Nuestro destino turístico es el mas exitoso de toda la region del Caribe y Centroamérica. Eso lo debemos al clima, nuestras playas, la conectividad aérea, la infraestructura hotelera y una buena imagen. Pero aun cuando esos factores de éxito permanezcan, la perspectivas son de que experimentaremos una fuerte competencia de parte de algunos de los países vecinos como resultado de sus predecibles cambios políticos. Frente a esa futura competencia lo prudente es montar una estrategia de fortalecimiento y diversificación de los atributos del producto turístico. La gran meta debe ser configurar un destino único mediante la innovación con miras a la diferenciación del producto.
Una entrega anterior había advertido que durante los próximos años aumentará la competencia turística regional. (Otros analistas tales como Ramón Núñez Ramírez y Bernardo Vega han coincidido en eso.) Países como México, Jamaica, Bahamas y otros destinos caribeños continúan ampliando su oferta, mientras que Cuba podría fortalecer significativamente su industria turística si cambian las condiciones económicas y geopolíticas. Algo similar pasa con países de Centroamérica como Guatemala, El Salvador y Honduras. Por ello, como destino de clima cálido no podremos depender exclusivamente del modelo tradicional de "sol y playa", la imagen de marca que hemos usufructuado durante las últimas décadas. El objetivo es evolucionar hacia un destino multidimensional y único que provoque visitas repetidas de los turistas.
Esa es una de nuestras principales tareas estratégicas para la próxima década. Nuestro liderazgo regional actual está amenazado porque los atributos de nuestro producto turístico son relativamente fáciles de replicar por otros destinos de la región mediante nuevas inversiones. Lo más difícil de imitar es aquello que surge de la geografía, la historia, la cultura y la identidad nacional. El país posee una riqueza de atractivos en esos renglones que, en muchos casos, siguen siendo poco conocidos por el visitante internacional y que podrían constituir una buena parte de una segunda generación de nuestra oferta turística. La otra gran parte será aquello que podamos inventar –en esos y otros renglones– para que nuestro destino sea único y podamos diferenciarnos exitosamente de la competencia.
La innovación turística es la clave complementaria de la transformación que requeriría la tarea de crear un destino único. Esta consiste en “crear, adaptar o mejorar productos, servicios, procesos, modelos de negocio o experiencias en turismo para generar mas valor para el visitante, la comunidad y la empresa. No es solo tecnología. Innova quien resuelve un problema del viajero de forma nueva y lo hace rentable y sostenible.” Las formas nuevas son los ingredientes necesarios para la diferenciación del producto turístico.
En mayor o menor medida, todos los renglones de activos turísticos reseñados en la gráfica adjunta están siendo explotados actualmente por nuestro sector turístico. Uno de los activos menos valorados es precisamente la red de ríos y balnearios. Con excepción de Cuba, ningún otro pais insular del Caribe posee una oferta comparable en ese renglón. Si esos espacios se acondicionan con infraestructura ligera, senderos, centros de interpretación, seguridad, gastronomía local y programas de conservación ambiental, podrían convertirse en un componente diferenciador del turismo dominicano. Asimismo, la combinación de montañas, cultura, música, gastronomía, biodiversidad y patrimonio histórico permitiría posicionar al país como el destino más diverso del Caribe, un concepto mucho más sólido que competir únicamente por playas o precios hoteleros. Por otro lado, los activos turísticos identificados en la gráfica podrían servir de plataformas para la innovación turística, cuestión de que algunas de las intervenciones no repliquen lo hecho por otros destinos. Lo deseable es que el resultado consista en invenciones de nuevas experiencias y productos.

Por consiguiente, una estrategia nacional de transformación turística podría proponerse como parte de la Estrategia Nacional Meta 2036. Sus objetivos estratégicos serian: 1) que ningún turista permanezca toda su estancia únicamente en un resort; 2) que cada provincia ofrezca al menos un producto turístico distintivo de calidad internacional; 3) que aumente la duración promedio de la estancia y el gasto por visitante; y que 4) una mayor proporción del ingreso turístico llegue a las comunidades del interior. Será necesario elaborar un plan integral para cada uno de estos objetivos, pero lo más desafiante de ese plan, dado la libertad de empresa con que operan los agentes económicos del sector, será conseguir que las cadenas hoteleras y turoperadores adopten, total o parcialmente, esos objetivos. Por supuesto, su actuación es complementaria a la estatal, pero sin ellos cualquier tipo de innovación quedaría trunca. Buenos ejemplos de tales innovaciones de los agentes privados son el “todo incluido”, Airbnb y el “timesharing”.
Un análisis internacional sobre la actuación de los privados advierte que “la innovación no es tal hasta tanto tenga efecto en la experiencia del turista. No basta con generar y apropiar conocimiento: las empresas tienen la necesidad de generar cambios, incrementales o disruptivos. La demanda es por una nueva economía experiencial, los cambios en el perfil tradicional del turista, la mayor información con la que cuenta y la necesidad de competir de manera unificada, no como industria separadas sino como destinos turísticos que resaltan la necesidad de estudiar el tema. La información que se recopila ahora en internet, antes que una amenaza, es una oportunidad para ajustar el servicio y la experiencia a las necesidades del turista, puede disminuir la incertidumbre al momento de innovar.”
Por su parte, la gestión pública del sector está llamada a transformarse en función de las pautas y necesidades de la innovación. Los retos principales que con claves seguirán siendo la calidad, la sostenibilidad y diversificación, pero será clave la manera en que estos retos se aborden a través de innovaciones que exhiban tres cualidades: experiencia memorable, tecnología y sostenibilidad. Un teleférico al Pico Duarte y una selección de áreas protegidas dotadas de buena infraestructura mejorarían nuestro producto turístico. Sin embargo, tales intervenciones no serian innovaciones propiamente dichas porque imitarían lo que otros destinos han hecho. La gestión pública esta retada a encontrar nuevos bienes y servicios que magnifiquen su impacto en la competitividad del sector. Por ejemplo, MITUR ha sorprendido con una herramienta de inteligencia artificial para facilitarle a los potenciales turistas su viaje a nuestro destino. Las compuertas para la innovación así quedo abierta.
En definitiva, se requiere bifurcar la gran tarea de desarrollo estratégico entre la copia de ofertas existentes en otros países y la creación de experiencia y productos nuevos generados por la innovación. La estrategia turística nacional debería pasar de vender exclusivamente un destino de sol y playa para el mercado de masas a promover una propuesta mucho más amplia: un país donde el visitante puede disfrutar, en un mismo viaje, del mar, la montaña, los ríos, la historia, la música, la gastronomía, la naturaleza y experiencias auténticas con las comunidades locales. Esa diversificación no solo fortalecería la competitividad frente a la creciente competencia regional, sino que también distribuiría mejor los beneficios del turismo entre las distintas provincias del país.
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