En 2016, el municipio de Puerto Plata llevaba una economía esencialmente orientada al consumo cotidiano y a los servicios. La Cámara de Comercio y Producción inventarió 5,258 establecimientos, de los cuales 3,156 pertenecían al sector servicios. La vida comercial de la ciudad se construía sobre colmados (873), cafeterías (331), bancas de apuestas (613), tiendas de ropas (239), restaurantes (60), comedores y negocios familiares que sostenían el día a día de la población. El turismo estaba presente, pero no dominaba de la manera en que lo hace ahora.
Diez años después, el escenario es diferente. No se ha actualizado el inventario, pero utilizando la IA para cruzar datos del Banco Central, la DGII, la ONE, la TSS y los permisos municipales tenemos que se pasó de 3,350 empresas formales empleadoras en 2020 a 4,581 en 2025: un incremento de 1,231 negocios, equivalente a 36.7%. El crecimiento no fue uniforme: 9.8% en 2021, 1.5% en 2022, 8.6% en 2023, 8.1% en 2024 y 4.7% en 2025. Es una transformación visible en el turismo, la construcción y el mercado inmobiliario, que han desplazado el centro de gravedad de la economía local.
Hay nuevos negocios, pero también otros han cerrado. En 2025, la tasa de apertura de empresas fue de 10.6%, pero la de cierres alcanzó 21.4%, cifra casi idéntica a la de 2024. Esto no significa que uno de cada cinco negocios haya desaparecido definitivamente, pero revela que mientras surgen empresas vinculadas a proyectos turísticos, residenciales y de servicios especializados, también se reduce la operación o cierran las actividades de pequeños comercios, talleres y establecimientos familiares.
El colmado continúa existiendo; también la cafetería, la barbería, el salón de belleza, el taller, la farmacia y el pequeño restaurante. Pero alrededor de esa organización tradicional está creciendo otra economía vinculada a la construcción, administración de propiedades, alquileres, intermediación inmobiliaria, arquitectura, ingeniería, servicios legales, mantenimiento, seguridad, transporte y actividades vinculadas al visitante.
El boom inmobiliario está produciendo una reconversión empresarial, y negocios que antes atendían principalmente al residente ahora buscan al visitante. Iniciativas como Punta Bergantín y otros tantos proyectos residenciales redefinen qué y para quién se construye. El turismo ahora demanda transporte, mantenimiento, administración de propiedades, restaurantes y servicios especializados.
La población, entretanto, no ha crecido al mismo ritmo que la actividad económica. El municipio tenía 158,756 habitantes en el dato poblacional utilizado por el perfil municipal de 2016, basado en el Censo 2010, y registró 162,093 habitantes en el Censo 2022. Es decir, el aumento fue relativamente poco frente a la expansión empresarial formal observada posteriormente.
Eso puede significar que el crecimiento económico de Puerto Plata está siendo impulsado fundamentalmente por factores externos: turistas, propietarios de segundas residencias, inversionistas, construcción, alquileres de corta duración y nuevos capitales.
Puerto Plata se encuentra, pues, en una transición y ante esa realidad surgen algunas preguntas: ¿quiénes se benefician del cambio? ¿cuántas de las nuevas empresas pertenecen a puertoplateños? ¿cuántos empleos son ocupados por residentes? ¿qué proporción de la inversión se queda en la ciudad mediante proveedores locales? ¿pueden los negocios tradicionales asumir los nuevos costos de alquiler y operación?
Para dar respuestas a las interrogantes hace falta cruzar los registros de la Cámara de Comercio y Producción con los de los organismos gubernamentales para identificar cuáles negocios de 2016 permanecen activos, cuáles cerraron, cuáles cambiaron de propietario o actividad y cuáles fueron sustituidos por nuevas empresas.
Puerto Plata vive hoy una doble realidad: una economía que crece en volumen, inversión y proyección, y un sector poblacional que observa el cambio de su ciudad sin ser parte de esa nueva prosperidad.
Para que la transformación beneficie a la mayoría de los habitantes es necesario que el nuevo ciclo se traduzca en empleos estables, mejores ingresos, proveedores locales, oportunidades para empresarios puertoplateños y que la población residente tenga una mayor participación en la riqueza que generan el turismo, la construcción y el mercado inmobiliario.
De lo contrario, la ciudad podría terminar con más edificios, más apartamentos, más hoteles y más empresas, pero con una economía cada vez menos vinculada a quienes viven permanentemente en ella.
No podemos detener el progreso, sino asegurar que nadie se quede atrás. La verdadera medida del éxito de Puerto Plata será la capacidad de convertir este auge en bienestar compartido: que los que lleguen encuentren aquí calidad de vida, y los que ya están no tengan que marcharse para encontrarla.
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