La guerra de Donald Trump en Irán está impulsando un auge en la producción y exportación de petróleo y gas en las Américas, mientras los clientes se apresuran a asegurar un suministro confiable en medio de la comprensión cada vez mayor de que las disrupciones en el Medio Oriente podrían prolongarse.

Según Rystad Energy, países desde Canadá hasta Brasil han registrado récords de producción este año, y la producción total en Norte y Sudamérica va en camino de aumentar un 10 por ciento en el período de dos años que finaliza en diciembre de 2026.

Venezuela y Surinam están a punto de aumentar drásticamente su producción tras una ola de inversiones por parte de empresas petroleras occidentales; además, la producción en EE. UU. también está aumentando, con un incremento del 15 por ciento en las exportaciones de crudo y productos derivados del petróleo —como el diésel— a Europa, Asia y Oceanía.

«Doctrina Donroe»

A siete meses del comienzo de la guerra, algunas partes de las Américas, en particular Venezuela y Argentina, están comenzando a surgir de la manera como Trump se lo imaginó a través de una política que él denominó la «doctrina Donroe»: una esfera de influencia liderada por EE. UU. con vastos recursos energéticos y con el potencial para contrarrestar otros centros de poder energético globales, como el Medio Oriente.

Los mercados mundiales han perdido más de 2 mil millones de barriles de crudo debido a los ataques contra la infraestructura petrolera y los buques cisterna en el estrecho de Ormuz. La disrupción en el Medio Oriente ha provocado un prolongado aumento en el precio del petróleo, del gas natural licuado (GNL) y de los productos derivados del petróleo, y está llevando a los clientes e inversionistas a diversificarse mediante la firma de contratos de suministro y el aumento de la inversión en las Américas.

Los analistas señalaron que el auge del petróleo y del gas está transformando las economías de Sudamérica y consolidando aún más a las Américas como un contrapeso al Medio Oriente.

Las Américas no pueden sustituir por completo el suministro de bajo costo proveniente del Medio Oriente, pero están moderando los precios globales y, en el futuro, limitarán el poder de fijación de precios de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), afirmaron ellos.

«Incluso los países del Golfo buscarán diversificarse invirtiendo en las Américas», dijo Daniel Yergin, vicepresidente de S&P Global. «Esta disrupción está sacudiendo las cadenas de suministro y generando un nuevo desarrollo energético regional», agregó.

Schreiner Parker, analista de Rystad Energy, señaló: «El aumento de la producción en el hemisferio occidental le ha quitado al Consejo de Cooperación del Golfo, en particular a los sauditas, la discreción sobre los precios a mediano plazo. Venezuela, Argentina, Guyana, EE. UU. y Canadá van a desempeñar un papel en ese escenario».

Argentina es uno de los mayores beneficiarios de este cambio, conforme una década de desarrollo comienza a dar frutos en Vaca Muerta, uno de los yacimientos de esquisto más grandes del mundo. El presidente Javier Milei, un aliado del presidente Trump, activamente ha buscado atraer inversiones de la industria petrolera. Según datos publicados el lunes por la agencia nacional de estadísticas, el rápido aumento de la producción de petróleo contribuyó a que las exportaciones totales de Argentina superaran los 10 mil millones de dólares por primera vez en septiembre.

Este mes, TotalEnergies anunció que invertiría 10 mil millones de dólares en el país, destinados a nuevos desarrollos en alta mar y a la expansión de sus existentes proyectos de gas terrestres. En agosto, Harold Hamm —el magnate estadounidense del petróleo de esquisto y destacado partidario de Trump— dio a conocer una campaña de perforación de varios miles de millones de dólares en Vaca Muerta.

«En mi opinión, contar con un contrapeso al suministro proveniente del Medio Oriente es muy importante para la seguridad energética mundial, y pienso que será beneficioso para EE. UU. en el futuro que las compañías estadounidenses inviertan en Sudamérica y aumenten la producción», le comentó Hamm al Financial Times (FT).

Chevron es uno de los mayores inversionistas extranjeros en Argentina y ha aumentado la producción de crudo en El Trapial —un yacimiento de petróleo de esquisto en Vaca Muerta— de 5.000 a 40.000 barriles equivalentes de petróleo al día en apenas tres años. En los próximos diez años, Chevron planea invertir 13.800 millones de dólares en El Trapial y triplicar la producción en Argentina, donde tiene una participación no operativa en otros dos proyectos.

Ana Simonato, directora nacional de Chevron para Argentina, afirmó que el conflicto en el Medio Oriente había enviado una clara señal sobre la importancia de la diversificación estratégica.

«Es por eso por lo que Argentina está cobrando importancia dentro de esa cartera global», señaló Simonato. «Se ve cómo lugares como Canadá y otras regiones se perfilan como prometedoras perspectivas».

El mes pasado, el Banco de Exportación e Importación de EE. UU. anunció un financiamiento de 7 mil millones de dólares para ayudar a Argentina a desarrollar el sector energético y los minerales críticos.

Washington ha impulsado el sector petrolero de Venezuela al capturar al exlíder Nicolás Maduro en enero e invitar a las compañías petroleras internacionales a invertir 100 mil millones de dólares para restablecer la producción a su nivel máximo presocialista de 3 millones de barriles diarios (b/d). En lo que va del año, la producción ha aumentado un 10 por ciento, hasta alcanzar aproximadamente 1,2 millones de b/d.

ADNOC —la compañía petrolera estatal de Emiratos Árabes Unidos (EAU)—, Shell, BP y un sinfín de otras empresas han firmado acuerdos preliminares con Caracas, mientras que Chevron se ha comprometido a invertir 7 mil millones de dólares a lo largo de cinco años para más que duplicar su producción a aproximadamente 600.000 b/d.

Los inversionistas que buscan un destino menos riesgoso en las Américas están optando por Canadá, el cuarto mayor proveedor de crudo del mundo, pero cuyo Gobierno, liderado por el primer ministro Mark Carney, aspira a convertirse en una «superpotencia energética».

Según una encuesta realizada por ATB Cormark Capital Markets, casi cuatro de cada cinco inversionistas institucionales afirman que las restricciones a las exportaciones de crudo y GNL del Medio Oriente los han vuelto más propensos a invertir en compañías energéticas canadienses.

El mes pasado, un consorcio liderado por Shell anunció una inversión de más de 20 mil millones de dólares para duplicar la capacidad de producción de LNG Canada, una planta ubicada en la costa oeste de Columbia Británica que exportará hasta 28 millones de toneladas de GNL al año. Además, según la encuesta realizada a inversionistas, se prevé que otros dos proyectos emblemáticos —Ksi Lisims LNG y un oleoducto que transportará hasta un millón de barriles diarios de crudo desde Alberta hasta la costa oeste para su exportación a Asia— ahora reciban la luz verde.

En EE. UU., Wood Mackenzie está pronosticando un rápido aumento de la producción debido al prolongado conflicto con Irán. Para diciembre de 2027, la consultora indicó que la producción de esquisto será de unos 11,8 millones de b/d, aproximadamente 1 millón más que antes de que comenzara la guerra.

Parker, de Rystad Energy, señaló que la guerra con Irán ha puesto de relieve la importancia de contar con un acceso confiable a los recursos para los clientes globales: «La geografía puede ser tan importante como la geología en el nuevo mundo actual, y el margen atlántico se beneficiará de eso».

Jamie Smyth y Ciara Nugent. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.

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