¿Qué conecta estas transacciones? Eso, que son intercambios guiados por un orden de preferencias en que seres humanos, no colectivos, revelan con su acción la opción que consideran más favorable en un momento determinado, en las proporciones que cambian de propiedad a un precio o razón de consenso.
En las dos primeras participan colectivos (una alcaldía y dos gobiernos), pero al final se revela una acción de un ser humano, algo que no vemos claro por la costumbre de atribuir por comodidad del lenguaje conductas a los países u organizaciones. República Dominicana, por ejemplo, ni exporta bienes ni recibe remesas. En cada extremo está el dueño de un furgón de café que lo envía a otra persona que se despoja de dólares para tener esa mercancía en su almacén; sin documentos de identidad nadie envía o recibe transferencias unilaterales personales del extranjero.
La Alcaldía del ADN hace tiempo ofrece un trato de plásticos por juguetes que ha logrado seis jornadas concurridas y exitosas. Cada padre o tutor de uno de los niños o jóvenes favorecidos indica con su presencia y la aceptación del intercambio que está más feliz con la bicicleta que haciendo otra cosa. Se sabe que descartó otras opciones en que podía usar los pocos recursos que se gastan o el tiempo en la actividad. La alcaldía reparte refrigerios con equipo de animación para hacer más llevadera las filas, de manera que el gasto principal debe estar en transporte o compra de algunas botellas si no se está seguro de llegar al peso para cambiarlas por los juguetes deseados.
Lo que se entrega tiene un precio de referencia que permite evaluar la decisión de ir o no a la actividad. Se tiene información de la marca y modelos a repartir, eso permite consultar el precio en tiendas, comparar con lo disponible para comprar una y decidir si vale o no la pena acompañar nuevamente a Carolina Mejía en la actividad. Las redes sociales que transmiten en vivo Plástico x Juguetes muestran a todos los que simpatizó la idea de recibir una bicicleta por una simple y significativa contrapartida que promueve el reciclaje de plásticos.
Hermoso que a cambio de los juguetes se hagan esas entregas que levantan conciencia sobre la situación del medio ambiente. También que en el esfuerzo se involucren empresas privadas a través de sus programas de responsabilidad social corporativa, voluntariados y grupos que trabajan antes, durante y después del evento para que cada uno supere al anterior en organización.
¿Petrocaribe nos regaló bicicletas y a la hora de comprarle la deuda no fuimos agradecidos porque le pagamos con botellas plásticas? ¿Por ahí va el asunto? Bueno, Petrocaribe sí nos vendió a precio de ganga bicicletas buenísimas, sin importarle que a muchos niños venezolanos empezaba a faltarles bicicletas, pan, leche y morrales, como por allá se refieren a nuestras mochilas. Pero, volviendo a que los colectivos no actúan, el regalo venía de Hugo Chávez, no de Petrocaribe, y se manifestaba en los compromisos de pagar una deuda a menos de la mitad del costo al que el gobierno dominicano emitía bonos soberanos. Un Maduro cada vez más pobre, que hundía a su país en las calificaciones de deuda soberana, siguió dando regalos al vecino que todos los años progresaba.
La asimetría visible no tardó en levantar el interés de actores privados para participar en una operación de recompra. Danilo y Maduro se enteran, lo entienden, se llaman y acuerdan resolver deuda bilateral entre dos, nada de volverla tripartita en lleva y trae que no aporta valor. ¿Pero no le debíamos más de cuatro mil millones en juguetes y le pagamos como dos mil, no nos aprovechamos de la nobleza de Maduro? Eso llegaron a pensar algunas personas en su momento, pero en mercados organizados de bonos existe un margen estrecho para negociar porque los precios y rendimientos se forman de manera continua por transacciones reales, no por encuestas de opinión. Compramos la deuda de Petrocaribe a los precios que daba un rendimiento similar a la valoración de la deuda soberana dominicana. Maduro así entendió lo que es un verdadero precio justo, algo que por aquí nunca parece comprenderá LIDOM.
Los organizadores del torneo de pelota volvieron otra vez con su esquema de venta de pechuga y mulo corto a los mismos precios, esa política de todos los juegos al mismo precio que provoca el deprimente espectáculo de estadios de pelota vacíos cuando no están los equipos más populares. Con un Licey jugando mal en la primera etapa del torneo, la actividad del mercado negro fue escasa y, en consecuencia, pocas oportunidades para que PROCONSUMIDOR volviera al ridículo de querer evitar la corrección de precios alrededor del estadio para los juegos donde se demanda el triple de los asientos disponibles.
En la serie final recuerde que la pareja de aguiluchos de Santiago que vino a la capital sin taquillas estará feliz de haber encontrado una pareja de capitaleños escogidistas dispuesta a recibir diez veces más el valor nominal de la taquilla:
Una valora más la satisfacción de ver a las águilas masacrar leones en su estadio pagando ese precio, que ahorrarse el gasto y ver el partido en pantalla gigante en un bar deportivo; la otra, todo lo contrario, valoran más el efectivo, ver su equipo perder en televisión y olvidar la derrota alquilando dos bicicletas en la zona, donde Carlos le recuerda que es “la favorita cuando canta y su cadera se mueve como un barco en las olas.” ¡El mercado libre es tan hermoso como Shakira! Eddy Alcántara que busque oficio.
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