Durante años, las cámaras de seguridad fueron simples observadoras pasivas. Grababan imágenes que normalmente solo se revisaban después de un robo, un accidente o algún incidente. Pero esa realidad está cambiando rápidamente. Las nuevas cámaras impulsadas por inteligencia artificial ya no se limitan a registrar imágenes: ahora interpretan comportamientos, detectan patrones y toman decisiones automáticas en tiempo real.

En Europa este tema ya genera un debate intenso. Un reciente reportaje del diario neerlandés De Telegraaf mostró cómo algunos supermercados utilizan cámaras inteligentes capaces de detectar «comportamientos sospechosos» o errores en las cajas de autopago. El problema no es únicamente tecnológico. El verdadero debate comienza cuando un algoritmo puede etiquetar a una persona como potencialmente problemática sin suficiente contexto humano.

Y aunque muchos dominicanos podrían pensar que esto todavía pertenece al futuro, la realidad es que la República Dominicana ya comenzó a entrar en esta nueva etapa digital.

La nueva generación de vigilancia

La diferencia entre una cámara tradicional y una cámara con inteligencia artificial es enorme. Una cámara convencional simplemente registra imágenes. Una cámara inteligente analiza lo que sucede. Puede identificar rostros, reconocer matrículas, medir flujos de personas, detectar movimientos considerados inusuales e incluso generar alertas automáticas.

Para las empresas, el atractivo es evidente. Estas herramientas prometen reducir robos, automatizar sistemas de seguridad y generar información mucho más precisa sobre clientes y operaciones. En supermercados, por ejemplo, ya pueden identificar discrepancias en cajas de autopago o detectar comportamientos fuera de lo normal. En aeropuertos y fronteras permiten automatizar controles migratorios mediante reconocimiento facial.

La inteligencia artificial convierte así las cámaras en sistemas permanentes de análisis y supervisión.

La IA ya llegó a República Dominicana

Y la República Dominicana ya empezó a avanzar en esa dirección. La Dirección General de Migración anunció en 2025 proyectos piloto e iniciativas para implementar sistemas biométricos y cámaras de reconocimiento facial en zonas fronterizas y mercados binacionales. Además, el Gobierno dominicano lanzó en 2023 la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA), cuyo objetivo es transformar el país en un hub regional de innovación tecnológica e inteligencia artificial. Es decir, la conversación sobre vigilancia inteligente ya no es teórica. La tecnología comenzó a incorporarse tanto en el sector público como en el privado.

El gran dilema: seguridad versus privacidad

Sin embargo, aquí aparece el verdadero dilema: ¿cómo equilibrar eficiencia y derechos ciudadanos?

Las cámaras inteligentes pueden ayudar a mejorar la seguridad y optimizar operaciones. Pero también introducen riesgos importantes relacionados con la privacidad, la vigilancia excesiva y los posibles errores algorítmicos. Los sistemas de inteligencia artificial no son neutrales. Aprenden a partir de datos históricos y pueden reproducir sesgos o interpretaciones equivocadas.

Una persona podría ser considerada «sospechosa» simplemente porque un algoritmo interpreta ciertos movimientos como inusuales. Y muchas veces el ciudadano ni siquiera sabe cómo se tomó esa decisión o qué información fue utilizada.

En países europeos este debate ya es central. La Unión Europea avanza hacia regulaciones mucho más estrictas sobre inteligencia artificial y protección de datos. En América Latina, incluida la República Dominicana, el marco regulatorio todavía es limitado.

Un marco regulatorio todavía insuficiente

El país cuenta actualmente con la Ley 172-13 sobre protección de datos personales, la cual establece reglas importantes sobre privacidad y manejo de información. Pero esta legislación fue diseñada antes de la explosión reciente de las tecnologías de reconocimiento facial e inteligencia artificial avanzada.

Precisamente por eso, la propia Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial reconoce la necesidad de actualizar la regulación nacional. Hoy todavía existen preguntas importantes sin respuestas claras: ¿quién puede almacenar datos biométricos?, ¿durante cuánto tiempo?, ¿qué supervisión existe sobre estas tecnologías?, ¿qué ocurre cuando un algoritmo se equivoca?

Este vacío regulatorio resulta delicado porque las cámaras inteligentes no solo observan: también generan perfiles y analizan comportamientos. A medida que la inteligencia artificial se integre en más espacios públicos y privados, aumentará la necesidad de transparencia, supervisión y reglas claras.

Lo que cambia para las empresas

Para las empresas dominicanas, esta transformación representa una combinación de oportunidad y responsabilidad.

Por un lado, la inteligencia artificial puede mejorar enormemente la eficiencia operativa y la seguridad. Sectores como retail, banca, logística, turismo y seguridad privada probablemente acelerarán su adopción durante los próximos años. Pero cuanto más sofisticada se vuelve la vigilancia, mayor también es la responsabilidad corporativa.

Una empresa que utilice reconocimiento facial o sistemas automatizados sin suficiente transparencia podría enfrentar cuestionamientos legales y reputacionales. Por eso, las organizaciones más avanzadas ya no hablan únicamente de transformación digital, sino de «IA responsable». Esto implica desarrollar políticas claras de privacidad, protección de datos y supervisión humana sobre sistemas automatizados.

La adopción tecnológica ya no consiste solamente en instalar cámaras o comprar software. También exige gobernanza, ética y cumplimiento regulatorio.

El reto del talento dominicano

Al mismo tiempo, esta transformación tendrá un fuerte impacto sobre el mercado laboral dominicano. La expansión de sistemas basados en inteligencia artificial aumentará la demanda de especialistas en análisis de datos, visión computacional, ciberseguridad y regulación digital.

La ENIA identifica precisamente el talento humano como uno de sus pilares estratégicos. Pero la realidad es que la República Dominicana todavía enfrenta una escasez importante de profesionales altamente especializados en inteligencia artificial avanzada.

Eso obliga a universidades, empresas y Gobierno a acelerar la formación técnica y digital del país. Porque la próxima gran brecha competitiva probablemente no será solamente tecnológica, sino también una brecha de talento.

El desafío real es institucional

Al final, el verdadero desafío no es técnico. Instalar cámaras inteligentes es relativamente fácil. Lo difícil es construir instituciones capaces de garantizar transparencia, supervisión y protección de los derechos ciudadanos.

La inteligencia artificial aplicada a la vigilancia puede fortalecer la seguridad y modernizar muchos procesos. Pero también puede erosionar libertades fundamentales si no existe suficiente control democrático.

La pregunta ya no es si esta tecnología llegará a República Dominicana. Esa etapa ya comenzó.

La verdadera discusión es qué tipo de modelo quiere construir el país: uno equilibrado y transparente, donde la inteligencia artificial sirva al ciudadano, o uno donde algoritmos invisibles comiencen gradualmente a tomar decisiones sensibles sin supervisión suficiente.

Porque cuando las cámaras empiezan a «pensar», toda la sociedad necesita empezar a reflexionar.

Armand Toonen

Director Ejecutivo del Holland House Caribbean. Consejero Independiente

Armand Toonen, PDEng MSc CPIM MBA, es actualmente Director Ejecutivo del Holland House Caribbean, Consejero Independiente e inversionista. Armand tiene treinta años de experiencia en multinacionales de clase mundial que operan en servicios financieros, telecomunicaciones y alta tecnología en Europa, América y Asia. En la Republica Dominicana trabajo como Vicepresidente en Orange, AGL, Banco Santa Cruz y Altice. Historial comprobado como CEO, CCO, CMO, COO, CSO y consultor. Experiencia en “growth hacking” mediante redefinición de estrategias, transformación (digital), fusiones y adquisiciones y creación de equipos de alto rendimiento. Armand tiene un doctorado y varias maestrías en administración de empresas, ingeniería industrial y logística. Se preparó entre otros en Harvard Business School y Hemingway para el rol de consejero. Ex miembro del Programa de Liderazgo Global de Vodafone.

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