La clase política en nuestro país está viviendo sus horas bajas; el nivel de desafección política crece exponencialmente y la dirigencia partidaria nuestra prefiere mirar de lado que aceptar esta realidad, y es que por múltiples razones ya la gente no nos escucha y, pese a que en los partidos existen en su dirección muchos ciudadanos íntegros, la narrativa que imponen hoy las redes sociales nos presenta como lo peor de la sociedad.
Los políticos dominicanos de todas las organizaciones no entienden que caminamos hacia un abismo, todo porque no hemos consumido el facilismo, la actitud acomodaticia de entender que aquí nada cambia, porque el status quo se mantendrá inalterable, y es que no nos hemos detenido a ver la verdad, pero más aún a interpretar el sentir del ciudadano “de a pies” y con ello defender los intereses de las grandes mayorías nacionales.
Los paradigmas en el pasado lo eran Bosch, Peña Gómez y Balaguer; ahora son los críticos influencers sociales que en esta era digital son a los que escuchan, ven o leen la mayoría de nuestro pueblo, hastiados de los políticos tradicionales que, entienden, le dan la espalda a las más sentidas causas de la población.
Bien merecido tenemos los políticos el criterio negativo que tienen sobre nosotros una amplísima mayoría de ciudadanos, porque ni siquiera hemos tenido la gallardía de defender el honor de nuestros nombres mancillados hoy por el criterio generalizado de que somos nosotros los grandes corruptos y culpables de todo lo malo que pasa en el país.
La pregunta obligada es si en verdad es así. Creo sinceramente que no, pero es precisamente esa la realidad y estoy más que convencido de que somos más culpables por omisión que por acción; les presento de inmediato por qué lo veo de esa manera:
1- La mayoría de los políticos, de manera cuasi ingenua, al llegar al Gobierno se dejan rodear de vulgares oportunistas, amigos de ocasión, familiares inescrupulosos, amantes del poder y, sobre todo, de empresarios corruptores; precisamente son estos últimos los que más se benefician en el reparto del gran hurto nacional.
2- Los políticos, cuando llegan a la Mansión de Gazcue, se dejan arropar y controlar por nuestra voraz oligarquía, que toma control absoluto de todo el entorno presidencial solo para sus fines económicos inconfesables.
3- La mayoría de nosotros, los políticos, confiamos en los técnicos que prepara el empresariado para insertarlos en los cargos, valoramos su alta formación académica, su padrinazgo por las familias de apellidos rimbombantes y cometemos la estupidez de no entender la mentalidad rentista de los mismos y sus estrechos vínculos con los principales grupos económicos que los mantienen en las antípodas del interés social o colectivo.
4- La mentalidad negadora de nuestras raíces, como pasa en este gobierno, hace que se le dé mayor posibilidad de obtener un empleo o cargo por razones raciales; solo tienen que ver que los caucásicos, siendo una minúscula mayoría racial en nuestro país, son predominantes dentro de los altos funcionarios públicos, pese a la capacidad que pudiesen demostrar los que son de la mayoría étnica dominicana: mestizos, mulatos y negros.
5- Veo con especial empatía cómo en el Congreso de los Diputados del Reino de España se aprueban leyes casi siempre en favor de las mayorías, para proteger a los ciudadanos y sobre todo a los vulnerables; aquí es todo lo contrario, se les ha entregado los sectores estratégicos del Estado a los insaciables oligopolios, en especial la energía, alimentos y hasta los medicamentos, pero ¿qué podemos esperar de un Congreso permeado por el lavado y el narcotráfico, gracias al mal llamado voto preferencial?
6- Ha primado en casi todos los Presidentes de la República que hemos tenido hasta ahora la idea de que los funcionarios más honestos son los que tienen una fortuna apreciable al llegar al cargo porque supuestamente no necesitan beneficiarse de la corrupción y nada más falso que eso; son estos, los que en su insaciable interés de tener mucho más, los que han realizado los más descarados robos a las arcas nacionales.
7- En la dirigencia de los partidos políticos existe una mayoría honesta y comprometida, pero que siempre comete el mismo error: permitir o aceptar calladamente que los presidentes de turno tomen sus principales o estratégicas decisiones, no con los políticos comprometidos, sino con asesores oportunistas y allegados, que no les importa para nada el pueblo y que solo les interesa acumular cada día más dinero y poder.
Aunque todavía el liderazgo principal del país está en manos de los partidos políticos, a dos años y medio de distancia de un proceso electoral, tenemos que aceptar que se percibe el gran peligro que se cierne en los cielos de la patria, ante la posibilidad de que un outsider pueda surgir de una grave crisis institucional, cosa que es algo serio a tomar en cuenta.
En situaciones como la que estamos viviendo, de una gran decepción e ira ciudadana, es que surgen precisamente esos fenómenos de simpatía popular que se venden como mesías o redentores al pueblo, ofertando siempre la panacea, para terminar después no haciendo nada y solo acabar con todo vestigio de la democracia imperfecta que tenemos hoy; veámoslo, sobran en la actualidad a nivel mundial los ejemplos.
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