A través de la historia hemos conocido cómo las mujeres han sido silenciadas, mutiladas, asesinadas, declaradas brujas y condicionadas al ostracismo.

En la antigua Grecia, Aristóteles consideraba que la mujer era biológica e intelectualmente inferior al hombre y que por lo tanto, debía ser sometida por este, sobre todo en el ámbito familiar. Creía que, por naturaleza, el hombre era superior. Sin embargo, gracias a las investigaciones de las neurociencias, se ha demostrado que el cerebro femenino tiene mejores conexiones neuronales entre sus dos hemisferios y que posee una mayor capacidad de adaptación a las prioridades, mejor entendimiento del idioma y habilidad para pensar de manera más exitosa y rápida. El cerebro femenino es organizado. Fue diseñado para hablar, coordinar, recordar y administrar (Dr. Calixto, 2024).

En la actualidad, algunas culturas, por temas religiosos, las mujeres pueden ser golpeadas, vilipendiadas, ultrajadas, obligadas a ocultar sus cuerpos, a no hablar en público ni ejercer su derecho a movilizarse sin el acompañamiento del marido, el padre o un hermano ni  tampoco a estudiar. En Afganistán, en pleno siglo XXI, se legisló para autorizar a los maridos a golpear a las mujeres y que solo sean sancionados con prisión por quince días en caso de provocar fracturas, mientras que son apresados por tres meses si maltratan a un camello. El planeamiento hombre-mujer, no se distancia de Aristóteles, pues un animal goza de mayor privilegio, consideración y respeto que la mujer.

En la era de la industrialización la vida de la mujer se trasformó pasando de la economía doméstica a una de mercado. En este periodo fue explotada, pero a la vez  ganaba independencia económica. Gradualmente, la mujer ha afianzado  su estatus social, político y religioso, en la academia, con mayor inserción en la productividad económica mediante el trabajo formal o informal, el emprendedurismo y a través de los medios digitales.

En la República Dominicana, Abigail Mejía (1895-1941), feminista, sufragista, biógrafa, educadora y fotógrafa, fundó a Nosotras, la primera organización feminista y, a través de ella educaba a las mujeres pobres. En el siglo XX inició el proceso de transformación de las dominicanas gracias a su visión. En 1922 creó un partido integrado por mujeres con el que impulsó la lucha por sus derechos. En 1931 fundó la Acción Feminista Dominicana, promoviendo el sufragio femenino. Entre 1942 y 1943 se integró el primer grupo de mujeres congresistas. En la actualidad, ellas han ocupado vicepresidencias, ministerios y  presidencias de las Cámaras de Diputados y del Senado, entre otros puestos políticos de relevancia.

En la República Dominicana, la mujer no tenía derecho a una vida pública, a abrir cuentas bancarias, divorciarse, tampoco declarar a sus hijos ni vender, comprar, donar o hipotecar. Con la ley 390 (1940) se reconocieron los derechos civiles de la mujer independientemente de su estatus de casada o soltera. Contra todo obstáculo logró posicionarse y seguir hacia adelante con el convencimiento de que no se le pueden arrebatar injustificadamente los derechos adquiridos.

Respecto a la sexualidad femenina,  es el siglo XX  comenzó a ser considerada y visibilizada con la revolución feminista.

En 1980, el concepto  histeria fue sacado del Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM), así como del CI-10  y de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Fue utilizado en la medicina  como un problema  propio de la mujer para explicar los síntomas físicos y emocionales. El psiconalista Sigmund Freud sostuvo que la histeria tenía su base en los conflictos psíquicos inconscientes, muchas veces relacionados con la represión de la sexualidad femenina.

Hoy observamos, sobre todo, en las redes sociales muchas mujeres en occidente, que se han apoderado de estos medios para expresar sus aspiraciones personales y de las parejas que quieren mostrar sus cuerpos como si se tratara de quebrantar las normas sociales y familiares antes establecidas. No se trata del predominio del pudor, es del goce del cuerpo en sí mismo para sí mismas.  Muchas recurren recurren a distintas intervenciones médicas en búsqueda de su físico ideal o aparantar ser más jóvenes. Ellas deciden cómo quieren verse a sí mismas y cómo habitar su cuerpo.

En las redes sociales se escenifican bailes eróticos, perreos, entre otros como un acto de rebelión ante una cultura que ellas consideran que hay que deshacer.  ¿Es un reclamo colectivo quebrar las normas establecidas para imponerse? Ahora bien, ¿imponerse a qué y a quién?

Se puede constatar que muchas mujeres están cuestionando el matrimonio tradicional en el que las mujeres estaban sometidas, silenciadas y abandonaban sus proyectos personales para dedicarse solo al cuidado de los maridos y la crianza de los hijos. Hoy, otras, visibilizan y cuestionan cómo fueron sostenedoras de la familia y de una pareja, cuyas experiencias fueron asumidas con la corona del sufrimientoy que hoy consideran disfrutar del derecho a la libertad y elegir cómo quieren vivir.

Actualmente existen profesionales, coaches, emprendedoras, ejecutivas y mujeres de diferentes clases sociales que han asumido sin miedos y tapujos el cuestionamiento de los roles aprendidos durante siglos. Ellas están dispuestas a disfrutar de la sexualidad sin atarse a mandatos culturales, sociales ni religiosos.

El feminismo creó las bases para que las mujeres se empoderaran y cuestionaran la relación de subordinación (mujer)-dominio(hombre) con el propósito de abrir un camino a la equidad. Se aboga por una cultura del reconocimiento de la mujer en la que pueda sentir seguridad en la sociedad, que le garantice ser ella misma y a movilizarse sin miedo a ser agredida.

Las feministas que nos antecedieron libraron grandes luchas para que adquiriéramos el derecho al voto, a la escolaridad, a pertener a un partido político, optar por cargos presidenciales, ser pastoras, diaconisas, presidir empresas, emprender, escribir libros y ser reconocidas por sus aportes con el máximo reconocimiento del Premio Nobel.

Las mujeres unidas que cuestionan, reflexionan y desafían lo establecido pueden transformar una sociedad.

Soraya Lara Caba

Psicóloga

Psicóloga Terapeuta Familiar PhD en Salud, Psicología y Psiquiatría. Centro de Asistencia Familiar Presidenta PACAM

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