La siesta es esa dormidita o dormidota, según el tiempo invertido, que nos damos generalmente después de comer. La siesta no la inventaron los españoles como muchos creen porque en ese país más que una costumbre es ya un monumento nacional y aun estando desde hace años en la Unión Europea con el cambio de rutinas en los trabajos, las prisas cotidianas y los vaivenes que esa vida conlleva, muchos, muchísimos, la siguen practicando como si de un precepto religioso se tratara.

La siesta pues no la inventaron los «olé» ibéricos sino los antiguos romanos que en eso de saber vivir bien eran unos doctos señores disfrutando de los baños y masajes relajantes, las bacanales con sus correspondientes vomitonas para seguir comiendo, las orgías sin fin, las carreras de cuadrigas, los circos con sus leones comedores de cristianos convencidos, y gladiadores matándose el uno al otro como era debido, claro está que debían ser los romanos ricos, pues la plebe, la gleba, y los esclavos, no tenían tiempo ni recursos para esas gollerías.

La palabra siesta viene del latín sexta, que era la hora en que solía hacerse después de la comida, las doce nuestras de ahora, y en la que el sol pica más que una avispa enfadada o uno de a pie con puros económicos. Hay que señalar que antes la gente al mediodía ya llevaba seis o más horas trabajando y dormir un rato era un acto casi necesario para poder continuar otras tantas más.

La siesta se practica mucho a nivel general en los países meridionales de Europa: Portugal, España, Cataluña, Italia, Grecia, y aún más en sus zonas sureñas de veranos tan calurosos que llegan a alcanzar los 40 y 44 grados Celsius.

Segar, recoger fruta o poner ladrillos a esas temperaturas llega a ser peligroso e incluso mortal, tal vez muchos no saben que miles de personas fallecen cada año por los llamados golpes de calor, en España en el pasado 2025 fallecieron unas 5.500, cuatro veces más que en accidentes de tránsito que fueron 1.119, un fenómeno que hasta hace poco no se le había dado la debida importancia.

Pero la siesta no es exclusiva de los países ya citados, también la toman en mayor o menor escala en otros muchos: Portugal, Francia, Alemania, Grecia, Inglaterra o Estados Unidos. En nuestra República Dominicana es una «pava» o «pavita», palabra suave, sugestiva, dormilona, que invita a echarse no una sino media docena de ellas. ¡Y lo ricas que son y lo bien que caen! Mejor que un elegante traje de Armani.

Como ahora todo se pondera, podemos clasificar las siestas en micro, cortas, siestecillas, siestas y siestonas o siestazas. En general todas las siestas son buenas. Las microsiestas de 5 o 10 minutos que se echan en el sillón de la oficina –riesgosas– hasta que nos despierta el jefe: ¡Rodríguez, la próxima vez que lo pille durmiendo va a la calle! Las cortas son de media horita, muy saludables, los médicos dicen que mejoran la actividad cerebral y los nervios porque nos desconectan de la agitación y el estrés. Las siestecillas son de 45 minutos, tan buenas o mejores que las de 30, nada que objetar. Las siestas propiamente dichas duran la hora completa, excelentes, fantásticas, permiten una buena recuperación de fuerzas y le dejan a uno como recién fabricado, y por último las siestazas o siestonas son las que llegan o pasan de la hora y media llegando a las dos horas, o dos y media.

Un lujo persa que no todos podemos darnos, algunos dicen que no es tan bueno dormir tanto, pero mi amigo Jesús, de Madrid, con 82 años, las practica a diario y camina y corre un paquetón de kilómetros olímpicos y filosofa con la craneoteca muy acertada.

En lo personal me encantan las siestas, sobre todo las de 60 minutos que me las fagocito cuando puedo pues siempre he tenido jornadas laborales muy largas. En publicidad, antes, ahora con tanta tecnología no sé, salir a la una, dos, o tres de la madrugada o seguir hasta el día siguiente creando campañas en la agencia, grabando cuñas o comerciales, o editando, era el pan nuestro de muchos días a la semana, por añadidura daba clases en la capital y en el interior y además cursaba otros estudios, así que las siestas han sido y son mis mejores medicinas naturales que todavía me permiten hacer diversas actividades.

Bien, es la hora de comer, después ya saben lo que voy a hacer, pero con la siestaza. Hoy es domingo y como dicen, día de guardar. Lo guardaremos por lo menos 90 minutos totalmente… o tal vez hasta los 120.

Sergio Forcadell

Publicista

Nacido en Barcelona. Catalán hasta los dientes y Publicista desde mucho antes de nacer. Candidato al Premio Nobel de la Literatura Mordaz y Pendeja.

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