El mundo anda patas arriba: aumento de la violencia y las protestas en Europa y Estados Unidos, conflictos bélicos en el medio oriente, creciente polarización ideológica en Latinoamérica y disminución del Estado de derecho en República Dominicana con la mano dura: significante que busca legitimar las deportaciones arbitrarias y responder al auge de la delincuencia y la inseguridad ciudadana con el aumento de los homicidios policiales extrajudiciales.
Por un lado, la democracia supone un mínimo de reconocimiento y garantías de los derechos sociales y legales del otro o los otros, aunque sean una minoría. Necesita, una mínima capacidad de los gobiernos para dialogar, deliberar y llegar a un entendimiento en el marco de la diversidad de intereses y antagonismos sociales. Cuando esto se pierde, nos enfrentamos a una crisis de legitimidad de un Estado democrático de derechos y auge del autoritarismo.
Por otro lado -como bien ha establecido Manuel Castells en su libro Comunicación y poder- existe una estrecha relación entre la evolución de las tecnologías de comunicación y las formas de poder político. Con la evolución de la tecnología de la comunicación de masas: radio, cine, televisión y recientemente con la aparición del internet y las plataformas digitales se han diversificados también las formas del poder político.
En ese sentido, nuestra conjetura es que en la sociedad dominicana -además del malestar social y político- se ha configurado también una crisis cultural, debido al populismo mediático que está erosionando la cultura democrática dominicana.
Por tanto, vamos a sostener que: Primero, con el auge de las plataformas digitales como Facebook, Tik Tok, Youtube, Instagram, WhatsApp y otros, se ha producido una diversificación del poder político. Segundo, se ha estado produciendo una transformación de la comunicación pública. Estamos experimentando el fin de la ilusión de la comunicación libre y horizontal de la que hablaba Castells y pasamos a la comunicación tribal de los algoritmos, los trols y las granjas de bots; redes de dispositivos digitales diseñados para administrar y controlar de forma masiva la comunicación pública. Tercero, esto se traduce en que se ha erosionado la centralidad de los actores políticos, periodistas, académicos tradicionales y han adquiridos notoriedad los influencers mediáticos en la opinión pública y, cuarto, con el auge de la narrativa mediática: pasional, emocional, tribal, identitaria y conservadora nos enfrentamos a un progresivo deterioro del diálogo y la deliberación racional y plural propia del ideal de la cultura democrática.
La sociedad dominicana en la era digital
El contexto: Según los datos del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL), la conectividad digital en República Dominicana (2000-2025), posee una cobertura total. En 25 años, el país pasó de una conectividad marginal a una adopción casi universal. El acceso a internet creció con rapidez: el porcentaje de dominicanos que usan internet pasó de 3.7% en 2000 a 31.4% en 2010, 81.6% en 2020 y 91.0% en 2024 y, para 2025, algunas fuentes estiman 10.5 millones de dominicanos tienen acceso al Internet.
En relación a la telefonía móvil también se ha evidenciado un crecimiento bastante significativo: Para 2024, INDOTEL reporta 10.71 millones de suscriptores, 93.7 por cada 100 habitantes. Para el 2025, 11, 003,354 líneas móviles activas y más de 10 millones de suscripciones de internet móvil.
En relación al uso de las plataformas digitales más usadas en República Dominicana, tenemos que WhatsApp es la aplicación de mensajería dominante, tanto para el uso personal como para asuntos públicos. Según los estudios del profesor de sociología Julián Valdez, las plataformas digitales con mayores seguidores en la República Dominicana son: Tik Tok, con 7,900, 000, You Tube, con 7, 500,000, Facebook, 6, 100,000, Instagram con 5,100, 000 y otras.
Al margen de las desigualdades sociales y regionales en el acceso a Internet y las plataformas digitales, los datos evidencian que la cobertura de la comunicación digital en la sociedad dominicana es total.
La diversificación del poder en la era digital
En la era digital, ya no es suficiente el poder tradicional de las instituciones partidaria, del discurso legal-racional de la modernidad ilustrada, sino que estamos frente a un auge inusitado de la influencia del simulacro de los líderes políticos y de las narrativas emocionales que apelan a las pasiones tribales, al deseo de estar juntos –proxemía- ser parte del grupo, de los “nuestros”, en la construcción de poder político.
En el escenario político dominicano, frente a la creciente desconfianza de los partidos políticos tradicionales, la política se reconstruye con los simulacros de los líderes políticos; dejándose ver en las redes, conversando en las esquinas de los barrios, en los patios, los colmadones y hasta con su cerveza presidente en mano. Por otro lado, el discurso académico, legal, racional, deliberativo y propositivo no ha desaparecido pero su reconocimiento se ha reducido. Hoy compite con la narrativa nacionalista-identitaria, la agenda conservadora y con la retórica de la mano dura que debilita el Estado de derechos.
Sin embargo, debemos advertir que esto no significa, por sí solo, que en el país, el poder, es decir la influencia de los medios convencionales y los partidos en la construcción de la opinión pública y la preferencia política de los ciudadanos se haya desvanecido, tampoco que los actores políticos, ni la cultura política tradicional dominicana haya desaparecido. Más bien significa que, con el desarrollo de las redes y plataformas digitales se ha estado produciendo una diversificación de las formas de construir poder político.
Las plataformas digitales y la reconfiguración de la comunicación pública
El debate sobre la influencia de los medios de comunicación de masas en la política no es algo nuevo, en la tradición sociológica se remontan a la tesis fundacional de Antonio Gramsci sobre la hegemonía cultural, a los estudios de la teoría crítica sobre la cultura de masas, a Habermas y sus estudios sobre la opinión pública, a Louis Althusser y su tesis sobre los aparatos ideológicos de Estado, a Pierre Bourdieu y su crítica a la Televisión, como también a la tradición pos-estructuralista francesa de Debord, Baudrillard, Maffesolli, Lipovetsky y otros.
Sin embargo, sólo dos cosas queremos mencionar, por un lado, en la era digital, se ha producido una transformación de la forma de la comunicación pública: Las imágenes, narrativas, memes, videos, streamer en las plataformas digitales suelen privilegiar la brevedad, la aceleración, la simplicidad y, el entretenimiento para obtener la atención de los seguidores o la audiencia, propia de los medios de comunicación de masas. Los temas más complejos se reducen a consignas, mantras y frases políticas viriles. Y, por otro lado, se ha producido un cambio de los contenidos del discurso político: De los discursos conceptuales –que tanto gustaban al liderazgo ilustrado de Leonel Fernández, Balaguer, Bosch y Peña Gómez- hemos pasado a las narrativas “tragicómicas” que provocan polarización, miedo, burla, y risas como recurso de fortalecimiento de la identidad tribal-emocional de los seguidores, en detrimento del dialogo racional y plural.
Los influencers y la construcción de la agenda pública
A decir del filósofo y sociólogo Jürgen Habermas en la era moderna –ilustrada- la opinión pública se formaba a través de los encuentros de la clase media ilustrada, luego con los contenidos de los medios masivos (prensa, radio, TV) y de instituciones (partidos, iglesias, universidades) que tenían mayor profesionalidad y control, pero, en la era digital nos encontramos que los influencers se han convertidos en los creadores de contenido que mayor influencia ejerce en la opinión pública.
En la era digital, un influencers: es decir un joven con cierta o poca formación académica, pero con destrezas para manejar las plataformas y la comunicación digital, ha pasado a ser una mediación clave en la construcción de la agenda pública y las preferencias electorales de los ciudadanos.
El éxito o fracaso de un gobierno, las crisis sociales, fiscales, los traumas, chismes y escándalos políticos pasan por la mediación e interpretación de los influencers de las plataformas digitales.
En conclusión, parece ser que a Manuel Castells le ha salido el tiro por la culata. En la era digital, el populismo mediático está erosionando la cultura democrática dominicana: las plataformas digitales están desplazando a los medios convencionales, los simulacros de los líderes están debilitando el papel de los debates públicos, los influencers están ocupando el lugar de los académicos y periodistas profesionales, y las narrativas basadas en la identidad nacional, el conservadurismo y la mano dura, se están imponiendo frente a la cultura de derecho y el diálogo racional y plural en nuestra cultura política.
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