En la entrega de la semana pasada, la que dedicamos al tema de juventud y la lectura, terminábamos diciendo:

“En las escuelas se insiste en la obligación de leer antes que, en el sentido de la lectura, en la evaluación antes que en el disfrute de ésta y en la memorización más que en la comprensión del texto leído. De esa manera, la lectura pierde su carácter de experiencia significativa, convirtiéndose más bien en una tarea escolar más.

No caigamos en la nostalgia de la lectura desaparecida, sino en la acción pedagógica innovadora comprometida con la misma, reconociendo y legitimando la lectura digital como punto de partida y no como obstáculo; promoviendo la lectura profunda como una competencia a desarrollar; integrar la lectura con la vida cotidiana; fomentar comunidades lectoras y formar docentes como mediadores de la lectura.

Tal vez ha llegado el momento de abandonar la queja fácil y asumir una postura más reflexiva y comprometida. Los jóvenes no han dejado de leer; están leyendo de otra manera. Comprender este cambio es un paso importante para acompañarlos.”

Leer, como hablar, no es una habilidad natural. Desde los primeros meses de la vida somos capaces de expresar nuestras necesidades, y es que el hablar, definitivamente, es una capacidad relacionada con la sobrevivencia. Leer, en cambio, una construcción cultural que juega una función importante en la reorganización del cerebro y la comunicación social.

Maryanne Wolf, especializada en neurociencias cognitivas y dislexia, se ha dedicado a estudiar acerca del “cerebro lector y la adquisición del lenguaje escrito”. Ha puesto especial atención en el estudio de cómo el cerebro aprende a leer y cómo la era digital transforma la lectura profunda”.

Describe en su investigación a propósito, de que el cerebro humano, que no nació para leer, sin embargo, reorganiza circuitos neuronales para hacerlo. La plasticidad cerebral permite comprender estos procesos. Nos advierte sobre los efectos de la lectura digital en la capacidad de atención y empatía.

Según ella, la lectura integra redes de manera múltiples, así nos permite desarrollar la atención sostenida, la memoria de trabajo, el lenguaje (léxico y sintaxis), las funciones ejecutivas, como el procesamiento emocional y social. Además de que amplia nuestro léxico disponible. De manera concreta y simple: la calidad de la lectura cualifica, también, nuestro pensamiento.

Sareen Habeshian, en la página web AXIOS, ofrece un ensayo que titula: “Leer la impresión es mejor para la comprensión que las pantallas, según un estudio”. Haciendo referencia de más de 20 estudios y más de 450 mil participantes, señala el siguiente hallazgo: “la lectura recreativa en papel se asocia mucho más con comprensión lectora que la lectura recreativa en pantalla”.

Un Informe de la Dirección de Educación y Competencias de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), a partir del Estudio PISA, que tituló Estudiantes, dispositivos digitales y éxito, nos ofrece los siguientes hallazgos al respecto:

  • El uso excesivo de dispositivos digitales para el ocio en las aulas puede afectar negativamente al rendimiento académico de los estudiantes.
  • El 58% de los estudiantes en Francia reportó distraerse usando dispositivos digitales en al menos algunas clases de matemáticas.
  • El 59% de los estudiantes de la OCDE dijo que su atención se desvió debido a que otros estudiantes usaron teléfonos, tabletas o portátiles en al menos algunas clases de matemáticas.
  • Los estudiantes que reportaron distracciones por el uso de dispositivos digitales por compañeros en algunas, la mayoría o todas las clases de matemáticas obtienen puntuaciones significativamente más bajas en los exámenes de matemáticas.
  • El 29% de los estudiantes informó de usar smartphones varias veces al día en escuelas con prohibiciones de teléfono, de media en la OCDE; El 21% usaba una cada día o casi todos los días.
  • El 43% de los estudiantes franceses informó sentirse nervioso o ansioso si no tenían el móvil cerca.
  • El entorno digital ofrece oportunidades educativas, pero también presenta riesgos como el ciberacoso, la exposición a contenido inapropiado y preocupaciones sobre la privacidad.
  • Algunos estudios muestran una relación positiva entre las habilidades de alfabetización de los niños y el tiempo que pasan mirando pantallas con familias, pero un vínculo negativo si los niños ven pantallas solos.
  • Políticas como la prohibición de smartphones pueden ayudar a mitigar las distracciones, pero se necesitan una aplicación eficaz y otras estrategias para entornos de aprendizaje enfocados.
  • El acceso a la tecnología digital es esencial para la educación; Se deben hacer esfuerzos para garantizar que todos los estudiantes tengan acceso a las herramientas y recursos digitales necesarios con el apoyo y supervisión adecuados a la edad de los adultos.

Todo apunta a considerar la importancia de la lectura profunda, continua y sin interrupciones para alcanzar mayores niveles de los procesos cognitivos como la comprensión inferencial, el pensamiento analítico y crítico, la capacidad de abstracción, como el desarrollo de la memoria a largo plazo.

La lectura fragmentada, que puede estar asociada al uso digital del texto, con saltos constantes y multitarea puede favorecer la rapidez de acceso, pero puede, al mismo tiempo, debilitar la atención sostenida y la integración de ideas complejas. En mundo complejo, como el que vivimos, estas habilidades y competencias son fundamentales.

Hay que admitir que el problema actual no es tanto que los jóvenes no lean, sino más bien, que leen distinto y de manera fragmentada, lo que limita la profundidad y, por tanto, la comprensión del texto.

Quizás el desafío educativo se sitúe no solo en promover la lectura por sí solo, sino, enseñar a leer profundamente insistiendo en la lectura comprensiva, creando ambientes sin distracción para la lectura; combinando diferentes formatos con propósitos pedagógicos y, que el maestro, sea un referente lector.

En conclusión:

  • La lectura debe ser materia de política pública, promovida en todos los espacios sociales.
  • Reconocer su valor como herramienta de desarrollo cognitivo.
  • Reconocer, además, que no toda lectura forma de la misma manera: mientras la lectura profunda y continua construye pensamiento, memoria y empatía, la lectura fragmentada tiende a debilitar la atención y la comprensión compleja.
  • El reto educativo principal es que los jóvenes aprendan a leer mejor y desarrollen un fuerte hábito de lectura.

Julio Leonardo Valeirón Ureña

Psicólogo y educador

Psicólogo-educador y maestro de generaciones en psicología. Comprometido con el desarrollo de una educación de Calidad en el país y la Región.

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