La crítica cinematográfica se presenta como un análisis particular de la, o las, imágenes en movimiento, por cuanto toda imagen fílmica expresa un modelo o un interpretante singular de la realidad. Tanto el modelo de imagen como el modelo de crítica suponen una interacción, pero, además, suponen un intercontacto perceptivo y sensible que hace visible la significación desde la inferencia estético-visual.

A menudo, el crítico de cine descompone la película para revelar aquello que se archiva tanto en la imagen como en el pensamiento crítico. Ambos fenómenos desarrollan las ideas principales del acto creativo: la obra concebida, creada y finalmente transformada en producto. Este producto —llámese a, b, c… o N (infinito), articula la actuación, la dirección, el guion y el objeto expresado dentro de una estética cinematográfica y un uso específico del lenguaje.

De este modo, se explica el porqué de un argumento o de un guion poliestratificado, el cual debe ser probado y luego incorporado, como material, a un proceso de postproducción. El intérprete de cine debe conocer todo el tramado de la escritura del cine, pero también los valores que revela el objeto fílmico, como la obra fílmica, de suerte que exista un nivel relacionado de significación y reconocimiento por parte del director y el espectador a través de la obra proyectada e impactada.

Las líneas cardinales del fenómeno crítico se presentan como forma, a partir de los siguientes fenómenos del reconocimiento de la película: objeto en movimiento, encuadre en movimiento, espacio en movimiento, cardinal narrativa, cardinal diegética (de acción), función comunicativa, especie perceptiva, estructura modalizadora y evidencia de verosimilitud. Estos elementos del fenómeno crítico se van transformando en la diversidad de las experiencias críticas, en el momento en que el crítico se nutre de un posicionamiento estilístico y personificador.

Cabe decir que el tiempo de representación, percepción, reacción ante la película y justificación de la doxa crítica puede llegar a una visión posicionante del argumento analítico; desde esta posibilidad interpretativa convertida en una imagen justificada por la visión analítica que corresponda. Podemos advertir, entonces, un mundo posible de la película, esto es, el resultado de la visión expresiva que el crítico sostiene aportándole valor.

Toda experiencia crítica de cine se funda en la película y el espectador. Todo lo que ocurre entre el producto conectado y el espectador se plantea como un pacto interactivo donde el pronunciamiento audiovisual se unifica en la trama narrativa misma de la película, sobre todo en el mismo acto de ver por el material ajustado al texto y el contexto de la producción fílmica como tal.

En tal sentido, la suma de encuadres, planos y secuencias conduce a un resultado de valor cinematográfico donde el trazado asumido por el actor, el director, el escenógrafo, el localizador, el editor, y toda la fase de postproducción motiva, de todas maneras, la cardinal diegética de la película.

Odalís G. Pérez

Escritor

Miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua

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