Ochenta años. Toda una vida. Esa edad acaba de cumplir Mateo Morrison. La celebración no la pudo opacar ni siquiera el difícil momento que vive el mundo por la guerra cruenta que Israel y Estados Unidos le están haciendo a Irán. Tampoco los torrenciales aguaceros en República Dominicana, con granizadas incluidas. Durante el octogésimo aniversario del poeta, más bien, le han llegado lluvias de felicitaciones enviadas por familiares y amigos. Y no es para menos.
En la inmensidad de su ser, Mateo Morrison es un activo de la cultura dominicana con dimensiones múltiples. Ha entregado al país una voluminosa obra poética y ensayística. Tras una dilatada militancia en favor de la libertad del pueblo dominicano, también ha sido gestor cultural, gestor literario y portador de un escudo que sorteó con éxito los embates que suele ejercer el prejuicio en muchas sociedades.
Se comprometió con la libertad del pueblo dominicano antes de cumplir la mayoría de edad. De la mano con la cultura, del lado de los constitucionalistas, jugó un papel trascendente durante la guerra de abril de 1965. Pasada la contienda bélica, enarbolando las demandas más justas en favor de la patria, mantuvo una prolongada militancia política, con visión progresista, durante los difíciles 12 años que vivió el país de 1966 a 1978.
Su labor como gestor cultural alcanzó el grado de intensa en las acciones realizadas desde el Movimiento Cultural Universitario (MCU), con sede en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. En esa alta casa de estudios dirigió exitosamente el departamento de Extensión Cultural. Desde allí saltó la chispa que concitó a los jóvenes a formar una incalculable cantidad de clubes culturales que se extendieron por los barrios tanto de la capital como de todo el país. Esas instancias fueron verdaderos focos de resistencia, desde lo cultural, frente al nefasto periodo que embistió el territorio dominicano durante la posguerra. Fue el primer dominicano en graduarse, en Venezuela, en administración cultural. Mateo Morrison jugó un papel importante durante la creación de la Secretaría de Estado de Cultura, ocurrida en el año 2000. Una vez creada, tuvo una destacada labor dentro de esa cartera. Su experiencia en este campo la ha dejado plasmada en más de diez títulos sobre el quehacer cultural del país.
Casi como ciclópea se puede definir la labor de Mateo Morrison como gestor literario. En 1973 fue cofundador del suplemento cultural Aquí del periódico La Noticia, medio que convirtió en un faro de luz desde donde proyectó a escritores dominicanos y extranjeros durante veinte años. Conjuntamente con esa labor, Mateo creó el Taller Literario César Vallejo. Esta acción fungió como bujía de inspiración para que en todo el territorio nacional surgiera un vigoroso movimiento de talleres literarios. Nunca antes el país tuvo tantos jóvenes inclinados hacia la literatura con tanto esmero. Con las condiciones objetivas y subjetivas dadas, ellos se convirtieron en la denominada generación literaria de los 80. Mateo Morrison supo multiplicarse para estar presente en los distintos rincones del país donde era solicitado para compartir su experiencia literaria. En 1994, tras tres intensas décadas, cuando cesó su labor en la universidad y en el periódico, le confesó a Clodomiro Moquete: "Creo que, en esta etapa, ya mis servicios a las nuevas generaciones serán a través de los libros, más que a través de mi presencia física".
Era inmenso el fervor literario que había en el país desde los inicios de la década de los 80. En medio de ese entusiasmo, Mateo Morrison encabezó el formidable equipo que, desde la Universidad Autónoma de Santo Domingo, organizó el Encuentro Internacional de Escritores Pablo Neruda, realizado del 5 al 11 de septiembre de 1983. El grueso de los escritores establecidos del país recibió a quienes en aquellos momentos constituían lo más granado de la literatura latinoamericana. Rogelio Sinán, Eduardo Galeano y Seymour Menton son apenas algunos de los nombres de autores que formaron parte del encuentro.
Todos lo saben, aunque algunos lo nieguen: ser afrodescendiente en República Dominicana es como tener que exhibir la medalla de un estigma. Siempre lo ha sido. Mateo Morrison, afrodescendiente, se abrió paso en la sociedad venciendo los embates del prejuicio racial y la marginación social. Él lo plantea en su novela Good morning, Mr. Morrison de forma contundente: "Donde no reinaba el despotismo, había niveles de racismo exagerado". (p. 88). Con su persistencia y con su permanente fervor en favor de la calidad literaria, Mateo ha sido un vencedor de estereotipos.
La poesía ha sido el norte principal durante toda su vida. Mateo ha entregado a los lectores más de cincuenta títulos, unos de poesía de su autoría y otros de antologías que él ha compilado. Vasto, sumamente amplio es el abanico de los temas tocados por este creador. Siempre, en sus textos poéticos, ha enastado en el tope más alto la bandera de la denuncia social, la defensa de la patria y el amor en su más vasta dimensión. Su labor escritural lo ha convertido en uno de los autores más destacados de la posguerra. La calidad de su producción lo sitúa allá arriba, en la cima de esa colina sacra donde brillan las voces más altas de la poesía dominicana.
Aportando, siempre entregándose por entero al país, el tic tac del reloj trajo ese 14 de abril del 2026 en el que Mateo Morrison ha arribado a los ochenta años. La ocasión fue celebrada con dos actividades centrales. La primera, en la mañana, tuvo lugar en la sala Aída Cartagena Portalatín de la Biblioteca Nacional. Allí fue entregado el libro Mateo Morrison, amor que se derrama, escrito por la investigadora colombiana Consuelo Hernández. Los presentes pudieron saborear el banquete reflexivo que esta mujer de altos vuelos ofreció sobre la poesía de Morrison.
La segunda actividad con motivo de los 80 años de Mateo Morrison se celebró en la noche. Los invitados fueron recibidos en el Salón Azul del Club Naco. Un selecto grupo de familiares y amigos de la literatura se reunieron allí para brindarles sus afectos al poeta. Primero fue el recibimiento a cargo de una agrupación musical. Y lo final fue la musicalización de varios poemas de Mateo en la dulce voz de Claudio Cohén. Solo que, entre el grupo musical y Claudio, hubo una participación que le encrespó la emoción a todos los presentes. Con tres canciones ("Mi debilidad", de Aníbal de Peña; "Una primavera para el mundo", de René del Risco Bermúdez, y "Por amor", de Rafael Solano), Niní Cáfaro, a sus 86 años, demostró por qué en el país se le reconoce como "El rey de los festivales". Su voz, como siempre melódica y profunda, hizo que los presentes lo ovacionaran de pie. A la satisfacción del homenajeado se le desbordaron los límites.
En los tiempos actuales, aproximadamente solo el 2 % de la población mundial llega a los 80 años. Mateo Morrison ha tenido el privilegio de lograrlo. Y lo ha hecho llevando consigo una carrera literaria monumental, una familia exitosa que le brinda su amor y una pléyade de gente que por los cuatro puntos cardinales le profesa amistad y admiración. Es algo que se puede resumir con una frase contundente: una vida de éxito. El país, complacido, le dice: gracias, Mateo Morrison, por todo lo que nos has dado. Que tengas una larga vida rebosante de salud.
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