«La ganadería y la agricultura son nuestra principal fuente de subsistencia». Thomas Jefferson

La crianza de reses, caballos, cabras, ovejas, cerdos, asnos y otras especies del mundo animal fue introducida en la villa blasonada de Salvaleón de Higüey, importada desde España por los colonizadores Juan Ponce de León y Juan Esquivel. Así lo hace constar el escribano Zuazo, presidente de la Real Audiencia de las Indias, el cual en 1518 le comunicaba al emprendedor lo siguiente:

“Hayanse hatos de vacas, que se perdieran un número de treinta o cuarenta vacas con su fierro y  al cabo de tres años aparecen en los montes un número de trescientas y cuatrocientas, otro tanto es lo cerdos (ver cita Roselly: Colón, tomo II, pág. 804)

En la narrativa de la historia de López Gomara, podemos ver algunos datos curiosos acerca de la prodigiosa ganadería en las Comarcas del Este. El Dean Don Rodrigo de Bastida dice “Tuvo de una sola vaca ochocientas reses en veintiséis años”.

El historiador Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito se refiere, en sus archivos, a que detrás de los lugares donde se desarrolló la ganadería de Higüey están los Hato de Sanate Abajo,  Hato El Guanito, Hato de Matachalupe, la Isla Saona, Hato de Mana y el Hato La Ceiba, entre otros.

Según narra el historiador Ernesto Rivera Cedeño, al inicio de la colonia en la zona de Higüey, los criadores habían puesto su preferencia en las vacas y en los cerdos y llegaron a descuidarse a tal punto que, debido a su rápida reproducción, el ganado se alzó en los montes, convirtiéndose en cimarrón.

LA GANADERÍA EN EL SIGLO XVIII EN HIGÜEY

Según el historiador Rudolf Widmer S., en su obra La Propiedad en Entredicho, una historia documental de Higüey, siglos XVII-XIX, a mediados del siglo XVIII, la cría de ganado constituía el pilar indiscutible de las grandes fortunas y de la economía regional en su conjunto. Higüey abastecía los mataderos de la capital y vendía reses y cueros a las embarcaciones que fondeaban en las calas cercanas a la villa. El mercado de la vecina colonia de Saint-Domingue, fundamental para el Cibao y la frontera, quedaba probablemente demasiado retirado teniendo en cuenta lo escabroso de los caminos reales como para jugar un papel importante en la economía de los señores de ganado del este. Uno de los representantes más poderosos de ese grupo era Tomás Rijo. En 1765, Tomás y su esposa Luisa Beltrán pidieron que se estableciera un inventario de sus bienes como paso preliminar para la división de los bienes entre los consortes (por cierto, algo poco común en la época). Entre las partidas destacan el ganado vacuno y caballar, los esclavos y las esclavas, las acciones de pesos y otros bienes inmuebles; el capital de explotación de los dos hatos que sumaba más de las dos terceras partes del valor total del inventario.

El dinero en efectivo y los anticipos sobre la sucesión pagados al primogénito, Gregorio Rijo, importan otro 25 por ciento, quedando para el ajuar no más del 10 por ciento. Tomás y Luisa tenían menos alhajas y más reales de plata que sus pares de la villa. Parecería también que figuraban entre los hateros más innovativos del siglo XVIII: el ganado vacuno era casi exclusivamente corralero y las yuntas de bueyes del Hato Nuevo anuncian ya los cortes de caoba de los años 1790. En lo demás, el inventario es bastante representativo de una época y de una clase de propietarios. Tomás y Luisa eran, como sus pares de mediados del siglo, esencialmente ganaderos. Sus escasas labranzas apenas podían asegurar la autosubsistencia del hato. Los nueve negros en edad de trabajar debían representar el núcleo duro y permanente de la mano de obra de las explotaciones. La cantidad de esclavos menores que poseía el matrimonio por su parte es uno de tantos indicios de que los hateros de Higüey intentaban criar en su casa por lo menos los negros que necesitaban (cf. docs. 11 y 24)

Los grandes hateros entendían utilizar el control que ejercían sobre las instituciones del gobierno local para mantener el orden social vigente. Consideraban que la tranquilidad de las clases subalternas descansaba sobre el trabajo y el sustento. Cada vecino tenía que desempeñar una actividad reconocida que le permitiera mantenerse a sí y a los de su casa. En la villa, los mismos regidores se encargaban de vigilar la observancia del orden; para los numerosos campos sujetos a la jurisdicción del cabildo se diputaban los alcaldes de la Santa Hermandad.

El cabildo no se metía con la educación a sabiendas de que las familias y la Iglesia se encargaban de transmitir los valores sociales, la distinción entre vicios y virtudes, a las futuras generaciones. La importancia que los hateros atribuían a la religión como garante del orden establecido se patentiza en la advertencia a los amos de catequizar a sus esclavos.

LOS LUGARES ESPECIALES DE LAS VACAS Y LOS CERDOS CIMARRONES DE HIGÜEY

Según el historiador Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, el área geográfica del Distrito Municipal de Bayahíbe y el litoral costero de Cabo Engaño y, de igual forma, la Isla Saona fueron siempre el lugar de refugio donde más se desarrolló de manera silvestre la cría de vacas y cerdos cimarrones. También figura el hato de La Ceiba , Verón y Uvero Alto.

Narraba el historiador Vetilio Alfau Duran. Que en los primeros años del siglo pasado se intensifico el fomento de los postrero, gracias al empeño de los primeros Hateros Higueyanos, Oscar Valdez, Vetilio Alfau, Modesto Cedano, José Ramón Payan, Teofilo Reyes, Ismael Berroa Romano, Juan Antonio Botello y también figura el escritor Pedro Mortimer Dalmau, este episodio aparece registrado a partir del año 1910 y se desarrolló la importación de ejemplares de la raza Holsteim, sorda hora y Cebú.

A continuación, transcribo según lo expresado por el historiador Vetilio Alfau Durán en la revista Clio el listado de los primeros Higueyanos ganaderos cuyas reses pasan la cifra de cien.

Óscar Valdez, Eduardo Guerrero, Modesto Cedeño (la de estos tres pasa de miles), Dr. Ernesto C. Botello, José R. Payán R., Rolando Cedeño H., Lucas Castillo F., José A. Rodríguez, Lic. Emilio Méndez, doctor Manuel A. de Soto, Dr. Amendororo Pepén, Jorge de Mota, Julio Pion, doña Manuela Reyes Vda. Payán, Zenón Castillo, doña Tomasa Aponte, Juan Ramón Guerrero, Gregorio Martínez, Lucas de Mota, Juan Rondón, Alejandro Rondón, Lucas Pantaleón de las Nieves, Donatilo Acosta, Evangelista Ceballos, Arturo Martínez, doña Jovina Pión viuda Ceballos, Enemorozo Ozuna, Manuel E. Maríñez, Secundina Cedeño, Dionisio Guerrero, José Chicha, Nicolás Cordero, Martín Castillo, Colón Pepén, Timoteo Reyes Castillo, Arquímedes de Soto, Joaquín de Soto, Fidel Ceballos, Pedro Aponte, Carlos Pilier, Juanico Valdez, Francisco Caraballo, Ismael Berroa Romano, Ernesto Cedeño, Jacinto Santana, Augusto Santana, doña María Vda. Botello, doña Genara M., viuda Reyes, y quizás otros más residentes en las secciones, de cuya cantidad no tenemos conocimiento, para afirmar que pasan de la centena.

La ganadería en esta común debe ser mejorada sistemáticamente, ya que ella constituye nuestra principal riqueza, pues las plantaciones cacaoteras que en 1884 inició el jefe comunal, Eustaquio Ducoudray, estimado por el gobernador general Eugenio Miche, se encuentran reducidas a la tercera parte de lo que llegaron a ser cuando las extraordinarias cotizaciones de esta dorada almendra.

FUNDACIÓN DE AGANI 1969

El 22 de marzo de 1969, en Las Lagunas de Nisibón, un grupo de hateros fundó la Asociación de Ganaderos Nisibón (AGANI), la más pujante del país, la cual tuvo como primer presidente al hatero Abigail Báez y luego al hatero Silvestre de la Rosa, en siete ocasiones consecutivas. Los hacendados Félix Rodríguez Cedeño y Manuel Arquímedes de Soto. Al principio su sede operaba en Cañada Honda de Nisibón.

En la actualidad, la sede funciona en su local en el Distrito Municipal de La Otra Banda, donde tiene sus corrales.

LA PRIMERA FERIA AGROPECUARIA DEL ESTE  DE AGANI (1979)

En los terrenos del Liceo Secundario Gerardo Jansen, en agosto de 1979, se montó la Primera Feria Regional Agropecuaria del Este, que organiza hoy la Asociación de Ganaderos Nisibón (AGANI) en sus Corrales de La Otra Banda. En esa ocasión, Don Antonio Guzmán asistió al evento, en su calidad de presidente de la República, junto al entonces secretario de Agricultura, agrónomo Hipólito Mejía (quien ocuparía la Presidencia en el período 2000-2004). El doctor José Manuel Álvarez, asesor permanente de AGANI, fungía como director regional de Agricultura, y doña Esther Altagracia Caraballo de Feliú era la gobernadora provincial.

Este fue el inicio de un gran evento, en el cual se puso de manifiesto a todo el pueblo lo mejor de la producción del ganado vacuno (entiéndase leche y carne). A lo largo de los años, este evento reúne a cientos de productores agropecuarios de toda la nación, demostrando siempre que con el trabajo tesonero se puede lograr un desarrollo productivo de una sociedad.

LA COLABORACIÓN DEL OBISPO MONSEÑOR HUGO EDUARDO POLANCO BRITO CON LOS HATEROS HIGÜEYANOS

Desde el inicio de la Primera Feria Agropecuaria de AGANI, el obispo de Higüey de esa época, Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, tuvo una relación a nivel de asesoría y extrema cordialidad con los principales hateros fundadores de esta feria, como lo fueron el excónsul José Manuel Álvarez, Silvestre de la Rosa, César Ávila, Dr. Miro Mejía Ávila y Viterbo Sánchez Crespo, entre otros. A través de esa relación se estableció que los toros donados a la Virgen fueran subastados en los corrales de AGANI.

XXXV FERIA GANADERA DE HIGÜEY

Con motivo de  la XXXV Feria Ganadera de Higüey, la cual será del 7 al 16 de agosto de 2026. Es un motivo especial para expresar un mensaje de gratitud a todos los hombres y mujeres de la Asociación de Ganaderos de Nisibon Inc. Los cuales son personas de trabajo que aportan con su esfuerzo al desarrollo de la Provincia de la Altagracia.

Mons. Jesús Castro Marte

Sacerdote

Monseñor Jesús Castro Marte. Labores Pastorales: Obispo de La Diócesis Nuestra Señora de La Altagracia, Presidente de la Fundación del Museo de La Altagracia, Gran Canciller de la Universidad Católica del Este (UCADE), Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Dominicano, Presidente del Pensamiento Altagraciano. Maestrías: Magíster Tecnología Educativa, en la PUCMM, 2009; Magíster en Historia Aplicada a la Educación, en la PUCMM, 2012; Máster en Gestión internacional de Universidades, en la Universidad Alcalá de Henares, España, 2014; Máster Internacional en Bioética, Fundación Jérôme Lejeune.

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