DULCE ET DECORUM EST PRO PATRIA MORI! (Poeta Latino)

Marcial Guerrero, el gran patriota olvidado del municipio de Higüey

Marcial Guerrero fue un héroe indómito del oriente dominicano, un gallardo joven higüeyano que encarnó el valor y el martirio en las llanuras de "El Guanito". Su historia, rescatada del olvido por ensayistas e historiadores de Quisqueya, representa la esencia más pura del campesino noble que se transforma en guerrero por el honor de su tierra.

Nacido en la sección de El Guanito y forjado en el trabajo duro de las tierras de Chavón Abajo, Marcial era un hombre honrado, inteligente y profundamente respetado por su comunidad. Sin embargo, el destino le tenía reservada una página de gloria impregnada de pólvora, sables y sacrificio.

Marcial Guerrero no es sólo un nombre en un viejo folio bautismal o una firma en un documento polvoriento; es el reflejo de la valentía altagraciana que brota de la tierra del sol naciente, un recordatorio eterno de que la libertad de una nación se construye con la sangre y el valor de sus hijos más nobles.

LA GESTA INDÓMITA DE MARCIAL GUERRERO: EL DESPERTAR DE UN TITÁN QUISQUEYANO

Según la consulta de los escritos del ilustre historiador Vetilio Alfau Durán: Cuando las sombras de la opresión se ciernen sobre un pueblo y el sol sagrado de la Libertad es eclipsado por la fuerza, la tierra misma gime y engendra a sus redentores. Desde las cumbres inclementes y las llanuras indómitas, emerge un mandato divino. Un soplo invisible empuja a los hombres justos a abandonar el sosiego del hogar para izar el estandarte de la santa rebeldía. Es entonces cuando resuena el caracol marcial, un eco antiguo que inflama de coraje los pechos varoniles y despierta a los héroes destinados a realizar hazañas inenarrables, aquellas que hacen germinar de nuevo la libertad bajo el aplauso eterno de las almas puras.

Así ocurrió cuando las hordas neosajonas, portadoras de una barbarie impiadosa y amparadas en la traición bastarda de los eternos Cipayos, profanaron las playas de Güibia y San Gerónimo. Al desplegarse por el suelo patrio, pretendieron pisotear la leyenda heroica de nuestro indomable patriotismo. La bandera de Duarte y de la Cruz inmaculada, aquella que sirvió de santo sudario al prócer Francisco del Rosario Sánchez en el martirio de San Juan, fue arriada con dolor de los viejos torreones. En su lugar, ondeó infame el lienzo de las estrellas y las barras, sembrando la angustia en el alma quisqueyana.

Pero en esa hora de absoluta oscuridad, brotaron de la campiña hombres altivos y de bronce. Dispuestos a regar la tierra fértil con su sangre generosa, desafiaron un destino adverso para tejer las páginas más gloriosas y desgarradoras de nuestra historia. ¡Allí estuvo Máximo Cabral y sus titanes, con la fe puesta en el Altísimo y el corazón templado al filo de sus sables! Y allí, esculpido en el mismo mármol de la gloria, emergió Marcial Guerrero.

LA MANO DE VALIENTES Y EL CLAMOR DE HIGÜEY

El historiador Vetilio Alfau Durán describe a Marcial Guerrero como un joven gallardo de apenas treinta primaveras, dueño de una estampa noble, inteligente, honrado y forjado en la santa devoción del trabajo. Sin embargo, al escuchar el lamento de la Patria encadenada, dio la espalda a la tranquilidad del hogar y se despidió de los suyos. No le hicieron falta ejércitos; bastó una "mano de valientes", veinticinco almas indomables para levantarse en armas en las llanuras de "El Guanito" del Municipio de Higüey y desafiar, con un valor que rozaba lo divino, la insolencia del invasor extranjero, en la ocupación militar norteamericana del año 1916 en la República Dominicana.

La historia detuvo su curso la madrugada del 27 de julio de 1918. Con el pecho henchido de patriotismo, Marcial penetró en la ciudad de Higüey desplegando la bandera tricolor. Su paso electrizó a los moradores, despertando los corazones dormidos con vivas a la Patria esclava. Pero su rebelión no era vandalismo, sino justicia pura: desarmó a la autoridad municipal sin un sólo atropello, respetó la vida, las propiedades y los bienes de cada ciudadano. A las ocho de la mañana, habiendo encendido la llama de la esperanza, abandonó la población "sin hacerle daño a nadie", dejando una huella imperecedera de honor y caballerosidad que los anales de la historia guardan con celo.

EL MARTIRIO EN "LOS MAMEYES": INMORTALIDAD BAJO UNA PALMERA

El destino, implacable, aguardaba la tarde memorable del 7 de agosto de 1918 en el legendario Cerro de "Los Mameyes". Allí, la pequeña hueste de Marcial Guerrero midió sus fuerzas contra las tropas norteamericanas que ocupaban el suelo patrio en 1916, abrumadoramente superiores en número, disciplina y modernas armas de fuego, pero infinitamente inferiores en el supremo ide

Cuando el combate desigual se tornó un infierno de pólvora, Marcial, en un arranque de temeridad sobrehumana, avanzó en solitario desafiando el fuego enemigo. Una bala certera desgarró su pierna, pero el héroe no cayó. Recostado contra el tronco de una palmera milenaria, erguido como un roble, continuó disparando con su fusil mientras sostenía con la otra mano un sable de cabo, manteniendo a raya a los invasores que osaban acercarse. Su sangre tiñó las raíces de la patria. Murió como mueren los valientes, como expiran los patriotas convencidos: con su último aliento bendiciendo a la República y transformando el lecho del dolor en un altar de libertad. ¡No cayó un rebelde, nació un Dios de la guerra!

EL LEGADO SAGRADO DEL HIJO DE "EL GUANITO DE HIGÜEY"

Los historiadores Vetilio Alfau Durán, Monseñor Hugo E. Polanco Brito y Francisco Guerrero Castro dicen que nadie ose confundir su memoria con la de aquellos facinerosos que ensangrentaron los campos con el pillaje. Marcial Guerrero jamás fue un gavillero de bandolera; fue un soldado de la soberanía. Su paso por las armas fue breve, apenas un suspiro de poco más de un mes, porque en su primer gran enfrentamiento entregó a la Patria la ofrenda máxima de su propia vida.

¡Gloria eterna al héroe inolvidable!

EL SILENCIO DE LA TUMBA

Al final de su vida el presbítero Zenón Castillo de Aza finaliza con estos párrafos sobre Marcial Guerrero:

El despertar de un patriota: Apenas alcanzando los 30 años de edad, en la plenitud de su juventud y con una vida tranquila por delante, Marcial escuchó el llamado de su patria. Decidió dar la espalda a la comodidad de su hogar y despedirse de su familia para lanzarse a la inmensidad de las llanuras higüeyanas.

Una "mano de valientes": No lideró grandes ejércitos ni contó con armas sofisticadas. Con sólo veinticinco hombres a su mando, una fuerza pequeña en número pero infinita en coraje desafió la tiranía y las injusticias de su tiempo con el alma en alto y el filo de su sable dispuesto.

El silencio de su tumba: Fallecido en el despuntar de su juventud y tras haber entregado su vida por una causa noble, la historia fue esquiva con su reposo final. Su cuerpo fue sepultado en una tumba que durante años permaneció sin cruz y casi ignorada, borrada por el paso implacable del tiempo y la maleza, pero viva en la memoria de los pocos que sabían que allí yacía un mártir.

Mons. Jesús Castro Marte

Sacerdote

Monseñor Jesús Castro Marte. Labores Pastorales: Obispo de La Diócesis Nuestra Señora de La Altagracia, Presidente de la Fundación del Museo de La Altagracia, Gran Canciller de la Universidad Católica del Este (UCADE), Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Dominicano, Presidente del Pensamiento Altagraciano. Maestrías: Magíster Tecnología Educativa, en la PUCMM, 2009; Magíster en Historia Aplicada a la Educación, en la PUCMM, 2012; Máster en Gestión internacional de Universidades, en la Universidad Alcalá de Henares, España, 2014; Máster Internacional en Bioética, Fundación Jérôme Lejeune.

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