En los últimos días han circulado en distintas redes sociales comentarios con escaso sustento histórico sobre el nombre Playa de Muerto. Algunos sostienen que se denomina así porque en ese lugar se cometían asesinatos o porque allí ocurrían frecuentes ahogamientos. Otros intentan atribuirle cierta lógica al señalar que en el pasado funcionó en las cercanías el matadero de la ciudad. Incluso se ha llegado a establecer una confusión con Playa Los Muertos, ubicada en Río San Juan.

Es necesario aclararlo desde el principio. Playa Los Muertos, en el municipio de Río San Juan, provincia María Trinidad Sánchez, debe su nombre a que en ese espacio funcionó el antiguo cementerio municipal. Su denominación está directamente vinculada a sepulturas. Playa de Muerto en San Pedro de Macorís, en cambio, se ubica en el municipio cabecera, integrada al histórico malecón de la ciudad en su extremo oriental, y su nombre responde a una explicación distinta, documentada y asociada a la geografía marítima del lugar.

No existen registros que indiquen que Playa de Muerto haya sido históricamente un punto caracterizado por tragedias frecuentes. Por el contrario, es conocido entre los residentes que se trata de un tramo donde el mar pierde intensidad. Incluso personas con poca experiencia en el agua suelen percibir la diferencia.

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Vista de Playa de Muerto. Desde esta panorámica se observa la ensenada y la calma del oleaje. Fuente: Rodandoconluisrd, diciembre de 2024.

La explicación es geográfica. Si alguien se coloca frente al faro y observa el mar abierto, verá cómo el oleaje rompe con fuerza contra la costa. Sin embargo, al girar la mirada hacia Playa de Muerto, el contraste es evidente: el agua se torna más serena, el oleaje disminuye y la ensenada actúa como una especie de abrigo natural. Ese efecto visual y físico de calma es precisamente el que da sentido al término mar muerto, entendido en lenguaje marítimo como mar tranquilo, sin marejada intensa.

Precisamente en medio de estas interpretaciones recientes, hace algunas semanas el Ministerio de Turismo dejó iniciados los trabajos de mejoramiento del entorno de la playa que hoy las autoridades denominan como “El Faro”, en la ciudad de San Pedro de Macorís. Pero quienes somos de San Pedro y especialmente del barrio Villa Faro, sabemos que esa franja costera nunca fue conocida tradicionalmente como “Playa El Faro”, sino como Playa de Muerto, nombre con el que ha sido identificada desde mucho antes del establecimiento formal de la ciudad.

El uso del nombre “El Faro” es relativamente reciente en términos históricos y comenzó a generalizarse con el remozamiento del malecón y la construcción del parque próximo al faro costero. Aunque previamente ya se observaba cierta alternancia entre Playa de Muerto y El Faro para referirse al mismo espacio, fue a partir de esas intervenciones cuando la denominación funcional se consolidó y terminó desplazando progresivamente el nombre tradicional. Este proceso, probablemente impulsado por una lógica de promoción turística, ha ido debilitando la toponimia histórica y la memoria local, quizá de manera ingenua y sin intención deliberada.

Desde los primeros registros históricos, estas costas de Macoríx aparecen vinculadas al movimiento y al tránsito humano en el litoral oriental de la isla. Cayetano Coll y Toste, en su Historia de Puerto Rico, menciona la posible existencia de senderos indígenas que atravesaban el río “Macoríx de Higüey”, los cuales habrían servido como rutas de tránsito y eventual refugio de grupos indígenas de filiación caribe procedentes de la Saona. Estas referencias muestran que el litoral no era un espacio aislado, sino un territorio dinámico, integrado a la geografía estratégica del Este insular.

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Vista desde el Faro hacia la costa del mar Caribe en San Pedro de Macorís. Fuente: San Pedro Dice, diciembre de 2024.

El padre de la historiografía dominicana, José Gabriel García, señala que estos contornos del Este de la isla fueron hollados por las huestes de Juan de Esquivel en los primeros años del siglo XVI, durante el proceso de sometimiento de las poblaciones indígenas. Esta referencia documentada confirma que el litoral ya era un espacio reconocido y transitado dentro de la dinámica territorial de la Conquista.

Durante su visita a San Pedro de Macorís en 1852, el naturalista y explorador Robert Hermann Schomburgk, enviado por la Corona británica para estudios geográficos y científicos en el Caribe, dejó una descripción minuciosa de la bahía, los canales, los bajos y las playas del litoral macorisano. Schomburgk describe con precisión la ensenada formada en la desembocadura del río Macoríx, señalando los arrecifes que protegen el fondeadero, los bajíos, los canales navegables y las referencias costeras utilizadas por las embarcaciones. Su relato evidencia que este litoral funcionaba como espacio estratégico de navegación, como abrigo natural del mar y como límite marítimo de la ciudad en formación.

La bahía aparece en su descripción como una expansión de agua protegida, donde el oleaje disminuye y las condiciones resultan favorables para el fondeo de goletas y balandras. Esa serenidad interior, contrastada con el mar abierto, constituye una característica física determinante del lugar. Este testimonio científico del siglo XIX confirma que el litoral era entendido desde una lógica marítima y geográfica y, en ese contexto, el nombre Playa de Muerto encuentra coherencia en la tradición náutica que denomina mar muerto al mar calmado, quieto y protegido por la configuración natural de la costa.

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Playa de Muerto, San Pedro de Macorís, 1919. Fotografía facilitada por Francisco José Martino Martínez, en colaboración para Imágenes de Nuestra Historia.

Si algo nos hace sentir orgullosos a los petromacorisanos son nuestros célebres poetas. En sus versos y en su prosa quedó plasmada no solo la sensibilidad marina de esta ciudad, sino también la geografía de su memoria. Allí quedó fijado el nombre Playa de Muerto, mencionado con naturalidad por nuestro hijo adoptivo Rafael Alfredo Deligne, quien dejó constancia del lugar en su página marina A mojar la vela, escrita en 1892.

“Ya está la balandra detrás de la punta, y solo se ven sus masteleros sobresalir por encima de los grupos de vegetación. Ya deja a Playa del Muerto, donde tuvo sus misterios Cofresí, que dicen por acá, y donde algunas almas crédulas suponen que están enterrados sus tesoros: no sobresale nada por encima del monte, y sale por encima del horizonte la oscuridad de la noche.”

Esta cita es reveladora por varias razones. Deligne no inventa el nombre ni lo explica: lo constata. Lo menciona como parte del paisaje conocido, integrado a la geografía cotidiana del litoral. Y al mismo tiempo introduce una distancia crítica al escribir “que dicen por acá”, dejando claro que los supuestos tesoros pertenecen al ámbito de la creencia popular, no de la historia documentada.

Playa de Muerto siempre ha sido Playa de Muerto

Antiguo matadero ubicado en Playa de Muerto, San Pedro de Macorís. Fotografía compartida por Fred García, noviembre de 2025.

No se trata de ser capciosos ni de asumir una postura de molestia frente al tema. La toponimia no es un detalle menor. Nombrar un lugar es reconocer su historia, su geografía y su cultura. Sustituir Playa de Muerto por una denominación reciente implica dejar de lado un topónimo documentado, anterior incluso a la consolidación urbana de San Pedro de Macorís y profundamente ligado a la navegación y a la condición natural del mar.

Con ello no se pretende expresar un desacuerdo absoluto con las iniciativas de mejora o promoción del área. Lo que invita a reflexión es que cualquier transformación urbana debería considerar también la memoria histórica. Porque modernizar no significa borrar, y embellecer no debe implicar olvidar. Playa de Muerto forma parte de la identidad marítima de San Pedro de Macorís, y en sus aguas serenas también navega la historia de la ciudad.

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Playa de Muerto, San Pedro de Macorís” (Joel Pinales, enero de 2025).

Ramón Díaz Mejía

Historiador y Escritor

Historiador y escritor. Docente de Historia en Ministerio de Educación Trabajó como Director en Colegio Pestalozzi Estudia "Doctorado en Ciencias de la Educacion" en Humboldt International University Estudió Maestría en Tecnología Educativa en Universidad Central del Este Estudió Educación Mención Ciencias Sociales en Universidad Central del Este.

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