La mano ha sido fundamental en la evolución humana, pero su uso está prohibido en el fútbol. No obstante, cuando hablamos de este deporte tan popular, hay de manos a manos.

¿Quién no recuerda «La mano de Dios» durante el partido entre Inglaterra y Argentina, en el Mundial de México 86? En aquel duelo, la selección albiceleste se jugaba más que su supervivencia. La sombra de las Malvinas aún los ahogaba y el triunfo tenía aromas de revancha. Revancha simbólica, claro está, ya que dichas islas seguirían en poder de la reina, pero perder otra vez hubiera sido una tragedia marca Sófocles.

¿Habría pensado en todo esto Maradona mientras saltaba, ojos cerrados, puño en alto, para ganarle la pelota al arquero Shilton, que tuvo que ir a buscarla, impotente y furioso, hasta el fondo de las redes? Fue una falta que de tan obvia, el árbitro se olvidó de marcar. Por eso la frase resulta elocuente y genial, por atribuirle el pecado al ser supremo: fue la mano de Dios.

Ahora bien, hay otras manos menos conocidas pero no menos gloriosas, como la que no le dio el goleador Carlos Caszely a Augusto Pinochet, en plena dictadura.

El idolazo del Colo Colo se negó a estrechar la mano del tirano cuando este saludaba al equipo nacional. Les habían organizado una fiesta de despedida, previo al Mundial de Alemania. Corría el año 1974 y el golpe contra Allende estaba fresco en la memoria. A Caszely, que siempre se identificó con el gobierno derrocado, le carcomía otro agravio: la detención y tortura que sufrió su madre, Olga Garrido, por los militares. Cuenta Juan Villoro que el desaire se hizo visible gracias a un periodista adulador que expuso la mala educación del delantero. Mala educación que con el tiempo se convertiría en un gesto valiente, digno de la mejor épica.

Por eso nos deja un triste sabor que Messi no lo haya imitado y accediera ir a la Casa Blanca a acariciar la garra del villano de moda. Por cierto, Caszely era tan fanático del rojo, que fue el primero en recibir una tarjeta de ese color, que empezaron a usarse en el Mundial del 74.

Los messinómanos alegan que faltó alguien que le aconsejara sobre geopolítica internacional. Otros más críticos mencionan que tenía que haber hecho como David Beckham, actual presidente del Inter de Miami, que «casualmente» se sintió indispuesto el día del convite.

En esa risueña comitiva vimos también a Luis Suárez, quien en 2010, durante el Mundial de Sudáfrica, se le recuerda por meter las manos en su área. En aquella ocasión, el uruguayo quiso jugar de portero e impidió el gol que hubiera dado el triunfo a Ghana. Sin embargo, expulsado y todo, la suerte estuvo de su lado, pues el tirador africano erró la pena máxima y los sudamericanos terminarían ganando por la vía de los penales.

En fin, ¿qué hubiera pensado Maradona, el rebelde más clamoroso del fútbol, como lo definió Eduardo Galeano, si hubiera visto a Messi al lado de Trump? Diego, que presumía un tatuaje de Guevara, habría salido airoso con una gambeta verbal, como las que hacía en el césped, y hubiera dicho que la pelota no se mancha, pero joder, Leo, qué necesidad, quédate en casa y no hablés con ese gringo…

Manuel Iñaki Leal Belausteguigoitia

Abogado y literato

No es sencillo hablar de uno mismo. Qué decir sin provocar bostezos. Que tengo la dicha de estar en Santo Domingo; que antes anduve por México (de donde soy), Francia y España; que estudié derecho y más tarde literatura; que hoy me dedico a enseñar francés (Alianza francesa, Liceo Franco-dominicano), a leer y, en menor medida, a escribir, ir al cine, nadar…

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