El salmón y el tiburón toro son dos de los muy pocos peces que pueden nadar en agua dulce o salada sin riesgo de morir por el cambio de agua.
Ambos son anádromos. Los demás peces, de río o del mar, a pesar de respirar igualmente por branquias, no pueden hacerlo.
Al presidente Luis Abinader, en su accionar como político, se le acusa de querer nadar en dos aguas como bien lo hacen los peces citados.
Y todo por haber enviado a Antoliano Peralta, su ministro de Justicia, a la IV Cumbre en Defensa de la Democracia celebrada en Barcelona, España.
El presidente Abinader está en su derecho soberano de haber tomado esa decisión.
Presentó disculpas para no asistir personalmente a la misma, a pesar de haber sido invitado formalmente por las vías correspondientes.
Tampoco envió a Roberto Álvarez, su ministro de Relaciones Exteriores, la figura pública de más alto nivel en asuntos diplomáticos.
Peralta fue sincero cuando hizo su presentación ante los demás líderes de gobierno de varios países y políticos influyentes reunidos en esa cumbre.
"Soy Antoliano Peralta Romero, ministro de Justicia de la República Dominicana y vengo en representación del señor presidente Luis Abinader a esta actividad en apoyo a la democracia global", dijo.
Pero no solo fue a representar al gobierno dominicano, fue —además— a dictar una conferencia sobre la desinformación digital y los daños que esta provoca a nivel global.
En la lucha acelerada que llevan a cabo las grandes potencias como China, Rusia y los EE. UU. por la conquista de la geopolítica mundial, no hay espacio para posiciones indecisas por parte de los países que son económica, política y militarmente dependientes de ellos.
Eso de colocarse al centro de los bandos para estar "con Dios y con el diablo" ya no procede en la actual coyuntura político-global, especialmente cuando vemos que los líderes políticos que defienden la ideología "demócrata" están cerrando filas al lado del bando izquierdista.
Si para muestra se requiere un botón, solo hay que preguntarse quiénes lideraron la nombrada cumbre "defensora de la democracia".
Los presidentes Pedro Sánchez, de España; Luiz Inácio —Lula— da Silva, de Brasil; Claudia Sheinbaum, de México; Gustavo Petro, de Colombia; Yamandú Orsi, de Uruguay, y Cyril Ramaphosa, de la República de Sudáfrica, todos alineados a la ideología izquierdista y enemigos políticos de los EE. UU., líder de la concepción capitalista.
Para nadie es un secreto que la relación política, económica y militar de República Dominicana ante los EE. UU. es tan estrecha que raya en la dependencia por necesidad.
Aun así, los gobernantes dominicanos han logrado históricamente estrechar vínculos de negocios, políticos y sociales muy importantes con naciones consideradas socialistas.
La administración de Donald Trump, desde el mismo momento que llegó a la Casa Blanca, ha fijado su interés de hacer a los EE. UU. más grande, pero a la vez reconquistar el dominio político global.
Para lograr lo último, necesita que los gobiernos aliados a la gran nación del norte den un paso al frente como si escucharan aquella arenga militar que sale de la voz de un jefe de pelotón ante una formación de subalternos: "Alineación derecha, alinearse".
La presencia de Peralta en la llamada cumbre por la democracia podría no comprometer al gobierno de Abinader con la ideología política izquierdista y globalista de los organizadores del evento, pero en verdad, su decisión encendió las alarmas en Washington.
La embajadora de los Estados Unidos en República Dominicana, Leah Campos, que por su experiencia política y amplios conocimientos de investigación supersecreta adquiridos en la Agencia Central de Inteligencia (CIA), conoce al cojo sentado y al ciego durmiendo, levantó su voz de protesta con diplomacia, como era de esperarse.
En las actuales circunstancias, no es cuestión de imitar al pez salmón o al tiburón toro; los EE. UU. lo que están reclamando es mayor transparencia de sus mejores aliados.
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