La forma en que se percibe la formación del profesorado en Republica Dominicana hay muchos mitos y creencias, más en un país donde el dar clase profesionalmente es relativamente nueva, hasta hace poco cualquier persona daba clase en una escuela, sin saber la complejidad que esto implica, por eso escribo este artículo.

 ntes era el carácter univoco e incuestionable de los valores puestos en juego a la hora de enseñar lo que garantizaba la autoridad al maestro. Hoy hay que procurar la autoridad diariamente y se requiere recursos y destrezas para ejercer el control en grupos cada vez más exigentes. Con este mismo cambio ha cobrado fuerza la profesionalización, aunque han quedado algunos mitos que citaremos aquí.

1./El profesor nace no se hace. El mito de la vocación ha hecho mucho daño a la profesión docente, es decir pareciera que como ya nació para la profesión no hacia falta formarlo, como le gusta hacer lo que hace tiene bastante suerte, no es necesario ni pagarlo. En consecuencia, al que no tiene vocación no es necesario ni formarlo.

No estoy planteando que no sea necesario una disposición favorable, un compromiso con la práctica, un deseo de hacer la tarea con ilusión, pero otra cosa es ese concepto medio mágico, medio religioso, medio místico de vocación (cuya etimología proviene del verbo latino vocare, es decir llamar : tiene vocación el que está llamado para…, aunque no se sabe muy bien quien hace la llamada.

La docencia, por trabajar con niños, es una profesión de enorme responsabilidad. Por ello, no solo no parece creíble que cualquier pueda ejercerla, sino que tampoco hay tanta gente disponible para ello, en mi experiencia de formador de formadores, observo estudiantes brillantes, que cuando ha pasado el tiempo me dicen profesor estoy de maestro en una escuela o soy técnico en el Distrito Educativo, otros que no se destacaban se lamentan que la evaluación del ministerio era fuerte y que no pasaron la prueba, que no es más que una evaluación de sus conocimiento sobre la docencia.

2.- Para ser profesor basta tener buena voluntad.

Como se supone que la profesión docente es inespecífica, es decir que no se necesitan para realizarla conocimientos especializados, se sostiene que, para ser profesor, basta ser buena persona. Claro que es necesario, pero no suficiente. Nadie se pondría en manos de un cirujano que “tuviese buena voluntad” pero que no supiera operar, nadie permitiría hacer su casa a una persona sin formación que dice “tener buenos deseos de construir una hermosa casa” y que incluso la hace gratuitamente”

Esta creencia todavía prima en algunos sectores de la sociedad dominicana, evidentemente no puede haber un buen profesional en una mala persona, pero el hecho de ser buena persona no te garantiza ser un buen profesional, la educación al igual que la medicina o las ingenierías, tienen sus competencias propias y para ser profesional hay que dominarlas.

  1. Para ser profesor/a basta con dominar un área de conocimiento. Extendido error en el que se justifica la carencia de formación específica del docente. Una cosa es saber una disciplina, otra, saber enseñarla y otra aún más compleja, saber despertar el interés por aprenderla. Una cosa es saber física o inglés y otra muy distinta saber didáctica de esas materias, psicología del aprendizaje, dinámica de los grupos y sociología de las organizaciones.

Nadie duda que un conocimiento profundo de las materias curriculares es condición sine qua non para que un profesor haga un buen trabajo, pero no es suficiente.

La capacidad de comunicar de forma interesante y atractiva, construir sobre lo hecho con anterioridad e involucrar a los alumnos no para que hagan porque «tienen» que hacerlo sino porque «quieren, son características igual de importantes para obtener buenos resultados. El conocimiento enciclopédico de un tema termina valiendo muy poco si no se transmite de una forma correcta y exitosa.

  1. La enseñanza causa el aprendizaje.

Obsérvese que se suele hablar de calidad de la enseñanza y pocas veces de calidad del aprendizaje. No es cierto que la enseñanza provoque en forma automática el aprendizaje. Si los nuevos saberes no entroncan con los adquiridos previamente, si no existe el mínimo interés por aprender, si se practica la enseñanza en un idioma distinto del que domina el aprendiz, si quien tiene que aprender no es capaz de prestar la menor atención, si lo que se tiene que aprender no responde a los intereses y necesidades de los que aprenden… no se produce un aprendizaje significativo y relevante.

  1. Hay medios inequívocos de comprobar si el aprendizaje se ha adquirido.

No es cierto que haya modos absolutamente precisos de conocer si ha existido aprendizaje (y menos, que este ha sido fruto de la enseñanza y no de otras causas ajenas o colaterales). Sin embargo, suele hacerse la evaluación como si se tratase de una medición de longitudes o de pesos. Para que haya cierta objetividad en la corrección de ejercicios de ciencias hace falta un mínimo de doce correctores. En ejercicios de letras, un mínimo de cien.

Sin embargo, el caso no es solo saber si se ha adquirido sino comprobar porque no se ha adquirido el aprendizaje. La evaluación no solo comprueba, sino que explica.

Implícitamente se dice que cuando el aprendizaje no se ha producido es por responsabilidad exclusiva de los alumnos (son vagos, son torpes, no tienen nivel, están desmotivados, se portan mal, tienen malas influencias…). Casi siempre se dejan al margen otro tipo de explicaciones, por ejemplo: los contenidos son poco atractivos, los métodos son desmotivadores, la evaluación y la corrección son arbitrarias, la coordinación es insuficiente, los espacios son inhóspitos, las motivaciones son pobres, las relaciones están viciadas…

  1. Solo aprenden los alumnos/as.

Cuando se habla de aprendizaje parece que solamente nos estamos refiriendo al alumno. Cuando se habla de enseñanza, al profesor. El alumno también puede ser un buen o mal enseñante. El profesor puede ser un excelente (o un pésimo) aprendiz.

Francisco Ramirez

Educador

Alcancé el doctorado en ciencias pedagógicas en la Universidad pedagógica Enrique José Varona, La Habana, Cuba; Maestría en administración de la Educación concentración administración, Universidad Autónoma de Santo Domingo-Universidad de Montreal. Maestría internacional en gestión universitaria, Universidad de Alcalá, España, Especialista en educación por competencias, Universidad de Guadalajara, México, Licenciado en educación mención desarrollo agrícola y Rural, UCDEP. Me he especializado en gestión educativa. Experiencias: Exdirector del Instituto Nacional de Formación y Capacitación del Magisterio, INAFOCAM, Director Regional de Educación, Director distrital, Director de escuelas maestro de primaria y secundaria. Profesor del área de educación en la Universidad Autónoma de Santo Domingo Profesor del postgrado en la UASD, PUCMMA, asesoró 241 tesis de maestría, profesor del doctorado que imparte la UASD con la Universidad Enrique José Varona, coordinador del postgrado UASD-SAN JUAN. Actualmente imparto docencia en la Universidad Autónoma de Santo Domingo en la Facultad de Educación.

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