El castrismo o castrocomunismo se refiere a la doctrina e ideología derivada del marxismo y el leninismo de Karl Marx y Vladimir Lenin, y a los aportes políticos y literarios de José Martí adaptados y aplicados por el líder revolucionario Fidel Castro (1926–2016) a las condiciones económicas y sociales de Cuba. Y el chavismo surgió de la profunda y determinante influencia del castrismo sobre el líder socialista Hugo Chávez (1954–2013), quien lo aplicó en Venezuela.
Fidel encandiló a Chávez. Este fue hijo político de aquel. Ambos desplegaron un liderazgo carismático y personalista, sostenido mediante discursos largos, emotivos, y movilizadores (vi a Fidel hablar cerca de cinco horas en el Centro de Eventos en el Malecón de Santo Domingo en 1998; y a Chávez como tres horas en la inauguración de la Plaza Bolívar, en 2007; y los disfruté de pie sin yo sentarme). Los dos llegaron al poder por vías diferentes: Fidel mediante una revolución armada el 1ro. de enero de 1959 y gobernó casi cincuenta años, y Chávez por elecciones en 1998 y mandó catorce años. Los dos concretaron la politización de las fuerzas armadas, fortalecieron el partido hegemónico o único y lograron la neutralización de la oposición y la prensa. Se fundamentaron en una ideología socialista, anticapitalista y antiimperialista, se proclamaron adversarios de Estados Unidos y aliados de Rusia, China e Irán. Además, Cuba y Venezuela consolidaron una fuerte alianza basada en el intercambio de petróleo por servicios médicos y educativos.
Aunque entendían la democracia, inspirada en la definición de Abraham Lincoln, “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. adoptaron dos elementos del modelo marxista. Uno, el sistema de partido único; donde el Estado y la sociedad estaban por debajo del partido. Para Fidel, varios partidos o el pluripartidismo equivalía a “pluriporquería”. El otro, la economía centralizada por estado; y este como propietario de la tierra y de las empresas, y de todos los medios de producto; lo que implicaba supresión de la propiedad privada. En ambos países, en la practica, gobernaban y manejaban las empresas personas con méritos militares y políticos, pero con escasa formación técnica y empresarial. Este sistema generó pobreza extrema, y hambruna, por ineficiencia, baja productividad, desmotivación laboral (“el trabajador hace como que trabaja y el Estado hace como que paga” y ni una cosa ni la otra).
Ahora voy a poner dos ejemplos. En China. A finales de la década de 1970, Deng Xiaoping impulsó reformas profundas, resumidas en su famosa frase:
“No importa si el gato es blanco o negro; lo importante es que cace ratones.”
Esto significaba que la ideología dejó de ser el eje central y que se asumieran definitivamente las leyes de la económia de mercado socialista. Las personas fueron incentivadas para que crearan empresas, produjeran, innovaran y maximizaran beneficios tanto para el Estado como para los propietarios accionistas. El resultado fue la transformación de China en una de las principales potencias económicas, comerciales, tecnológicas y militares del plantea.
En América Latina, José “Pepe” Mujica, exguerrillero de izquierda, llegó a la presidencia de Uruguay por elecciones y respetó la propiedad privada, y los partidos opositores, y proclamaba que los capitalistas o empresarios constituían una de las fuerzas más creativas de la sociedad, que eran útiles y sus aliados y no parásitos. Dejó el poder con altísimo nivel de popularidad y así partió de este mundo. Mientras, Uruguay ha continuado consolidándose como uno de los países con mayores avances en desarrollo humano e institucional de la región.
Sin embargo, Cuba padece la peor crisis económica en los 67 años de revolución. Con largos apagones generales, grave escasez de alimentos y medicinas, elevadísimo nivel de inflación, con la mayoría de su población sumida en la pobreza extrema, precariedad institucional y desesperanza social.
Desafortunadamente, continúa el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos que ha dañado al pueblo cubano y que ha servido de pretexto al régimen para justificar su inmovilismo o resistencia a cambios políticos y económicos. Venezuela, por su parte, desde la agresión militar estadounidense y la captura del dictador Nicolás Maduro, designado por Chávez, transita un camino nuevo que podría ser promisorio para aquella sociedad.
Compartir esta nota