José Ignacio Paliza llegó al Senado en 2016 venciendo todos los pronósticos adversos. No era el principal dirigente provincial del PRM ni se le reconocía como el líder político dominante.
Ganó la senaduría con 84,585 votos, en una elección favorecida por la alianza del PRM con el PRSC (que le aportó el 22.39% de los votos) y el PUN (que le acreditó el 13.05%), además de otras organizaciones que formaron una coalición de apoyo. También le benefició la división interna del entonces poderoso PLD entre Francis Vargas, del sector de Leonel Fernández, y Javier Clark, del área de Danilo Medina.
En esos comicios el PRM sólo ganó dos senadurías: La de Paliza y la de Santiago Zorrilla, por El Seibo, una provincia más pequeña que Puerto Plata en términos políticos. En el Congreso, Paliza fue escogido portavoz oficial del PRM y esa condición lo llevó, automáticamente, a ser miembro del Consejo Nacional de la Magistratura y a ostentar la más alta voz, como legislador y en representación de su partido, en importantes posiciones de poder del Estado. Estas credenciales fueron el aval para que, sin ser líder nacional, lo escogieran (en junio de 2018) como presidente del PRM, posición que ostentó hasta el pasado 9 de agosto y cuyo traspaso formal, a Luis Abinader, se hizo efectivo el día 6 pasado.
Paliza presidió el PRM durante el tránsito de la oposición al poder y lo hizo con un estilo esencialmente institucional, ganando influencia sin convertirla necesariamente en personalismo político. Su salida de la presidencia del PRM se produjo sin que dejara tras de sí una estructura interna diseñada para sostener su liderazgo y hoy sólo ocupa el Ministerio de la Presidencia y mantiene una relación de confianza con el presidente Abinader.
Ahora su escenario ha cambiado. Con las elecciones de 2028 en el horizonte, Paliza ha aumentado su presencia política en la provincia. Ha surgido entonces la posibilidad de que vuelva a competir por la senaduría, aunque él no ha confirmado públicamente esa intención.
Otros dirigentes del PRM tendrían interés en la posición (Ginette Bournigal y Emil Rodríguez) pero una eventual decisión de Paliza modificaría el escenario interno ya que él representaría la candidatura de un político que en poco tiempo pasó de obtener una senaduría que muchos consideraban difícil a convertirse en presidente de su partido y ocupar uno de los cargos de mayor relevancia del Gobierno.
Paliza, como candidato, tendría ventajas evidentes: conocimiento del electorado, experiencia legislativa, relaciones nacionales, capacidad de interlocución, una considerable experiencia en el manejo de estructuras políticas e institucionales… ¡y apoyo del presidente de la República y líder del PRM!
Pero tampoco sería una elección automática. La oposición podría intentar nuevamente una candidatura unificada, como ocurrió en 2024 con Walter Musa. Además, el Gobierno habrá acumulado ocho años de ejercicio del poder, con el inevitable desgaste que acompaña a toda administración y con el balance de sus promesas, realizaciones y pendientes.
Por eso, 2028 representa para Paliza algo más profundo que una eventual candidatura senatorial: representa una decisión sobre su futuro político.
El poder institucional que hoy posee no es transferible automáticamente de una administración a otra. Cualquiera que sea el resultado presidencial de 2028, difícilmente él conservará las mismas responsabilidades y el mismo nivel de acceso al poder que actualmente disfruta.
La senaduría podría ofrecerle, en consecuencia, una plataforma para preservar y ampliar su presencia nacional. Con una mayoría del PRM, podría proyectarse hacia la presidencia del Senado; en un escenario adverso, podría convertirse en una de las principales voces opositoras. En ambos casos conservaría algo esencial para cualquier político, como sería una tribuna propia.
Paliza llegó a la política nacional sin que se percibiera, inicialmente, la dimensión que podía alcanzar su trayectoria y 10 años después la perspectiva es distinta. Ahora la decisión no es sobre hasta dónde puede llegar, es qué hará con todo lo que ha conseguido.
Puerto Plata podría volver a ser, como en 2016, el escenario donde José Ignacio Paliza defina el próximo capítulo de su carrera política.
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