.
Y en suma, según una encuesta mipyme del Banco Central, para 2022-2023 había 56 933 establecimientos que se reportan como "bancas de apuestas" (formales e informales).
Esto se traduce en una banca cada 850 metros.
En el país hay más bancas de apuestas que escuelas. Se cuentan 10 615 centros educativos públicos, suma de escuelas primarias y liceos de educación secundaria.
Hay casi seis veces más bancas de apuestas que escuelas y liceos.
Todos los anteriores elementos son observables en todo el país, aunque mayoritariamente en los grandes centros urbanos. Y cabe preguntarse: ¿de dónde sale la renta para todo eso? ¿De las remesas solamente? ¿De las exportaciones de zonas francas? ¿De los ingresos del turismo? ¿Hay alguna otra fuente, desconocida?
Estamos bajo los efectos de un modelo económico y social singular, sobre el cual se levanta, y es garante, un régimen político centralizado, dominado por una oligarquía económica y política, que se turna en el poder a través de dos o tres partidos, cada uno de los cuales representa los mismos intereses, así tengan matices diferentes; y que es necesario analizar en sus particularidades y conexiones internas, para conocerlo, y sobre este conocimiento definir las líneas estratégicas para echarlo abajo.
El empleo clásico en fábricas e industrias es mínimo, lo que le quita espacio a la centralidad deseada de las demandas y reclamos de la clase obrera.
El componente más distintivo del caso dominicano es el peso de la informalidad. Una parte significativa de la población económicamente activa opera fuera de los marcos legales y de protección social, lo que debilita su capacidad de organización y representación.
Pero su inclusión en una seguridad social digna puede ser una demanda pública de enormes potencialidades. Eso plantea la necesidad de organizar, de constituir, esa enorme masa.
Las masas populares son numéricamente grandes; pero de composición muy heterogénea, y, desorganizadas, su poder es potencialmente fuerte, y en la realidad, muy limitado e imposibilitado de conquistar demandas significativas.
Un registro general de las luchas sociales en el país confirma que "el pueblo dominicano nunca ha dejado de luchar", lo cual es un hecho positivo en el cual debemos afincarnos para aportar subjetividad, dirección y rumbo, y para constituir el movimiento popular, de lo cual abordaremos más adelante.
Pero pone también en relieve la fragmentación del movimiento, no en tendencias necesariamente, sino en su composición y realización. Muchas acciones sociales son locales, focalizadas en barrios, municipios, provincias, y en casos regionales, especialmente en la región del Cibao, y las demandas suelen repetirse, pero varían entre movimientos y otros.
En los últimos 10 años (2015-2025) las luchas sociales más frecuentes, integradoras de diversos sectores y las más masificadas, son las que impugnan la corrupción y la impunidad; las que reclaman respeto al medioambiente y los recursos naturales.
Estas últimas son las que más han crecido y en la actualidad muestran mayores potencialidades para continuar y desarrollar, porque involucran lo social en tanto están relacionadas con el bienestar de varios conglomerados sociales; pero comportan lo político, nacional-patriótico, dado que se oponen a la política de los gobiernos de entregar la soberanía y el patrimonio natural del país al capital extranjero e imperialista.
Por lo uno y lo otro, constituyen, o deben constituir, un eslabón de extraordinaria importancia en el trabajo de las izquierdas.
Cuando se observan con detenimiento los movimientos sociales de los últimos tiempos sale a relieve que los que más pueblo han movilizado son los relacionados con la lucha contra la corrupción y la impunidad, como es el caso de Marcha Verde (2017); la defensa del medioambiente y los recursos naturales, como el caso del rechazo a la cementera en los Haitises (2009); en Loma Miranda (2011-2014); la presa de cola de Barrick Gold en Yamasá y Cotuí (2017, en curso); los casos de la mina de Romero en San Juan de la Maguana y de los intentos de explotación minera en la Cordillera Septentrional (2017 y en curso).
La lucha por el 4 % del PIB para educación (2010-2013) fue integradora de diversos sectores agrupados en la Coalición Educación Digna, liderada por la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), entonces presidida por la profesora María Teresa Cabrera; y alcanzó el nivel de apoteósica.
Han sido significativas las manifestaciones de rechazo a las AFP y ARS, y de reclamo a una seguridad social digna (2021 y en curso).
Pero es el caso que en ninguna de estas acciones la participación de la clase obrera y trabajadora ha sido dirigente; excepto en la del 4 % para educación, donde el magisterio participó de manera masiva y con espíritu de cuerpo bajo la dirección de su sindicato, la Asociación Dominicana de Profesores (ADP); y en menor medida, este mismo sector en la lucha por la seguridad social digna.
Es claro que asumimos al magisterio como parte del sector de trabajadores.
Otras expresiones que destacan en el período son las luchas por servicios básicos; son más constantes y extendidas desde el punto de vista territorial. Reclamos por agua potable, instalación de infraestructuras para electricidad; reclamo de hospitales, calles, transporte.
Demandas económicas y laborales, por salarios dignos y mejores condiciones laborales, destacándose las luchas de los médicos, maestros y algunos empleados públicos; y trabajadores organizados.
Un lugar importante lo ocupa las luchas de las mujeres por la igualdad de género, derechos reproductivos, las tres causales; contra los feminicidios.
Estas luchas, si bien no han logrado masificarse, ni ser nacionales en el sentido territorial, destacan por la sistematicidad y haber contribuido a crear un liderazgo popular de mujeres. Además, por el salto de calidad de las mismas, dado que, además de lo social y político, expresan un avance ideológico, en tanto erosionan valores dominantes de las clases dominantes como el machismo, y la influencia de algunas tendencias religiosas, sobre el papel de las mujeres en la sociedad.
Estas han avanzado a instalarse como reclamos de derechos generales, de las mujeres en particular, y cuestión de salud pública; por encima de valores morales impuestos por algunas creencias religiosas, especialmente la católica, dominante en la República Dominicana; y de los sectores más recalcitrantes en las tendencias evangélicas.
En síntesis, en los últimos 15 años en la República Dominicana las luchas sociales más frecuentes han tenido tres grandes ejes: 1.- La defensa del medio ambiente y los recursos naturales; la corrupción y la impunidad; que han sido los más integradores de la diversidad social y las que más masas populares han llevado a los escenarios de lucha. Puede decirse que estas demandas son las que más centralidad han concitado; es decir, capacidad de hacer confluir a una amplia diversidad de sectores sociales. 2.- Condiciones de vida (servicios sociales, agua, electricidad, empleo, costo de vida, seguridad ciudadana, desalojos, derechos de las mujeres), los más, focalizados en barrios, zonas y algunos municipios. Y 3.- Condiciones laborales y de seguridad social (aumentos salariales, seguridad social digna, rechazo a las AFP y ARS; reclamo de un código laboral justo, defensa de la cesantía); centrados principalmente en la ciudad capital, aunque se han expresado de manera intermitente en algunos municipios principales del interior.
Debe destacarse la heterogeneidad de las masas populares. Estas son un conjunto con diferencias de clase, género, territorio y ocupación, y esas mismas se expresan en las luchas sociales.
Su potencial de transformación política y social depende de cómo se logre unir esa diversidad, dotarla de conciencia y unidad de propósitos, es decir, constituirlas.
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