El primer ministro de Economía del primer cuatrienio del presidente Luis Abinader (2020-2024), profesor Miguel Ceara Hatton, durante uno de sus primeros viajes a Pedernales en el marco de la asunción oficial de la iniciativa del desarrollo turístico, hizo una recomendación trascendental para el devenir de la comunidad, que, sin embargo, pasó sin penas ni glorias: concentrarse en lograr el desarrollo integral y el bienestar general como única salvación comunitaria.

Había que capturar el momento. Era un notición que un funcionario de primer nivel se confesara de tal manera, aunque fuese en conversación marginal, en tono bajo, fuera de la estridencia de un fogoso discurso político ante una masa delirante. La costumbre nacional es la distracción con mentirillas.

Como economista con experiencia en mediciones del Índice de Desarrollo Humano, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), observaba que no bastaban los empleos generados por el turismo.

Tenía toda la razón del mundo. Con un proyecto de destino que arrancaba de cero, guiado por un “master plan” bajo la promesa de turismo sostenible, había que pensar no solo en crecimiento económico, sino en el bienestar biopsicosocial y económico de los provincianos. Lo humano, primero, que no es lo mismo ni es igual.

Porque de nada valdría un salario de unos cuantos pesos si es malo el estado de salud mental y físico de la sociedad; si no hay acceso a educación de calidad; si el medioambiente y el subsuelo están podridos; si no hay viviendas dignas, si la seguridad pública es vulnerable y viene en camino un desalojo catastrófico que la gente aún no percibe por estar anestesiada.

No se trata de la expulsión de ocupantes de terrenos ajenos por parte de la autoridad, como se ha visto durante los últimos días. Es un autodesalojo que ocurrirá con careta de espontáneo cuando los reales pedernalenses, agobiados por la carestía, ya no puedan vivir donde han vivido.

Imposibilitados de competir con poderosos que llegarán al territorio a disputar los espacios para readecuarlos conforme las demandas de los consumidores de mayor nivel socioeconómico, los pueblanos terminarán arrinconados en la periferia o se marcharán a probar suerte en otras tierras.

Ante la falta de un plan maestro provincial, los fenómenos de la gentrificación y la turistificación comienzan a dar los primeros rafagazos. En poco tiempo, la repercusión social será muy grave, pero nos negamos a ver la realidad porque el poder económico y político, con su retórica, instalan en el imaginario colectivo la ilusión de un salario como sinónimo de desarrollo integral y bienestar general.

El enfoque integral en el desarrollo humano implica proporcionar educación de calidad, garantizar una buena salud, un entorno seguro y una participación activa en la sociedad con el objetivo de promover una vida digna y satisfactoria para todas las personas, conforme sus necesidades, derechos y capacidades.

Y el desarrollo sostenible deviene en “pilar clave en el marco del desarrollo integral que busca equilibrar las necesidades económicas, sociales y ambientales para garantizar un bienestar a largo plazo. Es decir, que el desarrollo satisfaga las necesidades presentes sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas”.

A la vuelta de los años, nuestra provincia de la frontera suroeste vive de espaldas a esos criterios, cocinándose en su propia salsa, esperanzada solo en salarios de sobrevivencia que, en general, no sobrepasarán el precio de la canasta familiar (Cerca de RD$50,000, según datos del Bancentral).

Peor aún: luce sin rumbo, sobreviviendo al día a día y carente de un liderazgo que la acompañe en la búsqueda del bienestar general y ponga en su agenda diaria temas de altísimo interés local para construir comunidades saludables.

Si no se busca construir un mundo de burbujas para manipular a electores incautos, los temas prioritarios del del discurso del liderazgo local político, empresarial, religioso y social deberían ser: el narcotráfico y su impacto en la competencia comercial, la seguridad pública y el envenenamiento de la juventud; el reclamo de alcantarillado pluvial y sanitario con planta de tratamiento; sistema de recolección de desechos sólidos moderno para eliminar los botaderos…

Planes de viviendas, construcción de una cárcel para erradicar del centro del pueblo la ergástula hacinada que viola principios elementales de derechos humanos; la terminación urgente de la carretera Barahona-Pedernales, la única de acceso, hasta ahora a cuentagotas; la carretera Aceitillar-Puerto Escondido, Duvergé, muy necesaria como alternativa, histórica y turística; un mercado municipal que sustituya al que existe desde los años 50; un nuevo palacio de justicia.

La narrativa propagandística oficial que fluye de boca en boca de funcionarios, dirigentes del partido oficialista, voceros mediáticos y en publicity (propaganda  enmascaradas como noticias y reportajes) evidencia una estrategia de alineación en torno a la falacia de que Pedernales ha sido sacado de la incivilización, al presentar, como si fueran obras municipales, los hoteles, la terminal de cruceros, obras hidrosanitarias y vías de acceso de Cabo Rojo, junto con al aeropuerto internacional en construcción en el paraje Tres Charcos, de Oviedo.

En los discursos oficialistas subyace el ocultamiento del gran desbalance entre la ciudad de lujo en construcción, 23 kilómetros al sureste del pueblo, versus la ciudad del padecimiento, huérfana de proyectos vitales de cara al bienestar general.

La propaganda mediática es apabullante; no deja brecha para las voces que apuestan a precisar verdades y desmontar mentiras. Solo hay espacio para repetir, en coro, que todo es maravilloso; la crítica constructiva a lo otro, a lo negativo, queda excluida, lo cual es muy negativo para el destino y las personas que habitan los municipios, pero -a la larga- también lo será para el Gobierno.

Tony Pérez

Periodista

Periodista y locutor, catedrático de comunicación. Fue director y locutor de Radio Mil Informando y de Noticiario Popular.

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