En la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), que se llevó a cabo el fin de semana pasado, le preguntaron a la numerosa multitud: «¿Cuántos de ustedes querrían que se celebraran audiencias de destitución [contra Donald Trump]?». La audiencia conservadora en Texas gritó afirmativamente. «No. Esa fue la respuesta incorrecta», dijo el leal partidario de Trump que presidía el evento. «Intentémoslo de nuevo». A la tercera vez, después de que él reformuló la pregunta, ellos respondieron obedientemente. Parecía que la reunión de partidarios del movimiento MAGA podría haber sido afectada por un inglés confuso más que por un repentino giro en contra de Trump. Pero no ocurre lo mismo en el resto de EE. UU., donde se está experimentando un prolongado arrepentimiento por haber votado por Trump.

No todo el declive de Trump se debe al ataque contra Irán. Meses antes de embarcarse en su guerra de elección en el golfo Pérsico, sus índices de popularidad ya iban en picada. Irán es solo el ejemplo más reciente —aunque el más dramático— del cambio cada vez más volátil de Trump del escenario nacional al mundial, y de las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), a los ataques con misiles. Venezuela acaparó la atención durante los primeros días del año. Fue solo después de que desistió de anexar Groenlandia que Trump reforzó la armada estadounidense en el Medio Oriente.

Sería lógico suponer que los asesores de política interna de Trump deben estar extremadamente frustrados. Durante el primer mandato de Trump, la «semana de la infraestructura» se convirtió en un chiste recurrente; cada vez que la Casa Blanca la anunciaba, Trump se «autoeclipsaba» abordando algo totalmente ajeno al tema. La campaña de Trump en relación con la «asequibilidad» desempeña el mismo papel en su segundo mandato. Susie Wiles, jefa de gabinete de Trump, sigue programando eventos en los que él pueda hablar de sus planes para reducir el costo de la vida. Pero la guerra contra Irán sigue haciendo que los esfuerzos de Wiles sean en vano.

Incluso si Trump declara una victoria unilateral en el golfo, Irán seguiría teniendo más influencia que él sobre la inflación estadounidense. El 47.º presidente del país suele dar marcha atrás ante la caída de los precios de las acciones y de los bonos del Tesoro. Al igual que China descubrió el año pasado con las tierras raras, Irán ha encontrado una forma letal de estrangular los mercados mundiales. En una entrevista telefónica que me concedió el domingo, Trump insistió en que Irán ahora está dirigido por «profesionales», en comparación con quienes fallecieron en los primeros días. Pero los expertos en Irán afirman que el régimen se ha vuelto más intransigente y menos flexible en el último mes. Además, con el estrecho de Ormuz, el liderazgo iraní ha descubierto un arma que podría inducir a Trump a dar marcha atrás otra vez en las agresivas acciones con las que ha amenazado.

Ahora es habitual escuchar especulaciones sobre la posibilidad de que Trump cancele las elecciones de mitad de período estadounidenses en noviembre. Eso es casi inconcebible. Desde las primeras elecciones estadounidenses en 1789, nunca se ha cancelado una elección a nivel nacional. Cada dos años, EE. UU. ha elegido un nuevo Congreso. Este año no será la excepción. Tampoco es probable, como aconsejan algunos de los amigos de Trump del movimiento MAGA, que pueda imponer la ley marcial en docenas de distritos electorales indecisos, aunque tal vez lo intente.

Resulta fácil inventar pretextos para convencer a los fieles seguidores del movimiento MAGA, y a Elon Musk, de que los migrantes indocumentados se están robando las elecciones. Los jueces, en cambio, son otra historia. Los tribunales han emitido docenas de órdenes judiciales contra los excesos trumpianos, como el despliegue de la Guardia Nacional en estados que no han solicitado tropas y las tácticas paramilitares de ICE.

Hasta hace poco, sin embargo, Trump podía contar con que la Corte Suprema respaldara la mayor parte de su agenda. Pero la relación de Trump con el más alto tribunal de la nación se ha deteriorado desde que este anuló sus principales aranceles en febrero. Ahora parece probable que la Corte Suprema rechace su reinterpretación de la 14.ª enmienda de la Constitución estadounidense, la cual otorga la ciudadanía automática a cualquier persona nacida en el país. Si los jueces ratifican la visión convencional de que la ley de la época de la guerra civil estadounidense no solo estaba destinada a los esclavos liberados, Trump habrá sufrido un doble revés. Los aranceles y la deportación de inmigrantes constituyen dos de los cuatro pilares políticos más importantes de Trump. El tercero era evitar «guerras estúpidas y sin sentido» en el Medio Oriente.

Solo en el cuarto pilar —su guerra contra el movimiento progresista «woke»— Trump ha cumplido. Pero quizás lo haya hecho demasiado bien. En 2024, los sociólogos electorales —quienes estudian las estadísticas de las elecciones y las tendencias de voto— hablaban de un reajuste político en EE. UU. en el que la coalición MAGA de Trump incluía una base multirracial de clase trabajadora. Ya no se habla de eso. Las encuestas muestran una drástica disminución del apoyo de la clase trabajadora a Trump, particularmente entre los votantes que no son de raza blanca. Los hombres menores de 45 años de todas las razas también se han vuelto en su contra. Su inspiración, el podcastero Joe Rogan, recientemente calificó la guerra contra Irán de «locura» y dijo que los votantes de Trump se sentían «traicionados». Los independientes también se están volviendo fuertemente en su contra; dos tercios de ellos desaprueban su actuación, según una reciente encuesta de YouGov, lo que constituye el nivel más alto registrado en cualquiera de sus dos mandatos.

En su momento se pensó que Trump recurriría al aventurerismo en el extranjero solo después de una derrota en las elecciones de mitad de período de 2026. Él ha adelantado ese escenario antes de lo previsto. Su base se mantiene estable, pero se está volviendo más extremista. El apoyo del movimiento MAGA a la guerra contra Irán sigue estando por encima del 90 por ciento. Pero Trump tiene otras ideas en mente si Irán persiste en su intransigencia. Una de ellas es Cuba. «Creo que puedo hacer lo que quiera con ella», dijo recientemente. El régimen de Cuba no puede decir que no se le advirtió.

(Edward Luce. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).

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