Durante años, Santiago Matías, mejor conocido como Alofoke, ha construido una de las plataformas de comunicación y entretenimiento con mayor capacidad para conectar con los jóvenes dominicanos. Lo que comenzó alrededor de la música urbana terminó convirtiéndose en un fenómeno de comunicación, negocios e influencia social. Ahora Matías intenta dar un paso mucho más complejo: trasladar parte de esa influencia al terreno político.

Su proyecto Dominicanos Primero se encuentra en una etapa fundamental: la búsqueda del reconocimiento como organización política. Para ello ha iniciado jornadas de recolección de firmas y recorridos por diferentes puntos del país. Santiago de los Caballeros, El Seibo y Miches han formado parte de una ruta en la que las firmas son importantes, pero donde está ocurriendo algo quizás más interesante.

Alofoke está poniendo a prueba si su enorme capacidad de convocatoria digital puede convertirse en movilización política real.

Ahí es donde el caso comienza a resultar particularmente interesante para las ciencias políticas.

Durante décadas, el camino tradicional hacia el poder en República Dominicana estuvo estrechamente relacionado con la militancia partidaria. Había que entrar a un partido, participar en sus estructuras, construir relaciones con dirigentes, desarrollar liderazgo territorial y, después de recorrer ese largo camino, aspirar a una candidatura.

Santiago Matías intenta hacer prácticamente lo contrario.

Primero construyó una audiencia. Después convirtió esa audiencia en influencia. Ahora busca transformar esa influencia en una organización política y, eventualmente, en votos.

La pregunta parece sencilla, pero tiene enormes implicaciones: ¿un seguidor puede convertirse en elector?

No necesariamente.

Seguir una cuenta, compartir un video o participar en una transmisión requiere muy poco compromiso. Votar supone otra cosa. Y construir un partido político exige todavía más: organización territorial, dirigentes locales, estructura, recursos, disciplina, propuestas y capacidad para permanecer activo cuando las cámaras están apagadas.

Por eso resulta interesante observar las actividades de Dominicanos Primero fuera de Santo Domingo. Cuando Alofoke llega a Santiago, El Seibo o Miches no solamente está buscando firmas. También está midiendo su capacidad para sacar seguidores de las pantallas y llevarlos al espacio público.

Y parece comprender perfectamente algo que los partidos tradicionales todavía están aprendiendo: la política también se libra en el terreno de la atención.

La propia forma de presentar estos recorridos lo demuestra. Hay transmisiones en vivo, interacción directa con seguidores, desplazamientos por distintas localidades y una narrativa cercana al reality y al contenido IRL (in real life). La actividad política se convierte simultáneamente en contenido digital.

Eso permite que una persona que nunca asistiría a una reunión de un partido pueda seguir durante horas un recorrido político desde su teléfono.

No es un asunto menor.

Una generación que prácticamente vive conectada difícilmente se relacionará con la política exactamente de la misma manera que lo hicieron sus padres o sus abuelos.

Pero aquí aparece también la principal interrogante del proyecto.

La política puede convertirse en contenido, pero gobernar es mucho más que producir contenido.

Un comunicador puede dominar la conversación pública, interpretar los códigos de las redes y conectar emocionalmente con miles de personas. Sin embargo, administrar el Estado exige otras capacidades: comprender las instituciones, construir equipos técnicos, formular políticas públicas, negociar, administrar recursos y responder a problemas que no se solucionan con popularidad.

Ese será posiblemente el mayor desafío de Alofoke si su proyecto continúa creciendo.

También resulta interesante el discurso que comienza a desarrollarse alrededor de su figura. En sus recorridos aparecen constantemente palabras como juventud, cambio y rechazo a las élites políticas tradicionales. Algunas personas que se acercan a sus actividades no hablan solamente de apoyar a Santiago Matías; hablan del cansancio con “los mismos de siempre”.

Ese sentimiento tampoco es nuevo. Lo novedoso es quién está intentando capitalizarlo.

Durante mucho tiempo, las figuras que aspiraban a representar el cambio político surgían principalmente de otros movimientos políticos o sociales. Ahora podría ocurrir que una figura construida desde YouTube, las redes sociales, la música urbana y el entretenimiento intente convertirse en representante de ese descontento.

Pero existe una diferencia enorme entre representar el descontento y construir una alternativa.

Decir que las cosas deben cambiar es relativamente fácil. Explicar qué cambiar, cómo hacerlo, cuánto costará y cuáles serán las prioridades de un eventual gobierno es bastante más difícil.

Ahí llegará otra prueba para Dominicanos Primero. En algún momento tendrá que pasar de la identificación emocional con una figura a las propuestas concretas sobre educación, empleo, seguridad, salud, economía, migración, institucionalidad y todos los problemas que forman parte de la administración del Estado.

Por ahora, Santiago Matías está haciendo algo distinto: recorriendo territorios, buscando firmas y comprobando si detrás de los números gigantescos de las redes existen personas dispuestas a involucrarse políticamente.

Todavía es demasiado temprano para saber hasta dónde llegará.

También sería prematuro concluir que estamos frente al próximo gran fenómeno electoral dominicano. Las redes sociales pueden crear una percepción de mayoría que no siempre se corresponde con el comportamiento de las urnas.

Pero sería igualmente equivocado reducir todo esto a una ocurrencia de un influencer.

El caso de Alofoke puede estar mostrando algo más profundo sobre nuestra democracia: las formas tradicionales de construir liderazgo político están cambiando.

Santiago Matías intenta realizar una conversión que ningún algoritmo puede garantizar: transformar seguidores en ciudadanos movilizados, ciudadanos movilizados en organización y organización en votos.

Si lo logra, habrá demostrado que las comunidades digitales pueden convertirse en fuerzas políticas reales.

Si no lo logra, su experiencia también dejará una enseñanza.

Porque quizás la pregunta más importante no sea si Alofoke puede llegar al poder, sino otra mucho más interesante: ¿estamos entrando en una etapa en la que un teléfono celular puede convertirse en la puerta de entrada a la política dominicana?

EN ESTA NOTA

Anthony Almonte Minaya

Historiador, Educador, Politólogo

Anthony Almonte Minaya, de nacionalidad dominicana, es un destacado profesional con una sólida formación académica y una amplia trayectoria en diversas áreas. Sus credenciales incluyen: Maestría en Historia Dominicana de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Licenciatura en Educación con mención en Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Licenciatura en Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Fue encargado del Departamento de Ciencias Sociales y profesor en el Colegio de La Salle en Santiago. Miembro de Ateneo Amantes De La Luz Miembro de la comisión de Efemérides Patria de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Recinto Santiago.

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