Hace exactamente tres décadas que publiqué en el periódico Listín Diario un trabajo titulado "Nos Arropa la Delincuencia". De aquel hecho hasta estos tiempos ha llovido mucho. Una niña que hubiese nacido para esa época, hoy sería una mujer graduada universitaria o una alta empresaria del país. ¿Por qué no? Pudiera hoy día haber alcanzado el grado de generala de nuestros cuerpos castrenses o de la Policía Nacional, así como también senadora de la República; una líder religiosa, de bien. Quizá una rectora de una academia. Cuánto ha llovido desde aquel día a esta fecha.
Cuando publiqué aquel trabajo, pareció un acto de herejía. Un tiempo después, un empresario fue secuestrado. Posteriormente, una monja perdió la vida violentamente cuando trató de enfrentar a un delincuente en un acto bochornoso de ratería callejera.
Mucho antes de todo lo dicho anteriormente, y de esto hace casi cincuenta años, nuestra vocación sociológica nos llevó, siendo estudiantes universitarios, a mi amigo José Anulfo Peláez y a un servidor, a denunciar en el desaparecido periódico "La Noticia" los atracos que se estaban produciendo en Barahona, nuestra provincia.
Después de todo aquello que describimos en el párrafo anterior, ocurrió, y fue publicado en la prensa nacional, que alguien realizó un fraude, que es lo mismo que un robo, en el Banco Central de la República Dominicana, aunque hay que ser justo y decir que las autoridades de dicha institución actuaron con responsabilidad y descubrieron dicho hecho. Fue un asunto interno, el cual pudo solucionarse por vía institucional. ¡Pero ocurrió!
Antes de estos hechos narrados, Santiago de los Caballeros perdió una de sus más bellas y prometedoras jóvenes cuando un delincuente le arrebató su celular. Y no conforme con esto, la asesinó.
Los fenómenos sociales como bienestar, empobrecimiento, violencia (de cualquier tipo), inseguridad ciudadana, destrucción ambiental… no son percibidos, en sus inicios, por el ciudadano común; y cuando logra advertirlos por el tamaño o el desarrollo de tales eventos, estos son gigantescos, sean positivos o negativos, para la población. Solamente los organismos oficiales que manejan estadísticas, como es natural, conocen la magnitud de dichos fenómenos. Ni los propios medios de comunicación tienen muchas veces la valoración real de tales situaciones.
Realizamos este recorrido para llamar la atención sobre lo que se está produciendo en el país con relación a las niñas, niños y adultos desaparecidos. Estos hechos constituyen indicadores, en términos sociales, que deben preocupar a las autoridades competentes y a toda la sociedad dominicana. Debemos señalar a los partidos políticos, pues, al fin y al cabo, son los que detentan el poder y definen políticas públicas.
Las experiencias que hemos vivido en muchos países de América Latina son más que suficientes para que las fuerzas vivas de la nación aborden con seriedad el peligro que nos amenaza y que es, sin duda, de conocimiento público; y están, además, las noticias publicadas en los medios de comunicación. Las familias y las comunidades lo han expresado y denunciado. Mañana será tarde si no actuamos como Estado y nación, hoy.
Muchas veces cuando los problemas de alta delincuencia penetran en el tejido social no lo advertimos a tiempo. Cuando esto pasa y hacemos silencio, la solución es la lamentación lacerante para toda la sociedad. ¡Actuemos!
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