Había leído tres novelas de autores cubanos en momentos y circunstancias de lectura diferentes,  sin establecer vinculación entre ellas. Ni siquiera había advertido la común nacionalidad de los novelistas: Cuba. Tampoco había tomado en cuenta el hecho que eran escritores de edades biológicas, épocas y tendencias literarias muy disimiles.

Mucho menos me detuve a pensar que uno de ellos era cubano-suizo, Alejo Carpentier y Valmont, autor de Los pasos perdidos (1953 ), entre otras novelas ; y dos de ellos,  oriundos de la otrora Provincia de Oriente, hasta 1976: José Soler Puig, autor de El pan dormido (1975), entre otras novelas ; y José M. Fernández Pequeño cubano-dominicano, autor de Tantas razones para odiar a Emilia (2021), entre otras novelas y libros de cuentos.

Esos datos,  en definida, podrían ser útiles en el caso de una lectura focalizada en el aspecto biográfico o desde la perspectiva sociológica, pero nunca me interesaron esas aproximaciones. Mis lecturas han sido de disfrute y exploración como lector común o como estudios literarios desde las perspectivas crítica y académica.

Fue años después, cuando ya casi ni me acordaba de las historias, los personajes y otros interesantes elementos narrativos, que, vagamente, me vino a la mente una imagen percibida en esas tres novelas: la ruptura.

Desde entonces, la ruptura es el eje de mi lectura transtextual de esas obras. Hoy me propongo rescatar esa imagen como significante vinculante de Los pasos perdidos, El pan dormido y Tantas razones para odiar a Emilia.

En su variedad de significantes y de significancias la imagen de la ruptura es una, no la única; es una importante expresión de transtextualidad e intertextualidad entre esas novelas.

Eso implica ver esas novelas en conjunto y no cada una por separado, descubriendo entre ellas una red intertextual de insospechable valor intersubjetivo,  literario y cultural.

Pero ¿Qué es ruptura?  Son incontables los hallazgos de tipo filológico, filosófico y psicológico de la palabra ruptura. Va de suyo que la palabra ruptura y la palabra rotura tienen en común este sema principal: la acción y efecto de romper o romperse. En ese sentido, todo es factible de romperse. Todo lo que es perecible.

Los dos términos se distinguen en el hecho que rotura se aplica a cosas materiales en tanto que, ruptura, atañe a lo inmaterial. Así decimos que los objetos todos se dañan, se descomponen, se rompen, mientras que ruptura puede aludir a algo inmaterial que se rompe o se destruye.

Hurgando en diferentes diccionarios hemos elaborado una matriz de los significados de esa palabra, valiéndonos, además, claro está, de su valor contextual en las novelas y, desde luego, pillando sus connotaciones en otras obras de consulta, en nuestras propias experiencias de vida y en los conocimientos lingüístico-semiótico-literarios proporcionados por nuestra formación.

De ese modo, partimos de una noción vaga, general y polisémica de esa palabra hacia la búsqueda de significancias específicas en cada una de las novelas aquí estudiadas. Falta saber a quién o a qué podrían aplicarse las acepciones de la palabra ruptura, que es el significante del que aquí nos ocupamos.

Pues, en primer lugar, a nosotros mismos, las personas. A nuestro ser y nuestra conciencia. A todo lo que espiritual y humanamente nos importa. A la vida, la fortuna, el amor, la patria, la identidad.

Para solo ilustrar ese escarceo, ruptura puede significar un trauma: algo horrible, doloroso, abrumador que se nos queda en la vida, en el recuerdo, en la conciencia.

Ruptura puede referirse también a un deseo incumplido, una meta no lograda; pérdidas, daños y perjuicios; caída,  ruina, desaparición, supresión, eliminación, erradicación. Pero también: exilio, destierro, expatriación, deportación.

Ese significante opera como modo de nombrar lo innombrable.  Cada una de las novelas nos dirá en qué consistirá la ruptura:  separación, extrañamiento, ausencia, vacío existencial, exilio, trauma y búsqueda de una identidad dislocada, perdida, añorada.

Se ponen en relación las tres novelas cubanas con base en el tópico con valor de ideologema: un malestar existencial que se cubre bajo la espesura del lenguaje; una pérdida irremediable ; recuerdos, olvidos, nostalgias, deseos incumplidos, censuras y prohibiciones; extrañamiento, exilio, expulsión material o espiritual.

Todo eso queda comprendido en la figura distópica de la ruptura. Sin embargo, hay que avanzar por guiños, según cada texto nos brinde los énfasis y la oportunidad de descubrir significantes y significancias de ruptura en sus respectivos contextos narrativos.

Solo para ambientar los motivos y los conflictos en juego, colocamos en la agenda estos picazos críticos acerca de cada una de las novelas.

El pan dormido acarrea dos tipos de rupturas: existencial y social. La novela implica la inversión de vidas taponadas, atascadas, perdidas al correr de los días y las horas en la panadería.

Al final, todo se resuelve en una catástrofe social: huelga, rompehuelgas, asalto de la multitud a la panadería, ruina, linchamiento de algunos miembros del personal y cierre del negocio.

En Los pasos perdidos, estamos ante una novela de la ruptura y la búsqueda de la memoria a través del género de un novela de viaje. Es la ruptura cósmica e identitaria de un personaje que se adentra en las selvas amazónicas y, al alejarse de su ambiente cultural, trata de aferrase al nuevo ambiente, pero se le hace imposible. Pierde el rumbo, el sentido de sí mismo y de su mundo, y esos son, los pasos perdidos.

En Tantas razones para odiar a Emilia hay un desencuentro amoroso entre tres personajes:  Emilia, Marcos y Osvaldo,  que termina en una ruptura.

Sin embargo, he ahí la ruptura principal, el conflicto central de la novela de Fernández Pequeño: la ruptura forzosa de un exiliado político con su patria, su país.

Estamos ante una novela testimonial del exilio de Osvaldo, cubano radicado y, en cierta medida,  ambientado en República Dominicana. Pero no es igual, en un país que originalmente no es el suyo, aunque sea acogedor,  será siempre un desterrado, un apátrida.

Así aparecerá, observando el comportamiento de la ruptura en conjunto, que El pan dormido se nos presenta como la novela de mayor carga de ruptura, luego Los pasos perdidos, finalmente,  Tantas razones para odiar a Emilia.

Manuel Matos Moquete

Manuel Matos Moquete. Fecha de nacimiento: 6 de abril de 1944. Lugar: Tamayo, provincia Bahoruco, República Dominicana. Profesor, escritor, investigador. Escritor-Docente-Investigador. Doctor en Literatura, Universidad París VIII, París, 1982. Especialidad: análisis del texto literario: poética, temática, fantasmática. Orientación científica: Translingüística y Análisis del Discurso. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de República Dominicana, 1992. Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Lengua, 2000. Premio Nacional de Literatura 2019.

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