Cuando a principios de empezar su segundo mandato en la Casa Blanca, el presidente Donald Trump dijo que China tenía que salir de Panamá y dejar de usar el Canal, «pues nosotros no construimos este Canal para que ellos lo usen a su antojo y pagando menos que nosotros y nuestros aliados por su usufructo». La suerte estaba echada. Ya una lucha por la supremacía geopolítica y geoeconómica se avecinaba en la subregión centroamericana, ya que la presencia de China estaba más que acentuada desde hacía más de 15 años con la llegada a Costa Rica y la gran relación que ellos tienen con México en la Mesoamérica amplia.

China aterriza en Panamá el 13 de junio de 2017, en el gobierno del presidente Juan Carlos Varela, cuando se produce el rompimiento de relaciones con Taiwán en medio de una creciente ola de resquebrajamiento diplomático en la región con la isla de Formosa bajo el alegato de Pekín de «una sola China». Luego vino El Salvador en agosto de 2018, seguido de República Dominicana en 2019 y Honduras en 2021. Pero Panamá es la espinita en el zapato de los Estados Unidos por ser su aliado estratégico y elemento clave del comercio mundial de las Américas con los demás continentes, ya que el Canal de Panamá es el paso crucial de los bienes y productos entre los continentes y la región.

Por el Canal de Panamá pasa entre el 5 % y el 6 % del comercio marítimo mundial. Para ser más exacto, entre 2024 y 2025 por el Canal circuló el 5 % del comercio marítimo mundial, es decir, 500 millones de toneladas al año. Hágase una idea: conecta 189 rutas marítimas y 1920 puertos en el mundo, pasando más de 14 000 buques al año. De ahí su altamente estratégico espacio para cualquier país. Por eso, China y Estados Unidos se disputan la influencia en este momento de hegemonía político-comercial en el mundo, aun y a pesar de que se está achicando su caudal de agua por efecto del cambio climático.

¿Y por qué ahora está la relación casi rota en este gobierno del presidente Raúl Mulino? Porque Mulino es un adlátere de los gringos y llegó puesto por ellos para que se diera un cambio de rumbo del país centroamericano en todos los sentidos, específicamente en lo político y comercial. Cuando Panamá rompió con Taiwán y reconoció «una sola China», automáticamente entró de lleno en la «Iniciativa de la Franja y Ruta de la Seda» de China. China, que buscaba paso libre por el Canal para sus productos y mercaderías, se volvió el segundo usuario más importante del Canal después de EE. UU. China usa mucho más la ruta para enviar contenedores a la costa este de EE. UU. y Europa. Vinieron los acuerdos de usufructo de puertos, como es el caso de la empresa china CK Hutchinson Holdings, que opera los puertos de Balboa y Cristóbal en la entrada del Canal desde 1997. Para que se tenga una idea: en 2024 movió el 39 % de los contenedores que cruzaron por los puertos panameños. Y eso no le hace ninguna gracia a la Administración Trump, pues su identidad como gobierno se basa en la imposición de aranceles a todo lo que se mueva de comercio por el mundo y más si es mercancía de cualquier índole que lleve el nombre de Made in China.

Hoy, y esta es parte de la controversia con Panamá, es que por mandato expreso de EE. UU., pues la presión marcada del gobierno y los funcionarios de Trump y de él mismo directamente con sus declaraciones, el gobierno panameño ha empezado la ruptura de todos los acuerdos de administración de los dos puertos mencionados y ha abierto un litigio a nivel de las cortes comerciales que trabajan para dirimir estos desafectos a nivel global. Desde que asumió la primera magistratura del país centroamericano, el presidente Mulino ha estado muy ocupado con el tema del Canal de Panamá y las tensiones con China empezaron con la retención de buques de bandera panameña.

Para el 30 de enero de 2026, la Corte Suprema de Panamá declaró «inconstitucional» el contrato vigente que desde 1997 le daba a Panamá Ports Company (PPC) la operación de los puertos de Balboa y Cristóbal en el Atlántico panameño. Automáticamente la renovación de 2021 también se cayó. La Corte dijo que la concesión favorecía «desproporcionadamente a la empresa, sin justificación y en detrimento del Estado». Lo mismo dijo que «la renovación de 2021 se hizo sin la aprobación de la Contraloría y sin renegociar condiciones, violando normas panameñas».

China, por lo pronto, fue a las cortes de arbitraje internacionales, pero la Autoridad Marítima de Panamá asumió la operación directa de Balboa y Cristóbal desde el 23 de febrero de 2026. China, como nación, habló, aunque la empresa es una subsidiaria de una empresa matriz de Hong Kong/China, y dijo la autoridad china que había que «resarcir todos los gastos de la infraestructura que por años habían erigido»; de lo contrario, no saldrían de esos puertos así por así. Pero poco importó. El presidente Mulino le dio en concesión temporalmente a la empresa portuaria y de contenedores Maersk, de Dinamarca, hasta que se haga una nueva licitación. Los chinos y la empresa reaccionaron contra Panamá y empezaron una acción de arbitraje internacional alegando «graves daños» y «campaña del Estado», amenazando a Maersk si asume los puertos sin su consentimiento.

Todas estas acciones son apuntaladas por las autoridades estadounidenses, que ven ese litigio como una oportunidad de oro para ir quitando hegemonía a China en el país, el Canal y la región, ya que es muy evidente que China entró con fuerza en el istmo desde que Costa Rica rompió con Taiwán y acogió las inversiones del gigante asiático en agricultura, tecnología, educación y deportes, con su Estadio Nacional, modelo de la región, entre otros renglones.

Si se mira en perspectiva, el segundo país de Centroamérica que empezó la relación con China para 2018 fue El Salvador, en el gobierno del izquierdista partido FMLN, ya casi «al echarse las palomas», agosto específicamente, y realmente los acuerdos de inversión y demás no los disfrutaron estos, sino que se ha visto hacerse una realidad en el gobierno del presidente Bukele, quien sí ha sabido «ordeñar la teta de los chinos».

A saber: les donaron un puerto turístico, El Puerto de la Libertad; le construyeron una biblioteca única, que es motivo de admiración en la región, siendo la más moderna y dotada tecnológicamente; le están construyendo el estadio de fútbol más impresionante y moderno de toda Centroamérica, con capacidad para 50 mil aficionados sentados, y están entrando a las licitaciones para el desarrollo del Tren del Pacífico, que está en estudio, y el tren subterráneo de la capital, en fase de estudio. Y es que los chinos no regalan nada; ya vienen por lo suyo, pues ese dinero que disque han donado es parte de los acuerdos: los constructores, la mano de obra y la empresa son chinas también. Ah, y ya están empezando a construir la nueva sede del Centro Internacional de Ferias, Eventos y Convenciones, mejor conocido como CIFCO, una megaobra que hará de San Salvador un referente en la región. Por eso, ese Nayib sí sabe… es quien más provecho les ha sacado a los chinos sin romper sus relaciones con Trump; muy por el contrario, están en su mejor momento. Cosa que no era posible al término del primer mandato del presidente estadounidense cuando los chinos estaban plantando su hegemonía en «el Pulgarcito de América».

Volvamos a lo nuestro. Pero ¿qué ha hecho China luego de tantas controversias? Empezó dura, pero después bajó el tono. Empezó muy agresiva. La Oficina de Asuntos de Hong Kong y Macao calificó el fallo de la Corte Suprema de «extremadamente absurdo», de «vergonzoso y patético», y advirtió que Panamá pagaría un alto precio. Pekín dijo que tomaría «todas las medidas necesarias» para defender a sus empresas, como tenía que ser. China empezó a ejercer una presión comercial e intensificó detenciones e inspecciones de buques con bandera panameña en sus puertos, lo que llevó a que tres de cada cuatro buques fueran inspeccionados. Estados Unidos, Costa Rica y otras naciones acusaron a China de «politizar el comercio marítimo» y de ejercer «presión económica selectiva». Pero para abril de 2026, China le comunicó a Mulino, presidente de Panamá, que reconoce que esto es una «controversia de mercadería» que se resuelve en los tribunales de Nueva York, no como conflicto entre países. El presidente Mulino dijo más tarde que «la tensión había comenzado a disminuir».

En geopolítica, es más importante lo que no se dice públicamente que lo que se dice. Si no, mire las declaraciones de Donald Trump y las de Benjamín Netanyahu respecto de su desacuerdo con el término de las hostilidades en la guerra contra Irán, Hezbollah y otras escaramuzas: es teatro. A los dos les conviene que se crea que están en desacuerdo, pero al operar en el teatro de las hostilidades ninguno se toma represalias ni dice una palabra. Son los acuerdos tácitos de que el enemigo común, en este caso Irán, hay que desbancarlo de la forma que sea. Para el mundo simple están rompiendo, pero para el mundo de las profundidades están más unidos que nunca en sus objetivos comunes.

En el caso que nos atañe, Panamá hizo, si se quiere, lo correcto en lo legal, no en lo geopolítico, pues fue muy arriesgada la jugada. Es verdad, la Corte Suprema anuló los dos contratos por las razones que sean: falta de aprobación por la Contraloría y las condiciones de «la ración de Boa», todo para mí y nada para ti con respecto a las ventajas de China. Si se ve en perspectiva, es defender la soberanía del país. Si no se tocaba en ese momento, otro gobierno lo haría; Mulino tuvo la valentía. Lo que pasa es que, si te metes con CK Hutchison, te metes con China, y China desde hace un buen tiempo es el segundo usuario del Canal; por eso esa decisión dolería mucho en los estamentos políticos y más en lo económico, aunque Estados Unidos gritara que ya estaba bueno de quitarse los pantalones para que China hiciera lo que hiciera suavemente.

Por la parte de China, gritó al principio, pero luego se apaciguó muy sabiamente. Presionaron con la retención de barcos; funcionó, pero a largo plazo puso las alarmas a otros socios comerciales del gigante asiático. Porque muchos se asustaron: el caso de Guyana, Costa Rica y el mismo Estados Unidos; todos salieron a defender a Panamá. China, si se quiere, quedó como el que «castiga comercialmente», no EE. UU., que de verdad es el malo de la película, el que está poniendo los aranceles a diestra y siniestra, arbitrariamente. Pero es cuestión de la supervivencia del dólar y su hegemonía económica respecto a la avalancha de China y los otros países de los BRICS.

Panamá le dio ganancia de causa a EE. UU., pues Trump lleva años diciendo que «el Canal está en manos chinas»; si se ve en perspectiva, esta batalla la ganó Estados Unidos sin tirar un solo tiro. Por eso Panamá les quitó las concesiones de los dos puertos a China y se las dio a EE. UU. Hay que decirlo: ellos no operan los puertos, pero tienen aliados haciéndolo, que es lo mismo. A largo plazo, Panamá será el ganador si licitan bien a otros interesados. Si meten más competencia y transparencia pueden subir peajes portuarios y repartir los riesgos. Como dije anteriormente, hoy el 39 % de los contenedores los movía Hutchinson. Para los gringos eso era un peligro latente geopolíticamente hablando. Estratégicamente, Mulino la jugó bien: les quitó los puertos sin romper con China. Económicamente, según los analistas, habrá uno o dos años de dolor, pero a largo plazo Panamá gana soberanía económica. Si lo vemos en perspectiva, negociar un acuerdo con Hutchison sería lo más conveniente y no diez años de arbitraje y litigios en cortes. Panamá y Mulino eligieron bien, eso dicen los analistas: «hoy está en la mesa de los grandes sin tener ejército y sin ser de los que ponen las reglas». Eso se hace, siguen diciendo los analistas, cuando se juega con leyes y diplomacia. Mulino puso en jaque a un gigante; esta vez le salió bien, obviamente, con el respaldo de su amigo Trump, que ahora echa este pleito con los chinos donde quiera que haya la menor oportunidad. Esa es la geopolítica de la economía en el siglo XXI. Vendrán otros escenarios; que Dios nos coja confesados.

Dionisio De Jesús

Diplomático, poeta

Dionisio de Jesús. Poeta, diplomático, mercadólogo y especialista en comunicación política. Estudió educación, mención filosofía y letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Realizó estudios de Postgrado en Mercadeo en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD), donde impartió docencia; obtuvo Maestría en Mercadeo, Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, (PUCMM), donde también fue docente y terminó una especialización en Comunicación Corporativa (publicidad de imagen y relaciones públicas) en España, Young & Rubicam, Madrid, España, homologada por la Universidad Complutense. Diplomado en Diplomacia Cultural, auspiciado por la Cancillería de Costa Rica, la Cancillería de El Salvador y la Embajada de la República Dominicana en Costa Rica. Cursó una Especialización en Negociación y Diplomacia Climática, Instituto de Educación Superior en Formación Diplomática y Consular, INESDYC, Cancillería de la República Dominicana. Taller-Diplomado: “Conociendo la Institucionalidad del SICA”, impartido por el Instituto Centroamericano de Administración Pública-ICAP, la Embajada Dominicana en Costa Rica. Diplomado y Especialización sobre el Sistema de la Integración Centroamericana, Niveles I y II, auspiciado por la Cancillería de El Salvador, Sistema de la Integración Centroamericana, SICA, Vicepresidencia de El Salvador y la Fundación Alemana, Hanns Seidel Stiftung., pendiente presentación trabajo final para optar por el grado de Maestría. Ha publicado 12 libros de poemas; sus textos han sido antologados en más de 15 antologías en República Dominicana y el extranjero. Laboró como Director Creativo en las más grandes y prestigiosas agencias de publicidad de su país, entre los años de 1987-2004. Ha sido profesor de marketing, publicidad y comunicación en universidades de República Dominicana y El Salvador. Ha sido consultor de campañas políticas en su país, El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Honduras, entre los años 2000-2025. Produce desde El Salvador, el Podcast:” Bitácora Centroamericana y Caribeña”, cada lunes a las 7:00 PM, hora de El Salvador, trasmitido por YouTube y Facebook a través de la plataforma Cronio TV.

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