La Orden Departamental 011-2026, del Ministerio de Educación de Republica Dominicana, emitida en mayo pasado, estableció nuevas normativas para el uso de teléfono celulares, tabletas, y otros dispositivos electrónicos por parte de los estudiantes, del nivel primario durante cualquier actividad docente y dentro de las instalaciones escolares, tanto del sector público como privado. Estos dispositivos solo podrán usarse   bajo la supervisión del docente, quien garantiza que esté alineado con los objetivos educativos para cada ciclo educativo. En cualquier otro caso los dispositivos deben permanecer apagados y guardados.

Dicha orden prohíbe capturar, grabar, almacenar o difundir imágenes, videos, audios o cualquier dato personal de estudiantes, docentes o servidores administrativos sin el consentimiento previo de la persona involucrada, y cuando se trate de menores de edad sin la autorización de sus padres.

Además, plantea que los centros educativos deben prevenir el ciberacoso y promover la convivencia digital respetuosa. También prohíbe que personas ajenas al centro (visitantes, suplidores) usen celulares, drones, y otros artefactos, para grabar espacios escolares, sin la autorización expresa de la dirección del centro.

Se incluyen sanciones penales y civiles fuertes, en el marco de la Constitución, los derechos del Niño de las Naciones Unidas, el Código para la protección de Niños, Niñas  y Adolescentes y el nuevo Código Penal de la República Dominicana.

Se trata de una de las medidas más importantes que ha adoptado el gobierno dominicano en relación con el espacio digital y la privacidad personal, no solo por su alcance legal y sancionador, sino sobre todo por su incidencia en el desarrollo psicológico e intelectual de los niños y adolescentes. Recordemos que potentes cerebros de los intelectuales Salomé Ureña, y sus hijos Pedro, Max y Camila Henríquez Ureña; y de la maestra Ercilia Pepin; se desarrollaron leyendo libros físicos y no en pantallas digitales.

En el ámbito psicológico esta orden tiene una gran significación, puesto que trata de proteger la salud mental de los niños y adolescentes; a tono con los hallazgos de estudios científicos, entre los que se destacan los aportes del psicólogo estadounidense Jonathan Haidt, plasmados en su famoso libro, La Generación ansiosa, y con subtitulo Por qué las redes sociales están causando una epidemia de enfermedades mentales entre nuestros jóvenes, al que me he referido en otras ocasiones. Haidt recomienda prohibir los celulares y las redes sociales a los jóvenes menores de 14 años  en las escuelas; fomentar la autonomía personal; dedicar más tiempo de juego al aire libre y al cultivo de la responsabilidad en el mundo real.

En la actualidad, esta preocupación ha trascendido el ámbito de los gobiernos y de la salud mental. Y ha escalado al plano judicial con las miles de demandas que cursan en tribunales en el mundo, principalmente en cortes de Estados Unidos y Europa contra las empresas Meta, Google, Tiktok y Snap, entre otras,  por  haber diseñado productos que están causando tantos daños a la población joven del planeta. Algo parecido ocurrió en una época con el uso de fármacos, (como la quinina y la talidomida) y el consumo de   alcohol y cigarrillos; los cuales ha provocado incontables trastornos físicos y mentales y hasta muertes. Por esta razón sus fabricantes han tenido que pagar fuertes demandas, y limitar su uso, y alertar que son perjudiciales a la salud.

Llamo a cumplir rigurosamente los protocolos e instrucciones de esta Orden departamental, que entrara en vigencia en esta fecha, aunque limitada por ahora, nos entrenará ante  los desafíos que vienen en el ámbito digital con la Inteligencia Artificial y la computación cuántica.

William Galván

Profesor de psicología y antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Investigador académico y consultor de empresas.

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