Durante los últimos años, buena parte de la conversación empresarial sobre inteligencia artificial se ha concentrado en la tecnología: qué herramientas adoptar, dónde automatizar, cómo establecer mecanismos de gobernanza y qué procesos pueden transformarse. Todas estas preguntas son importantes. Sin embargo, a medida que las organizaciones avanzan de la experimentación hacia una adopción más profunda de la inteligencia artificial, comienza a hacerse evidente otro factor que puede determinar el éxito o fracaso de esa transformación: la confianza.

La tecnología puede habilitar el cambio, pero son las personas quienes finalmente lo hacen posible. A diferencia de otras transformaciones tecnológicas, la inteligencia artificial difícilmente puede implementarse únicamente mediante decisiones tomadas desde la alta dirección. Su verdadero valor aparece cuando los colaboradores experimentan con nuevas formas de trabajar, identifican oportunidades, rediseñan procesos y aprenden continuamente cómo integrar estas herramientas a sus responsabilidades cotidianas.

Esto cambia de manera importante la relación entre las organizaciones y sus equipos. Adoptar inteligencia artificial implica pedirles a las personas que modifiquen procesos que conocen, desarrollen nuevas capacidades y, en algunos casos, reconsideren incluso la naturaleza de sus funciones. Para hacerlo necesitan entender hacia dónde se dirige la organización, qué significará la transformación para ellos y, sobre todo, confiar en quienes están liderando ese proceso.

Los datos comienzan a mostrar la importancia de este factor. Una reciente encuesta de McKinsey sobre preparación para la inteligencia artificial identifica la confianza en la organización y en sus líderes como uno de los principales indicadores de disposición para utilizar estas tecnologías. Las organizaciones con mayores niveles de confianza también reportan una mayor captura de valor empresarial a partir de sus iniciativas de IA.

Esto resulta especialmente relevante porque la transformación genera inquietudes legítimas. Aproximadamente uno de cada cinco encuestados, independientemente de su nivel dentro de la organización, afirma sentir ansiedad frente a los cambios laborales relacionados con la inteligencia artificial. Entre los gerentes medios, la proporción aumenta a uno de cada cuatro.

La respuesta del liderazgo no debería ser intentar eliminar toda incertidumbre. En una transformación que avanza con tanta rapidez, prometer que conocemos exactamente cómo serán los empleos, las estructuras o los procesos dentro de algunos años puede terminar debilitando la credibilidad. La confianza no surge de ofrecer certezas que posiblemente no podamos garantizar, sino de comunicar con transparencia lo que sabemos, reconocer lo que todavía desconocemos y explicar con claridad cómo se tomarán las decisiones.

En ese sentido, la transformación con inteligencia artificial exige una forma de liderazgo más cercana. Los ejecutivos necesitan comprender cómo el cambio está siendo experimentado dentro de la organización. Conversar directamente con los equipos, escuchar a los gerentes medios y observar cómo las nuevas herramientas están modificando el trabajo cotidiano puede revelar información que difícilmente aparece en un tablero de indicadores.

Pero escuchar no es suficiente. La confianza también se demuestra mediante la inversión en las personas. Los colaboradores entienden que sus funciones probablemente evolucionarán y no necesariamente esperan que todo permanezca igual. Lo que sí necesitan percibir es un compromiso real de la organización con su capacidad para desarrollarse y encontrar un lugar dentro del nuevo modelo de trabajo.

Por eso, la formación en inteligencia artificial no debería limitarse a cursos aislados. Las organizaciones necesitan desarrollar capacidades de manera continua, permitiendo que las personas experimenten, aprendan durante el trabajo, reciban acompañamiento y desarrollen competencias específicas según la evolución de sus funciones. El objetivo debería ser construir una base común de conocimiento sobre las oportunidades y limitaciones de la IA y, desde allí, profundizar las capacidades que cada rol requiere.

Esta reflexión es particularmente pertinente para República Dominicana. A medida que nuestras empresas incorporen inteligencia artificial para elevar su productividad y competitividad, la discusión no debería limitarse a qué tecnología adoptar. También debemos preguntarnos qué tipo de organizaciones queremos construir alrededor de ella y cómo prepararemos al talento para participar activamente en esa transformación.

Las organizaciones que logren avanzar serán aquellas capaces de combinar ambición tecnológica con liderazgo humano. Tendrán una dirección clara, pero también capacidad para escuchar; invertirán en nuevas herramientas, pero al mismo tiempo en las personas que deberán utilizarlas; y reconocerán que transformar una empresa no consiste únicamente en cambiar sus sistemas, sino en lograr que quienes forman parte de ella quieran construir, aprender y avanzar hacia una nueva forma de trabajar.

Porque, al final, la inteligencia artificial puede acelerar una transformación. La confianza es lo que permite sostenerla.

Antonio Novas

Director de McKinsey RD

Antonio Novas es Socio y manager de Oficina de McKinsey en República Dominicana. Antonio se incorporó a McKinsey en la oficina de Madrid y trabajó durante casi 10 años al servicio de las telecomunicaciones y la tecnología en Europa, América Latina y Oriente Medio. En 2011, Antonio se unió a la oficina de Sao Paulo y regresó a Madrid en septiembre de 2015. Abrió la oficina de Santo Domingo en marzo de 2020 y es el socio líder para el Caribe y RD. Miembro del grupo de liderazgo de la Práctica de Telecomunicaciones y prácticas bancarias en las Américas. sirviendo a clientes en Brasil, Colombia, México, España y República Dominicana. Antonio es Ingeniero Civil, egresado de la Universidad Politécnica de Madrid (España), tiene un diplomado Internacional en Ingeniería Civil del Imperial College of Science and Technology de Londres (U.K.) y un Master of Business Administration de Columbia University – Graduate School of Business ( Estados Unidos). Habla español y portugués con fluidez.

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