Hay películas que parten de una premisa tan peculiar que, desde el primer momento, despiertan la curiosidad. «One Night Only», dirigida por Will Gluck y protagonizada por Monica Barbaro y Callum Turner, pertenece a ese grupo. La película plantea una pregunta tan sencilla como provocadora: ¿qué ocurriría si durante todo un año estuviera prohibido mantener relaciones sexuales antes del matrimonio y existiera únicamente una noche en la que los solteros pudieran vivir esa experiencia con absoluta libertad?
La historia se desarrolla en una Nueva York ligeramente ficticia, donde una ley establece esta particular restricción durante la mayor parte del año. Solo existe una excepción: una noche de doce horas en la que los solteros pueden dejar atrás las prohibiciones y entregarse a sus deseos.
En medio de una ciudad que durante esa noche parece convertirse en un enorme escenario para encuentros fugaces, Allie y Owen buscan algo diferente. No están interesados simplemente en una aventura de una noche. Ambos, aunque de maneras distintas, parecen estar buscando una conexión verdadera y genuina. Y es precisamente ahí donde la película comienza a alejarse de su premisa inicial para adentrarse en una historia sobre las expectativas, los miedos y la posibilidad de encontrar a alguien cuando menos se espera.
Allie es cantante, aunque su trabajo se limita a la grabación de comerciales. En realidad, teme cantar frente a un público. Hay en ella una inseguridad que va mucho más allá de la música y que también condiciona su manera de relacionarse con los demás.
Owen, por su parte, es dueño de una pizzería llamada Claremont Pizza y había planeado pasar aquella noche junto a su novia, Malika. Sin embargo, mientras ambos se encuentran cenando en un restaurante, ella le revela que ha decidido reservar esa noche para estar con otro hombre que ha conocido.
Owen sale del restaurante desconcertado, frustrado y dolido. Y es precisamente en medio de esa decepción cuando aparece Allie.
Ese primer encuentro no es más que el comienzo. Durante la noche, sus caminos vuelven a cruzarse una y otra vez, mientras la ciudad los conduce por diferentes situaciones, encuentros inesperados, tropiezos y falsas pistas. La casualidad parece empeñada en ponerlos frente a frente.
Pero hay algo más que me llamó particularmente la atención de esta película: la manera en que utiliza la música para acompañar determinados momentos de la historia.
Uno de mis momentos favoritos llega cuando comienzan a sonar algunas canciones que forman parte de mis favoritas. Primero, «All Out of Love», de Air Supply, y posteriormente «Payphone», de Maroon 5. Para mí, la presencia de estas canciones aporta una dimensión especial a la película y hace que determinadas escenas adquieran una sensibilidad diferente.
Sin embargo, hay un momento que me pareció especialmente significativo. Casi al final de la película, Allie y Owen comparten una pizza que él mismo prepara y mantienen una conversación aparentemente sencilla, pero que dice mucho sobre lo que cada uno busca en una relación.
Hablan sobre cuál es su parte favorita de la intimidad. Allie responde que prefiere el momento previo, la preparación. Owen, en cambio, dice que lo que más le gusta es el después: ese instante en el que dos personas permanecen juntas y sienten que están compartiendo un secreto.
Ese diálogo me pareció uno de los mejor construidos de la película. No solamente porque resulta natural entre los personajes, sino porque revela algo que, en mi opinión, está en el centro de la historia.
Porque quizá la película no habla únicamente de esa noche en la que todo está permitido. También habla de lo que ocurre cuando la noche termina.
En una historia construida alrededor de una sociedad obsesionada con el momento de la pasión, resulta interesante que uno de sus diálogos más memorables termine poniendo la mirada precisamente en lo que viene después: permanecer, conversar, compartir el silencio y descubrir qué queda cuando desaparece la emoción del instante.
Y quizá la decisión más significativa de Allie y Owen llega precisamente cuando tienen la oportunidad de hacer lo que todos esperan de ellos. Podrían aprovechar aquella noche. Podrían dejarse llevar por las reglas de ese mundo y convertir su encuentro en una aventura más. Pero deciden no hacerlo.
Aunque todavía les queda tiempo para estar juntos, prefieren esperar. Deciden darse un año para conocerse, para descubrirse y, sobre todo, para aprender a amarse.
Ese detalle me parece fundamental porque transforma el significado de aquella única noche. En una sociedad que parece haber reducido el encuentro entre dos personas a unas cuantas horas de libertad, ellos eligen algo que requiere mucho más tiempo: construir una relación.
Y es ahí donde «One Night Only» me parece más interesante. Detrás de su premisa distópica, de sus situaciones cómicas y de los encuentros inesperados de sus protagonistas, aparece una pregunta mucho más humana: ¿qué estamos buscando realmente cuando buscamos a otra persona?. En un mundo tan sexualizado esta pregunta me parece demasiado válida.
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