Los cacerolazos han vuelto a llamar la atención del país:
“Otra noche más, los cacerolazos volvieron a sonar en diferentes sectores del Gran Santo Domingo en rechazo a la denominada “Ley Mordaza”, la reforma fiscal, la violencia policial y el alto costo de la vida.”
“En los sectores La Esperilla, Las Praderas, Piantini, Los Álamos, Villa Aura, Manganagua, Bella Vista, El Millón, Jardines del Arroyo, El Vergel, Mirador Sur, Naco, Quisqueya, Los Corales, El Libertador de Herrera, La Julia, se sumaron a la protesta pacífica que por tercer día consecutivo se realiza en el país.”[1].
Precisamente, uno de los cambios trascendentales que ha ocurrido en la sociedad dominicana desde las últimas décadas del siglo pasado hasta hoy ha sido la transformación de los sujetos sociales que ocupaban una posición privilegiada en la dinámica de los conflictos sociales.
Desde el período inmediatamente posterior a la dictadura de Trujillo y hasta el desmonte de la industria como sector económico dominante, la clase obrera y los trabajadores industriales, en sentido general, desempeñaron el papel hegemónico en las luchas sociales de la época. Sin embargo, una vez que otros sectores económicos pasaron a ocupar la posición predominante y se transformó la base económica del país, implicó que el protagonismo en materia de luchas sociales fuese asumido por otros segmentos de la sociedad.
Aproximadamente, durante las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado, el escenario principal de las movilizaciones sociales fue ocupado por los pobladores de los barrios. En alguna medida, una expresión de este cambio fue la rebelión de abril de 1984, la cual se originó en Capotillo, un emblemático barrio de la Capital. Durante esa época se formó un conjunto de organizaciones que expresaban el predominio de los territorios, tales como el Colectivo de Organizaciones Populares, el Frente Amplio de Lucha Popular (FALPO), el Consejo de Unidad Popular y los comités de lucha popular, entre otras. Es decir, la rebeldía, el descontento y sus expresiones se trasladaron desde las fábricas y los lugares de trabajo hacia los territorios donde convive una abigarrada variedad de sectores sociales, incluyendo a los trabajadores, pero extendiéndose más allá de ellos.
Otro cambio decisivo en la reconfiguración de la conflictividad social en el país ha sido el protagonismo de los sectores medios, los cuales han encabezado el grueso de las movilizaciones sociales que han trascendido el ámbito local.
Si hacemos un recuento, no necesariamente exhaustivo, de los principales procesos de movilización social de este siglo, advertimos que son las capas y estratos medios los que ocupan la posición predominante: la lucha por el 4 % para la educación, Justicia Fiscal, Bahía de las Águilas, las manifestaciones frente a Funglode, las cadenas humanas, la defensa de Los Haitises y la Marcha Verde, entre otros.
Es dentro de este contexto donde las redes sociales han desempeñado un papel fundamental como espacios de coordinación, debate de ideas y promoción de actividades impulsadas por activistas y militantes que promovieron muchas de estas acciones.
Tomando en cuenta este nuevo escenario, podemos valorar la realización de los cacerolazos en determinadas coyunturas y asignarles la importancia debida.
Recordemos lo sucedido cuando el gobierno de Luis Abinader presentó su propuesta de reforma fiscal el 7 de octubre de 2024. La reacción de una diversidad de sectores sociales, desde las élites empresariales hasta los partidos políticos, los sectores populares y medios hasta los medios de comunicación, fue de rechazo. Como resultado, el 19 de octubre el propio presidente Abinader retiró la propuesta. Una de las expresiones más visibles de ese descontento fueron los cacerolazos, lo cual expresó una voz de alerta al gobierno sobre lo que podría estar gestándose.
A nuestro entender, los cacerolazos tienen como epicentro a los barrios acomodados donde residen los sectores medios del país, lo que no implica que no ocurra en los barrios populares. Constituyen una forma de protesta especialmente adecuada para esos segmentos sociales medios, ya que no requiere salir de sus hogares ni exponerse a la represión policial, sino que puede realizarse desde las propias viviendas.
En la información de prensa que citamos, conviene destacar que, además de constituir una evidencia del despertar de determinados sectores sociales, la convocatoria se realizó a través de las redes sociales y que quien la promoviera no fuera un partido político ni otra organización formal, sino una influencer y rapera. Ello expresa con claridad los profundos cambios que ha experimentado la sociedad dominicana.
En el tipo de sociedad actual, los cacerolazos no constituyen una sustitución de los métodos tradicionales de protesta (huelgas, paros, vigilias, marchas, etc.), sino que expresan una nueva dinámica social que responde a una sociedad más individualista, donde existe una menor necesidad de estructuras formales y permanentes, como los partidos o los sindicatos, para expresar el descontento. También, nos revelan que los liderazgos pueden surgir de los lugares más insólitos y cuyas características pueden ser las más alejadas de las que tradicionalmente hemos conocido. Estamos ante la presencia de una sustancial transformación de los medios, métodos, escenarios y sujetos de la acción colectiva, los cuales conviven con las formas tradicionales, pero se diferencian considerablemente de ellas.
En términos más concretos y coyunturales, la reaparición de los cacerolazos podría ser la señal que nos muestre el estado de ánimo y la determinación de franjas importantes de la población frente a situaciones que se tornan insoportables, y que abra las puertas a momentos más intensos de protesta social.
Ya veremos cuál será el desenlace.
[1] https://eldia.com.do/los-cacerolazos-vuelven-a-sonar-por-tercera-noche-consecutiva-contra-ley-mordaza-apagones-y-reforma-fiscal/
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