Las mujeres, símbolo de sacrificio, poder y sabiduría, desempeña un rol fundamental respecto al equilibrio social, la democracia, la justicia, el bien común y la libertad.
Además, contribuyen a lo solución de problemas de carácter material y espiritual.
A lo largo de la historia, las mujeres ha dejado su impronta en los más diversos ámbitos del saber.
No obstante, la mayor parte de sus valiosos aportes se mantienen invisibilizados entre la indiferencia, el silencio y el olvido.
En su no menos interesante obra ‘Vindicación de los derechos de la mujer’ , Mary Woltollstonecraft, madre del feminismo, escribiría alguna vez, no sin claridad y fluidez:
“Si los hombres rompieran generosamente nuestras cadenas y se contentasen con la compañía racional en vez de la obediencia servil, nos encontrarían hijas más observantes, hermanas afectuosos, esposas más fieles, madre más razonables; en una palabra, mejores ciudadanas (…)”.
En verdad, esas bien ponderadas palabras, no podían ser mejores.
Muchos, injustamente, jamás estarían de acuerdo con Wollstonecraft, ya que, sesgados por prejuicios furibundos y cavernarios, sostienen, sin razón alguna, que la mujer es más sensible que racional.
Tan absurda creencia, desde cualquier punto de vista que se la quiera ver, carece de fundamento. Por tal motivo, no habría razón lógica para sustentarla.
Como es sabido, la mujeres protegen, curan, reproducen y, en todo caso, son dadoras de confianza y vida, toda vez que dan a luz, con dolor y sacrificio, a los negadores de su bien ganados méritos.
Contrario a lo pensado por sujetos extraviados, las mujeres, debido a su gran vocación de servir, crear y pensar, son necesarias para el desarrollo social, político económico, educativo, familiar y estatal.
Con pasión, imaginación y admirable capacidad intelectual, hacen posible la superación de engorrosas dificultades societales.
Sin ellas, no habría esperanza para un mañana prospero, armonioso y teñido de progreso.
En términos generales, las mujeres juegan un papel esencial en la consecución de la paz del mundo y comprensión del complejo proceso de alteridad social.
De ahí que sea error garrafal mantenerlas subyugadas desde la antigüedad hasta nuestros días.
Sus aportes a la cultura universal son vitales para encarar los desafíos del presente siglo.
Las incomprensiones generalizadas esparcen por doquier el polvo cegador de las dubitaciones, el dogmatismo y las inmundicias de la cerrazón, entremezclada con la crisis de valores y la terrible sensación de vacío existencial, caracterizada, en gran medida, por la ajenidad del “Yo” y la conciencia horadada por la incertidumbre perpetua y las ambigüedades de un porvenir incierto.
Tan triste panorama, las mujeres lo rechazan y cuestionan duramente, siempre opuestas a las injusticias, coerciones y vejaciones de cualquier contexto epocal.
Todas, sin excepción alguna, brillan por sus actitudes conductuales ante la vida.
Entre muchas mujeres valiosas, cabría mencionar algunas de ellas:
Patria, Minerva y Teresa (hermanas Mirabal), María Trinidad Sánchez, Madre Teresa de Calcuta, Juana Saltitopa Ercilia Pepín, María Zambrano, Virginia Woof, Salomé Ureña, Mamá Tingo, Julia de Burgos, Gayatri Chakravorty, Rosario Castellano y Adela Cortina, entre otras tantas.
Esas magníficas mujeres buscaron la felicidad total.
Para bien de todos, sus sabias enseñanzas deberían ser practicadas con pasión y devoción.
En efecto, sino existiese la erudición de las mujeres, las ilusiones fugaces se reproducirían incesantemente en la memoria desmemoriada.
Quizás, por la conciencia corroída, la desazón y el entendimiento desentendido, el desorden social reinaría, azuzado, en cierto modo, por los zarpazos iracundos de la realidad mundana.
A pesar de la fragmentación del “Yo” y el desencanto de la postmodernidad, las mujeres no dan sus brazos a torcer, al tiempo que procuran la verdad y lo justo, en abierta oposición, claro está, a la posverdad y las voces agoreras de los fantasmas oníricos de lo desconocido.
Hoy, más que nunca, se hace necesario el reconocimiento y respeto a las mujeres.
De no ser así, el mundo transitaría caminos empedrados y , entonces, el mal, las guerras, la sangre, el miedo y muertes horripilantes, no cesarían.
Por semejante situación, el mundo se tornaría insensible y en vez de paz y sosiego, habría desavenencias, celos, rencores y invidiaciones entre diferentes sectores sociales.
Ello, de seguro, constituiría un duro golpe a la a la humanidad.
Para algunos, revestido de irracionalidad, ello no tendría ninguna importancia.
Tampoco les importaría oprimir a las mujeres, ni tratarlas como objeto de satisfacción sexual.
Aferrados a tan prejuiciada convicción, pretenden saciar el fuego de su pasión desenfrenada.
El sentido del vivir, al parecer, lo tienen cifrado en la flor intrínseca del placer femenino.
Algunos, falto de madurez y educación (quizás dominados por la pasión obsesivo- compulsiva), se deprimen; se saben perdido y recurren, en el peor de los casos, a la violencia atroz y despiadada.
No se aconsejan siquiera así mismo, ni, mucho menos , permiten que otros lo hiciesen. Por eso, fijan en la mente el propósito macabro de quitar la vida a su compañera, sin razón valedera, porque, acaso, la conciben como juguete de su propiedad.
En la obra maestra “Los demonios”, de Fiodor Dostoievski, Kirílov diría, no sin aire de extraño sentimiento desolador, que sería preferible una libertad trágica, en vez una felicidad forzada.
Las mujeres jamás abrigarían ningunas de esas opciones, ya que no desearían nada forzado, ni mucho menos, que fuese trágico.
Sucede así, porque son muy dadas a la libertad e independencia de criterio.
Su poder y sabiduría, son vitales para perfeccionarnos cada vez más y lograr armonía y tranquilidad.
Mujeres de distintos contextos epocales sembraron, con talento y sólida formación, la semilla del bien y el saber.
En la lejana antigüedad occidental, Hipatia, mujer inteligente y sabía, cuyo nivel de poderío residía en su brillante elocuencia y conocimientos en los siguientes campos: filosofía, matemática, astronomía, tecnología y oratoria.
Sin motivo justificado, fue secuestrada, descuartizada y quemada.
La filósofa Margarita Porete no habría tenido mejor suerte. La razón: fue arrojada a la hoguera porque escribió la obra” El Espejo de las Almas Simples.”
Olympe de Gouges (filósofa, dramaturga, política, escritora y feminista, autora de la famosa obra:“Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadanas”), moriría, por razones políticas, guillotina en 1791.
Otra notable pensadora, apresada y posteriormente asesinada, lleva el nombre inconfundible de Edith Stein, filósofa y monja Carmelita, cuya vida habría sido marchitada en Auschwitz, no más allá de 1942. 1987 sería beatificada y luego canonizada en 1998. En 1999 el papa Juan Pablo II la proclamaría copatrona de Europa.
Además de esa gran santa y mártir, cabría mencionar a Iréne Némirovsky, novelista francesa, que también moriría penosamente en Auschwitz.
Otra pensadora, vilmente asesinada, sería Rosa Luxemburgo, gran teórica del marxismo y militante del partido Social Demócrata alemán.
Por fortuna, la reconocida filósofa francesa Simone Weil, no fue asesinada. No obstante, sufriría, en carne viva, el golpe mortal de la violencia del hambre y los estragos de la tuberculosis.
La existencia de Marie Curie no sería color de rosa.
Aunque fue ganadora de dos Premios Nobel de ciencia (uno de física, en 1903 y otro de Química, 1911), viviría y moriría en extrema marginación.
Sofía Kovalévskaya, brillante matemática de inteligencia incomparable, fue muy discriminada, tanto, que le habría sido negada la oportunidad de cursar estudios superiores.
Sin embargo, tendría un profesor particular que le proporcionaría sólidos y amplios conocimientos matemáticos.
Realizó valiosos aportes en el ámbitos de esa área.
Más adelante, le sería otorgado el doctora post mortem.
Como Kovalévskaya, otras tantas mujeres, serían victimas de la violencia patriarcal.
Una de ellas, por ejemplo, sería Elena Lucrezia Cornaro Piscopia, la cual, tras serle negado el doctorado en Teología, estudió filosofía y luego pasaría a la historia como primera mujer en el mundo en obtener un doctorado en tan importante área del saber.
Diríase que dominó 7 idiomas ( Español, Griego, Francés, Árabe, Italiano, Hebreo y Latín); ejercería el magisterio y asumiría el voto de castidad.
En el tiempo que corre, las mujeres todavía no han logrados conquistas fundamentales. Sin embargo, tienen acceso a universidades públicas y privadas, lo cual, de por sí, es una es muy positivo.
El gran filósofo positivista y educador Eugenio María de Hostos, consideró que la mujer debería ser educada científicamente igual que el hombre, de ese modo no habría discriminación, ni preferencia de género, en detrimento de otro.
El filósofo Julián María reconocería, con justicia, que la mujer no es inferior al hombre. Ambos, según su parecer, se necesitan mutuamente par mejorar la especie humana y, por consiguiente, la sociedad.
De su lado, Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura 1982, afirmaría:
“ Lo único nuevo que podría intentarse para salvar la humanidad en el siglo XX1 es que las mujeres asuman el manejo poder. No creo que un sexo sea superior o inferior al otro. Creo que son distintos, con distancias biológicas insalbables, pero la hegemonía masculina ha maltratado una oportunidad de diez mil años(…)”.
Él siempre creyó en la capacidad de dirigir y administrar de las mujeres..
Posiblemente pensaría así, porque la mujeres ha destacado, con sacrificio, profesionalidad, voluntad de poder y habilidad, en distintas áreas de la sociedad.
En el ámbito espacial, por ejemplo, mujeres talentosas, valiente y preparadas, han venido desarrollando, sin temor ni temblor, la filosofía del viaje.
En tal sentido, sería atinado recordar a Valentina Tereshkova, la primera mujer en viajar al espacio en 1963.
Después lo haría Cristina Koch el 2019, la cual estableció el récord de durar 328 días en el espacio.
La Dra. Sally Ride se convertiría en la primera mujer estadounidense en ir al espacio.
Ellen Ochoa, en 1993, se sería la primera latina que iría al espacio; mientras la Dra. Calpona Chawula sería la primera mujer de la India en viajar al espacio.
En 1982, Mea Jeminson habría sido la primera afroamericana en llegar al espacio.
En 1994-1998 Chiaki Mukai sería la primera japonesa que en 1994 viajaría al espacio.
Esas mujeres desafiaron el riesgo de viajar al mundo espacial de lo desconocido.
Sin temor a morir, vencieron obstáculos y diríase que cumplieron, exitosamente, la aventura, en todo caso, inolvidable y placentera, de ir al espacio.
Ellas y demás mujeres mencionadas en el presente trabajo, son valiosas, talentosas y meritorias.
Toda su sabiduría, revelada en su pensar, interpretar y hacer, no serían sino muestra de su legítima, novedosa y creativa racionalidad mental y espiritual.
Porque se les habría prohibido la presencia en espacios públicos, hubo mujeres que se la ingeniaron para ocultar su verdadera identidad.
Émelie du Chátele, física, matemática y filósofa, vistió ropas masculina para ser aceptada en círculos culturales cerrados y muy selectivos.
George San, admirable pensadora francesa y prolífica escritora, con 70 novelas, obras de Teatros y 20 mil cartas, se disfrazó de hombre con la finalidad de que sus obras fuesen leídas.
Concepción Arenal, vistió ropas de hombres no para ser leída, sino para cursar estudio superiores.
Joanne Rowling tuvo que usar el nombre abreviado J.K. Rowling para que su narraciones fantásticas fuesen valoradas.
Harriet Martineau, mujer talentosa y gran poder intelectual, escribiría más de 50 obras y no pocos artículos de opinión.
Además de filósofa y destacada periodista(en tanto revolucionó el periodismo en la Inglaterra victoriana del siglo X1X) fue abolicionista, feminista, economista, defensora radical de los derechos de las mujeres y madre de la sociología.
Isabel Allende, escritora de éxitos con 77 millones de libros vendidos, ha trabajado (a tiempo y destiempo) para cosecha méritos en el apasionante y espinoso mundo de la literatura.
En su interesante obra "Mujeres del Alma mía”, afirma con enérgica certeza que:
“La violencia es la principal causa de muerte de las mujeres entre los catorce y los cuarenta y cuatro años, más que la suma de cáncer malaria y accidente (…)”.
Tales palabras, como se puede apreciar, son conmovedoras, a la vez que preocupantes.
Por motivos culturales y creencias desfundamentadas, países de distintos continentes practican la ablación de genitales femenino sin restricción alguna.
Sería atinado recordar que la Organización mundial de la Salud (OMS) estimaría en una ocasión que cerca doscientos millones de mujeres han sido víctimas de mutilación genital.
Respeto a ello, Isabel Allende diría que las niñas son maltratadas de manera cruel. Con precisión y claridad, dice:
“Les cortan el clítoris y los labios de la vulvas con hojillas de afeitar, cuchillos de trozos de vidrios, sin anestesia ni medidas mínimas de higiene (…)”.
Dicha práctica, absurda y salvaje, contradice, a todas luces, los preceptos, normas y principios esenciales de la ética y privacidad del cuerpo.
En definitiva, las mujeres, gracias a su sabiduría, poder intelectual, buen don de gente y gran capacidad de trabajar y crear, dignifican su género.
Con su grandes esfuerzos y nobles sacrificios, vienen contribuyendo al embellecimiento, avance, desarrollo, vigencia y equilibrio del mundo.
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