Para quienes trabajamos en el sector energético, hay una pregunta que se repite cada vez que se apaga la luz en algún país: ¿dónde ponemos el foco para que no vuelva a pasar?

En el caso de República Dominicana, el último gran apagón ocurrió el 23 de febrero cuando una falla en la central Punta Catalina hizo caer más del 60% de la generación programada en cuestión de minutos. El anterior, en noviembre de 2025, ya había impactado múltiples actividades de la vida cotidiana de los dominicanos incluida la operación del metro de Santo Domingo. Dos apagones nacionales en cuatro meses son una señal que vale la pena analizar con calma y visión de futuro para acelerar las soluciones que el país ya ha identificado y salir fortalecidos.

España vivió algo parecido hace poco más de un año. En abril de 2025 sufrió el apagón más grave de su historia reciente: un país entero, de un momento a otro, sin electricidad. Hubo quien utilizó ese episodio para pedir directa e indirectamente frenar la expansión renovable, con el argumento de que depender del sol y del viento había hecho vulnerable a la red. Catorce meses después, los datos muestran otra realidad muy diferente.

En vez de retroceder en su expansión renovable, España aceleró y el ritmo de instalación de eólica y solar tras el apagón fue mayor que el del año anterior. El almacenamiento con baterías, que ya se había cuadruplicado en 2025, va camino a cuadruplicarse otra vez en 2026 y las expectativas futuras para esta tecnología son de crecimiento exponencial. El sistema encaminó a las plantas renovables a asumir tareas que antes eran solo de las convencionales, como por ejemplo el control dinámico de la tensión eléctrica, y se han comprometido planes de inversión históricos para la red eléctrica nacional.

El resultado de la apuesta renovable se nota en la factura de cualquier hogar español: entre enero y abril de este año, España y Portugal tuvieron, cada mes, alguno de los tres precios de electricidad más bajos de toda la Unión Europea. En marzo, mientras Italia —que depende fuertemente del gas importado— pagaba 143 euros por megavatio-hora, España pagó 42, tres veces menos, en el mismo continente, en el mismo mes.

Hay que destacar, que la apuesta por una red más robusta no es gratis: los costos de balancear la red subieron de 1,300 a 3,800 millones de euros entre 2021 y 2025, pero aún descontando esos costos nuevos, el hogar español promedio ahorra hoy cerca de 10 euros al mes frente al año 2021.

Y ahí está, para mí, el punto que de verdad importa: la seguridad energética debe estar en el centro de la discusión, porque no hay energía más cara que aquella que no se tiene. Y esta apuesta incluye, sin duda, la diversificación tecnológica teniendo siempre como prioridad el balance entre energía limpia, segura y barata.

Con esa idea en mente, vale la pena analizar la matriz dominicana de cerca. Hace una década, en 2015, los combustibles fósiles representaban casi el 90% de la generación eléctrica del país. Más de 10 años años después, y gracias a una apuesta clara de política pública y el compromiso decidido del capital privado, esta cifra ha bajado considerablemente según los últimos datos disponibles, y hay una oportunidad clara para seguir acelerando: el gas aporta hoy más del 35% de la matriz, el carbón otro 28% y los derivados del petróleo casi el 14% y entre los 3 suman más de tres cuartos de toda la electricidad que consume el país. Las renovables (incluyendo la hidroeléctrica), mientras tanto, apenas superan el 22%.

Dicho de otro modo: la actual matriz dominicana se parece más a la Italia de los 143 euros que a la España de los 42, y el apagón del 23 de febrero no salió de un parque solar ni de uno eólico, sino que provino de la parte térmica convencional del sistema sin esquemas de flexibilidad, que sigue siendo columna vertebral de un sistema que depende en exceso de este tipo combustibles fósiles importados, en un contexto global de incertidumbre y volatilidad de precios que impacta a la competitividad nacional.

Lo alentador es que el propio país ya ha escrito buena parte de la respuesta en su visión de política pública, con documentos como el Plan Energético Nacional 2025-2038 que tienen clara la hoja de ruta óptima para el país: expansión de capacidad renovable, desarrollo de transmisión, respaldo térmico flexible con gas natural y una arquitectura de baterías que todavía está por construirse y que agregará valor de forma ágil al país. El plan existe, al igual que en el caso español, se trata de mantener el impulso y dedicar los recursos necesarios para llevarlo a cabo con la misma ambición con la que fue diseñado.

República Dominicana tiene, además, algo que muchos países desearían: sol los doce meses del año, en niveles que cualquier país europeo envidiaría. La energía solar dominicana creció más de 800% en capacidad instalada solo entre 2020 y mediados de este año, muestra clara de que el apetito inversor existe y se materializa, el recurso también. El punto central de discusión es la misma decisión que tomó España hace catorce meses: no esperar a que la próxima falla vuelva a apagar el país para hacer lo que ya sabemos que hay que hacer, incluyendo grandes inversiones en redes y el despliegue de baterías para maximizar el uso de la creciente producción de energía renovable en el país.

La realidad nos muestra que un apagón se olvida en semanas, pero la decisión de no repetirlo puede sostenerse durante años, ahí está la diferencia que vale la pena perseguir, y si República Dominicana ha demostrado algo es que es un país innovador, dinámico y líder, así que tiene todo para aprovechar a su favor la transformación del sector energético.

Alvaro Villasante

Experto global en transición energética

Experto internacional en el sector energético, con más de 15 años de trayectoria dedicados a la industria y a los procesos de transición energética en la región. Actualmente se desempeña como Vicepresidente de Gestión de Negocios e Innovación del GEB, cargo desde el cual lidera iniciativas estratégicas orientadas al desarrollo de nuevos negocios y a la incorporación de soluciones innovadoras que impulsan la evolución del sector hacia modelos más sostenibles y eficientes. Adicionalmente, forma parte de múltiples juntas directivas, desde donde aporta su visión estratégica y su amplia experiencia al fortalecimiento de distintas organizaciones vinculadas al sector energético.

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