Conforme pasan los días, crece la lista de los que tienen “aspiraciones”, como llaman aquí a quienes piensan ser presidentes de la República. La lista se ensancha sobre, todo en el partido oficial, pero se desconocen las ideas básicas del proyecto de sociedad que diferenciaría un aspirante de otro o una de otra. Y es que hoy, entre los principales partidos del sistema son imperceptibles sus diferencias frente a los grandes problemas del país, por lo cual sus ofertas electorales están dirigidas a segmentos de la población prácticamente iguales. Paradójicamente, no se puede decir que por esa circunstancia no existen diferencias entre esos partidos, pero sí que les es común la carencia de un proyecto de sociedad más o menos claro.
Entre todos, el partido que está más compelido a definir un proyecto de sociedad claramente diferenciado de los otros es el PRM, porque está en el poder y por tanto es el que más tiene que perder en las próximas elecciones. Y no sólo por eso debe tener claridad de objetivos, sino por el momento que vive un mundo en que nada ni nadie está seguro y porque a pesar de la apariencia, no se sabe en qué momento uno de los sucesivos bandazos/guantazo que está dando el gobierno del imprevisible Trump tocarán nuestro país. El mundo vive una suerte de estado de emergencia y ante eso, los partidos, sean poder o no, tienen que definir su postura, además de quienes aspiran conducir el Estado, pero desafortunadamente, estas colectividades, y sus aspirantes se mantienen en su improductiva indefinición.
Los temas migratorios, de políticas públicas dirigidas a la expansión de derechos ciudadanos de primera, segunda y tercera generación, además de inclusión social, están al centro de la discusión del mundo actual, los cuales se llevan cabo, en las esferas política, académica y privada. En ese sentido, la posición que se tenga ante estas cuestiones, en términos discursivos y prácticos, define una colectividad política y eventualmente la diferencia de otras. Son temas que interesan a grandes grupos de individuos, a los trabajadores, a las mujeres y a la juventud, fundamentalmente. A pesar de los intentos de determinados sectores de imponer un pensamiento único, una importante franja de esos sectores mantiene su lucha por sus derechos.
En ese tenor, para diferenciarse, ¿cuáles son las ideas que tienen nuestros partidos o los aspirantes presidenciales sobre esos y otros que también son los grandes temas nacionales? En los últimos tiempos, la tendencia es que los partidos que una vez o todavía se dicen socialdemócratas o de algunas corrientes denominadas progresistas han sido excesivamente tibios o indiferentes en sus definiciones sobre esos temas, Esa circunstancia los condujo a un discurso que no reflejaba la tradición de su lucha por derechos ciudadanos irrenunciables y que constituyen la base de toda sociedad democrática. En procesos electorales, principalmente, eso condujo a muchas organizaciones progresistas a confundirse, sin éxitos, con sectores de las derechas tradicional y ultra, cuyo sostenido avance les han secado a esas organizaciones su caladero de votos: los sectores populares y la juventud.
Fue la amarga experiencia vivida por el PRM en las elecciones congresuales del pasado año. Durante mucho tiempo, esta colectividad política tuvo en su representante en el Senado, Faride Raful, su virtual y lógica candidata. Sin embargo, por el chantaje que sobre ella ejercieron sectores políticos, eclesiales y sociales de matriz ultraconservadora, por sus posiciones sobre temas fundamentales de derechos reproductivos de la mujer, sobre todo, su partido optó por no repostularla como candidata a senadora. Le faltó consistencia por lo cual, de hecho, compitió con FP en el terreno en el que este se sentía cómodo: el del espacio y difusión de las ideas político/sociales conservadoras sobre los temas de derechos de diversos tipos
Con su equívoca táctica, PRM no solo perdió la principal plaza del Senado, sino que con ella contribuyó a que el FP tenga hoy otro candidato presidencial con signos de poder constituirse en competitivo, algo impensable poco tiempo antes de esas elecciones…y de esa decisión por temor a la diferenciación. Posteriormente, la referida dirigente aceptó el Ministerio de Interior y Policía en el actual gobierno, una institución generalmente inclinada, por su naturaleza, hacia una práctica tendencialmente negadora de derechos. Represiva. Eso lo manifestó una patrulla policial que torpe y arbitrariamente intervino en una manifestación de mujeres frente al Altar de la Patria para demandar igualdad y respeto de sus derechos. El jefe de dicha patrulla adujo que allí se cantaban piezas en creole, vaya usted a saber…
Las posteriores declaraciones de la ministra sobre el hecho fueron lamentables. Finalmente, México es el país más cercano a la bestia de la intolerancia y del abuso, su presidenta, Claudia Sheinbaum, con templanza y talento, en este momento de profunda crisis mundial que afecta a su país como a ningún otro, conduce el timón de esa nación con eficiencia y eficacia. No es casual, su condición de dirigente la forjó en las luchas políticas por sus ideas y, siendo coherentes con estas, jamás ha cedido al chantaje. Un digno ejemplo.
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